Asier Etxeandia: 'La historia de Pedro Almodóvar también es la tuya'

Tras 'Velvet', el actor vasco toma órdenes de Almodóvar en 'Dolor y gloria', la película más íntima del director manchego.

Asier Etxeandía: "La historia de Pedro Almodóvar también es la tuya"
Asier Etxeandia, en un momento del rodaje de 'Dolor y gloria'.

Asier Etxeandia hojea una revista. Se revuelve el pelo y la cierra. Penélope Cruz, con peluca rubia, observa sobre su hombro. Etxeandia gira en la silla de oficina roja, frena contra el borde de la mesa y recorre con la vista la habitación. La pared a su espalda es un puzle de imágenes enmarcadas y en las estanterías se amontonan novelas, libros de fotografía –Helmut Newton se inclina sobre unos archivadores– y estatuillas de menos de veinte centímetros. En un lateral, a una escultura dorada se le deforma la sonrisa. Es la careta teatral diseñada en 1955 por Mitzi Cunliffe para la Academia Británica de Cine y Televisión. Un Bafta.

"Aquí, aquí, junto a la ventana, me hizo la última prueba Almodóvar". Tuvo que pasar varias, siete u ocho, para llegar a esta habitación de sillones rojos del centro de Madrid. Cree que este no acababa de verlo en el papel. Habían coincidido a través de la cámara hacía algo más de diez años, pero la escena que Etxeandia grabó para Los abrazos rotos no llegó al montaje final. Eva Leira y Yolanda Serrano, las directoras de casting, se encargaron esta vez de colar un vídeo del vasco entre las audiciones pendientes. El actor ahora se sienta en la silla del despacho del director. Aún repasa la habitación con los ojos. "¿Impresionante? Esto es más que impresionante. Esto es historia del cine. Y la historia de Almodóvar también es la tuya, la tuya como espectador".

De trabajar con Etxeandia ha escrito el cineasta que ha sido "una sorpresa y un descubrimiento". En Dolor y gloria interpreta a Alberto Crespo, el actor al que el director de cine Salvador Mallo, encarnado por Antonio Banderas, regresa tras la enemistad que prosiguió a un éxito conjunto. Le propone que presenten en pareja la reedición de la película que los encumbró. Él vive ahora a las afueras de Madrid, vestido con chaquetas de cuero, ensartado en anillos de plata y enganchado a la heroína y el té. Cuando descubre en casa de Mallo un texto sobre la infancia y la adicción, abandona las drogas. El filme, que trenza el miedo, el sufrimiento y la relación materna, se cuaja de referencias que juguetean con la biografía, la carrera y la estética almodovarianas. Cierra, explica el manchego, la trilogía espontánea iniciada con La ley del deseo y La mala educación.

Material de trabajo

Etxeandia procuró escapar de referentes. Su personaje tiene "demasiados vértices. Es de una grandísima fortaleza. Salvador es un yonqui que pasa los monos trabajando". Almodóvar le puso a Truman Capote en las manos. Echarle un ojo a Música para camaleones y Desayuno en Tiffany’s le vendría bien. Podía aprender algo de Holly Golightly. En su personaje también vivía la inmadurez del capricho. En el actor resiste el niño. De pequeño, cuenta, los profesores y curas de su colegio se reían de él. No entendían sus juegos. "Sacaba muchos Insuficientes. Me mandaban a psicólogos porque lo suspendía todo. Se metían conmigo por mi imaginación. Luego me he dado cuenta de que eso es el material con el que trabajo. Todo lo que hago está en todo lo que pasé de niño". Y lo que hace son series, cine, teatro, canciones y videoclips. Aquella imaginación había quedado almacenada en algún recipiente tan gigante como el nombre de su grupo. Mastodonte.

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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