Entrevista

Eva Baltasar: 'Cuanto más me desapego de etiquetas y de mi propio ego, más libre me siento'

En 'Boulder', la novela que continúa, sin cables, a 'Permafrost', la escritora Eva Baltasar escurre el amor con aspereza mientras la libertad se templa entre empanadas.

Eva Baltasar afila, pero no lima. Las aristas son necesarias. En Boulder, la novela convertida en segunda parte del tríptico iniciado con Permafrost, el amor se escurre con aspereza y la libertad se templa entre empanadas.

Pregunta. La protagonista de Boulder quema las relaciones románticas por las que pasa. Desde su trabajo, que no está anclado a la tierra, al desasosiego que le produce comprar una casa, parece asfixiarse con las ataduras. Afirma, incluso, que “un adulto es lo contrario a un pájaro”. ¿Hay felicidad en la soledad?

Respuesta. Muy al principio de la novela ella afirma que cree haber descubierto en qué consiste la felicidad: "despertar silbando, no molestar a nadie, no dar explicaciones y desplomarse en la cama al alba, con el cuerpo aturdido por el cansancio y la cabeza despojada de todo el polvo y la hiel". Esta definición de felicidad va muy unida a la independencia y a la soledad. Boulder es una mujer que se encuentra a gusto en la provisionalidad, se siente independiente cuando no hay nada ni nadie que dependa de ella y es feliz cuando es coherente con ella misma, cuando hace y dice lo que siente. El amor a una mujer la obliga a tomar decisiones, y su error es ir tomando precisamente las que hacen que pierda esa coherencia interna, algo que la debilita. Esa felicidad que se encuentra en la soledad es algo que comparto con la protagonista y que me ha llevado a buscar un equilibrio entre la vida familiar, por ejemplo, y la soledad.

 

P. Los recursos literarios, algo poéticos, que caracterizaban la prosa de Permafrost se han ido. Boulder es más áspera, parece asumir rasgos que, en la literatura tradicional, son asignados a los hombres.

R. Vaya, no había pensado en eso. Boulder es la historia de una mujer, una mujer dura, solitaria, sensible, reflexiva y algo áspera, sí. Y tiene una mirada poética sobre el mundo. Pero que sea poética no excluye que lo que cuente no sea incómodo, cortante, duro o terrible. Me gusta que mujeres como Boulder tomen la palabra y que lo hagan como les dé la gana, porque al igual que no existe una sola maternidad, tampoco existe un solo tipo de mujer, sino tantos como mujeres hay en esta tierra.

Ed. Literatura Random House
Ed. Literatura Random House
P. “Dormir tan cerca de dos personas que se quieren es peor que dormir sola”. ¿Necesita el amor de otros cerca para que seamos conscientes de su ausencia, de que no hemos amado o no lo hemos sido?

R. Boulder no necesita nada, salvo recuperar su coherencia. El amor de los otros, cuando es un amor espontáneo, gratuito, pone en evidencia lo que ella ha sacrificado por amor, y eso es algo que la incomoda. Y creo que cuando algo nos incomoda tenemos una oportunidad muy buena de parar, reflexionar y tomar consciencia de quienes somos y cómo queremos vivir nuestra vida, qué sentido queremos darle.

P. “La maternidad”, escribes, “es el tatuaje que fija y numera la vida en tu brazo, la mancha que inhibe la libertad”. ¿Parasita la maternidad la identidad de las mujeres? ¿Aún hoy?

R. En este mundo hay y ha habido de todo. Esta es una frase dura de Boulder que no suscribiría al cien por cien pero sobre la que me gusta reflexionar. Porque las cosas no son o solo blancas o solo negras. Boulder empieza a vivir la maternidad de esta forma, para ella es un agujero que se ha tragado a su pareja y que la ha encadenado a un tipo de vida que aborrece. Y yo, que he sido madre en dos ocasiones, también he vivido momentos parecidos, junto con momentos máximos de felicidad. Pero he descubierto algo: cuanto más me desapego de las etiquetas, de los roles, de las expectativas y de mi propio ego, cuanto más me conozco a mí misma, más libre me siento, y eso es algo completamente independiente de la experiencia de la maternidad.

Baltasar, en el trono de la novela corta.
Baltasar, en el trono de la novela corta.
P. “Ah, los viejos tiempos. Los viejos tiempos siempre son los mejores. El presente está celoso de ellos, por eso nos castiga”. ¿Qué hay en el pasado que tanto seduce?

R. La oportunidad de viajar al momento precedente a los errores que creemos haber cometido. Lo hacemos a menudo, y encima a veces nos quedamos atrapados en él y esto nos deprime. Las fantasías sobre el pasado son incluso más peligrosas que las fantasías sobre el futuro porque nos arrebatan el presente, nos impiden vivir.

P. Tus novelas son cortas, casi extraordinariamente breves. ¿Por qué la contención?

R. Bueno, me formé como escritora escribiendo poesía, creo que para mí esa especie de sincretismo es una necesidad: decir con pocas palabras e imágenes algo que podría haber descrito en páginas. Mis libros son como mi armario, mi casa o mis relaciones: solo contienen lo que es esencial para mí.

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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