Entrevista

Valeria Luiselli, autora de 'Desierto sonoro': "La buena literatura no moraliza"

Un matrimonio documenta una ciudad a través de sus sonidos y un grupo de niños atraviesan la frontera con Estados Unidos. En 'Desierto sonoro', las carreteras hablan.

La escritora mexicana Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983) en la Gran Vía madrileña. Foto: Gema López.

¿The book with no pictures o with no words? Lo repite en voz baja, pendiente de si se encadenan con naturalidad las palabras. No recuerda el nombre del libro que este año ha regalado a sus amigos con hijos. Valeria Luiselli está cansada. Acaba de llegar de Barcelona tras pasar por Italia. En unas horas, tras abandonar su hotel de la Gran Vía, intervendrá en un festival de literatura en Segovia. No pictures? No words? Luiselli se rinde. “Chequéalo”.

En inglés leyó y escribió por primera vez, pero su obra, hasta ahora, había nacido en español. Desierto sonoro rompe la norma. Los protagonistas, un matrimonio de documentalistas con hijos pequeños y un grupo de niños que atraviesa la frontera entre México y Estados Unidos, se estrenaron en inglés. El vértigo, dice, siempre se abre frente a la lengua. Cualquiera.

Ed. Sexto Piso
Los protagonistas no tienen nombres propios. ¿Por qué?

Como las descripciones físicas, de alguna manera inmovilizan la identidad. Sobre todo, en Estados Unidos, con un discurso identitario tan rígido. Si nombras a un personaje, se puede relacionar con un grupo social o étnico. Asfixia la posibilidad de una duda por parte del lector sobre cuánto trae él, o ella, de sus prejuicios.

En España, se debate sobre las palabras migrante, inmigrante y emigrante, como si los prefijos arrastraran una connotación negativa.

Ninguna es incorrecta. Contra la que me pronuncio siempre es “ilegal”, que se usa menos aquí. En Estados Unidos se refieren a las personas indocumentadas como ilegales. Es de una enorme violencia. Invalida al otro como persona.

Parte de la novela surge de tu voluntariado con los niños mexicanos que habían cruzado la frontera sin documentos.

El gobierno de Obama había reducido el número de días disponibles para encontrar un abogado que los defendiese de la deportación y se necesitaban voluntarios para traducir los testimonios. Redujo el plazo de un año a veinte días.

No es el primero de tus libros con mensaje político. ¿Debe la literatura ser instrumento?

Utilizar una novela conscientemente como un instrumento político casi siempre la convierte en un mamotreto ilegible. La buena literatura no moraliza, sino complejiza. Plantea, no da enseñanzas. La reconvertí en Los niños perdidos, un ensayo breve. Una novela es una indagación en el alma humana.

¿Es el trato a los niños un termómetro de fenómenos mayores, un espejo social?

Por supuesto. Y ellos son también parte del debate cultural, no viven en una realidad paralela. Creo en la necesidad de conversar con ellos y esta novela es una sobre cómo les legamos una historia que luego ellos rearticulan, quizá con más claridad y lucidez que nosotros. Es una novela sobre la imaginación infantil como un dique contra la violencia del mundo adulto.

Pium, pium

Si tu avión cayera en mitad del océano, ¿qué libro querrías poder rescatar de tu equipaje de mano?

Uno sin trama, que se pueda releer. Uno de aforismos. Leer en bucle es el infierno.

 

¿El último libro con el que llegaste leyendo hasta la madrugada?

When death takes something from you, give it back, de Naja Marie Aidt

 

¿El libro más regalado en último año?

El libro sin dibujos, de B. J. Novak.

 

¿Ebook o papel?

Absolutamente papel. Jamás he leído un libro electrónicamente ni lo leeré.

 

¿Un clásico que has tenido que dejar a la mitad porque no encajaba contigo?

Guerra y paz, de León Tolstói.

 

¿Con la obra de qué autor empapelarías la ciudad para que todos la conocieran?

Con Clarice Lispector. Todos sus cuentos.

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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