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¿La distancia de seguridad exacta? La que digan los erizos

"La parábola", escribe Laura Ferrero, "contaba que un día muy frío, un grupo de erizos sintió una gran necesidad de calor. Fue por ello que se buscaron los unos a los otros, juntándose, pero cuanto más se acercaban, más dolor les causaban las púas del erizo vecino".

erizo encabezado
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Era casi un juego de infancia: si te acercabas demasiado al televisor resultaba imposible ver nada. Apenas manchas, colores, píxeles de realidad descontextualizada. Si, por el contrario, te alejabas demasiado, no llegabas a distinguir más que miniaturas, formas inconexas. Lo que aprendí fue la importancia de aprender a manejar –y no únicamente frente al televisor– las distancias. Las literales, las concretas, pero especialmente las otras: las metafóricas.

Mucho antes de que Christina Rosenvinge cantara a lo difícil de guardar la distancia adecuada, el filósofo alemán Arthur Schopenhauer aludió, en el dilema del erizo, que data de 1851, a la imposibilidad de encontrar la distancia óptima. La parábola contaba que un día muy frío, un grupo de erizos sintió una gran necesidad de calor. Fue por ello que se buscaron los unos a los otros, juntándose, pero cuanto más se acercaban, más dolor les causaban las púas del erizo vecino. Si hacían la operación contraria, si se dispersaban, volvían a sentir un frío helador. Desde entonces se vieron obligados a ir cambiando, acercándose, volviéndose a separar, deseando al fin encontrar la distancia adecuada.

“Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos”.

En 2020 hemos avanzado en infinidad de materias: hemos sido capaces de crear carne sintética, empiezan a ver la luz a vacunas personalizadas contra el cáncer e incluso se están probando drones espía en forma de escarabajo volador pero, sin embargo, seguimos sin solucionar algunos temas fundamentales relacionados con las distancias, pero no solo con las de seguridad, que oscilan de metro y medio a dos metros, sino con las otras.

Luis Cernuda escribió unas líneas con respecto a la teoría de los erizos, que luego utilizaría Nacho Vegas en una canción: “Como los erizos, ya sabéis, los hombres un día sintieron su frío. Y quisieron compartirlo. Entonces inventaron el amor. El resultado fue, ya sabéis, como en los erizos”. Para Cernuda, esa necesidad de calor es, en realidad, necesidad de compartir el frío entre varias personas, es decir, el amor. Así, en la experiencia amorosa, las espinas son los recuerdos del olvido: de esta manera el amante recuerda el olvido del amado.

Han pasado casi doscientos años desde esta inocente fábula. Nos gusta pensarnos así, encerrados en una parábola, sin acordarnos de que nosotros tenemos una herramienta poderosa, las palabras, y que podemos decir “quédate” o “no tan cerca” o incluso “no te vayas”. Pero resulta tan difícil, ¿verdad?

Esta columna de opinión apareció publicada de forma original en el número de julio de la revista Marie Claire.

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