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Este libro es el '¡Hola!' de la literatura española

El tiempo pone a cada uno en su lugar. Y en 'Confesiones de una editora poco mentirosa' (Ed. Lumen), Esther Tusquets, también. La editora de los nombres más luminosos de la literatura del siglo XX ajusta cuentas en sus memorias.

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En la cubierta de 'Confesiones de una editora poco mentirosa', la editora Esther Tusquets charla con el escritor Miguel Delibes. Ed. Lumen.

A Esther Tusquets le pirraba la literatura. De niña no soltaba los libros, cuenta en Confesiones de una editora poco mentirosa, ni para contestar al teléfono. Frente a la mayoría de edad, con el colegio finalizado, Tusquets se matriculó en la universidad. Quería estudiar Filosofía y Letras. Pero no se especializó en Literatura. Prefirió inscribirse en la especialización de Historia. No le “interesaba llegar a ser profesora de literatura, crítica literaria, sesuda hispanista”. Trabajar para una editorial no se encontraba en su lista de metas. Las letras y los libros debían continuar configurados como placer.

Pero se transformaron en trabajo. Fue cosa de su padre. Un día a la hora de comer, cuenta Tusquets, Magín llegó a casa con noticias para la familia. Acababa de comprarle a su hermano la pequeña editorial que dirigía. La transacción había sido discreta. La compra había resultado barata. Solo producían libros de texto de religión y el superventas de un sacerdote que aspiraba a demostrar, a través de la ciencia, la existencia de Dios. La editorial era, en palabras de Tusquets, “franquista y piadosa”. Ella la puso del revés. Le sacó las costuras hasta convertirla en uno de los principales diques culturales contra el totalitarismo. La regla para mandar libros a la imprenta solo era una: que a ella y a su familia les gustaran.

La escritora Ana María Matute, autora de 'Olvidado rey Gudú' y amiga de Esther Tusquets.
La escritora Ana María Matute, autora de 'Olvidado rey Gudú', firma de Lumen y amiga de Esther Tusquets.

Gustaron a ellos y a los lectores. Y a los escritores. En las 212 páginas que escribió animada por su hija, la escritora Milena Busquets, Esther Tusquets rememora las plumas que prestaron su firma a Lumen. La primera, señala, fue Ana María Matute. La editora quería comenzar su camino a las librerías con libros infantiles. En la sección de libros para niños Tusquets encontraba un boquete. En las manos de los pequeños, apunta, los adultos ponían “pura basura”. La autora de Olvidado Rey Gudú, años más tarde ganadora del Premio Cervantes, inauguró la colección. Fue la columna alrededor de la que se afianzó el prestigio de la, hasta que la adquiriera la internacional Penguin Random House, pequeña editorial

En 27 capítulos, Tusquets repasa las reuniones con sus autores, en el salón de casa mientras la cocinera remataba una tarta de manzana, y las semanas de verano frente al mar de Cadaqués. Los nombres que tejieron la literatura del siglo XX pasan por las páginas de Confesiones de una editora poco mentirosa como pasaron por su sillones. Y la técnica para acercarse a ellos era la del papel y el boli. Tusquets, como hoy en los mensajes directos de Instagram, les escribía una propuesta. Y ellos solían aceptar.

Miguel Delibes
El vallisoletano Miguel Delibes, autor de 'Los santos inocentes', escribió para Lumen 'La caza de la perdiz roja'.

En su archivo de escritores aparecen miembros de la Real Academia de la Lengua Española y premios Nobel. Los días que Carmen Martín Gaite pasó invitada en su casa de la playa se saltean con una visita a Camilo José Cela, instalado en Mallorca, y recuerdos de sobremesa con Miguel Delibes. En las memorias de Tusquets, novelistas y poetas se componen en capítulos. Los nombres de Terence Moix, Mario Vargas Llosa o Quino, autor de Mafalda, se autorretratan sin emplear palabras. Las rencillas y concesiones bastan. Mientras Umberto Eco restringe los derechos de El nombre de la rosa a las imprentas de Lumen, la editorial hasta entonces encargada de publicar sus ensayos en castellano, por las páginas dedicadas al encierro de Monsterrat de 1970 pasean Nuria Espert y Joan Manuel Serrat. Y en la pluma de Tusquets, austera, lo hacen con naturalidad. En las memorias de la editora catalana, mostrar el listín telefónico es un ejercicio de contención.

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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