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Entrevista

Espías y amor: la novela que leerás de un tirón en Semana Santa se llama 'El heredero'

Una cabaña en Gredos, manejo de Excel, amores y espías en un caserón y amigos con 150.000 seguidores en Instagram. Tiempo medio de cocción de 'El heredero': para Rafael Tarradas Bultó, dos años y medio.

Rafael Tarradas Bultó, fotografiado por Gema López en el Café Gijón
Rafael Tarradas Bultó, fotografiado por Gema López en el Café Gijón

Era malísimo en matemáticas. ¿Las tablas de multiplicar? Me dices seis por siete y estoy tres segundos pensando. Pero escribir se me daba bien. Eso se juntó con que me gusta la Historia del siglo XX y con que hablaba con mis primos y veía que olvidaban de anécdotas familiares. Y, por otra parte, me compré una cabañita en Gredos a la que me iba el fin de semana. Veía una peli, leía un rato y a las diez me ponía a pasar a papel las historias de casa. Enseguida no las escribía como un informe. Rellenaba los huecos con ficción. El ochenta por ciento lo es.

el heredero
Ed. Espasa

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Tras dos años y medio, salió esto. Fue un poco lento porque mí me molesta muchísimo la desinformación. Si escribía “se ha ido en tren a San Remo”, miraba si en aquella época había tren y cuánto costaba el billete. Por eso tardé. Y porque, además, nadie me esperaba. Pero en casa están todos encantados. No cuento nada dañino y todos entienden que es ficción. Aparecen grandes villanos en la novela porque era una época muy dura, pero hay buenas personas en ambos bandos. Mi familia es una piña y está encantada. Se está vendiendo mucho el libro, pero creo que la mitad es a ellos, que tiene tres ejemplares cada uno. Algunos de antes, de cuando se llamaba Al final del camino… la paz y solo estaba autoeditado en Amazon. Cuando hube acabado de escribir, hablé con una imprenta de Valencia y saqué algunos ejemplares. Los regalé a mi familia, pero somos tantos que me iba a salir por un dineral. Decidí colgarlo en Amazon para que lo descargaran. Al octavo día me mandaron el informe: se habían vendido más de 500. Eso ya no era mi familia. Alguien de Planeta se puso en contacto conmigo por Instagram. Preguntó si quería trabajar con una editorial, respondí que sí y contestó que le mandara el libro. Me dio pena. Pensaba que se lo había leído. En 24 horas ya lo había hecho y me había mandado una oferta. Al quinto día de la publicación, salió la segunda edición. Y sí que es importante tener amigos como los míos. Yo agradezco por igual al que cuelga mi libro en Instagram con 100 seguidores que a Casilda Finat, con 150.000. Aparece en los agradecimientos. Ella se volcó. Hasta montó un club de lectura.

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Con que esté gustando a tantos solo estoy encantado. Tenemos complejos con las cosas comerciales. Yo siempre digo sin vergüenza que me encanta Ken Follet. ¿Me tiene que gustar un escritor uruguayo que nadie conoce? Fíjate en las modas. Hoy va todo el mundo de azul. ¿Es acaso peor? Tampoco es que me vaya a dedicar ahora solo a escribir. Tengo un restaurante y trabajo en comunicación. En El heredero organicé los personajes con un Excel y la Guerra Civil solo es el trasfondo para historias de espías, aventuras, traiciones. Y de amor. De amor en todas sus formas. La que sucede entre miembros de dos clases sociales es muy injusta: ella entra en su casa con siete años como parte del servicio porque no puede ir a otro sitio. La desigualdad es total. Esto ya no se da. Tú ahora sales con el duque de Alba y cuando acaba la cena también tienes una casa con calefacción. Yo creo, y esto ya lo creía antes, que el amor es entrega y tolerancia”.

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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