Los festivales 'boutique' en los que sí va a sonar la música este verano

España es uno de los países de la unión europea que más macrofestivales acoge cada verano. Mientras la pandemia deja el presente de estos gigantes en pausa y su futuro entre interrogantes, otros se afianzan. Se trata de los (mal) llamados festivales 'boutique': fiestas con un aforo mínimo, vinculadas al mundo rural y la sostenibilidad, y que se perfilan como la alternativa más viable para seguir bailando.

Wakama Reunion
Wakama Reunion

En el pueblo castellanoleonés de Balboa la cotidianeidad suena a trino de pájaros, a corriente de arroyo y a silbato de afilador. Pero cada verano, durante un fin de semana, la melodía gana matices nuevos: el frufrú de tiendas de campaña que se despliegan, hornillos en funcionamiento, conciertos entre restos de murallas. Es la sinfonía de Observatorio, un festival de música y arte que lleva dos años haciendo de esta diminuta población a las puertas de Galicia un nuevo punto de reunión para la cultura patria emergente.

Lo hace conforme a valores de sostenibilidad medioambiental y social, colaboración ciudadana y respeto al mundo rural; un formato cada vez más extendido que algunos han dado en bautizar como festivales boutique.

El término no convence al equipo de Observatorio. Tampoco a los organizadores de Wakana Reunion ni a los de Paral-lel, otros dos eventos de características similares. La palabra boutique, coinciden, remite a elitismo. En sus fiestas la exclusividad no se refleja en el precio de las entradas, pero sí en el aforo: Observatorio acoge a un máximo de 400 asistentes; Wakana Reunion y Paral-lel, a un millar respectivamente. Una menudencia en comparación con las más de 100 000 personas que se aglutinan en eventos nacionales como Primavera Sound.

 

Principios propios

Junto con los valores y el formato, los festivales boutique también comparten su razón de ser. Fueron el amor por la música y el hartazgo de la masificación lo que impulsó a estos tres grupos de amigos a fundar sus propios eventos, a pesar de carecer de experiencia previa en la industria. "Después de haber ido a muchos festivales ya valorábamos otras cosas. Haces cola para absolutamente todo, hay demasiada gente, tantas actuaciones que no sabes cuál elegir...", cuenta Félix Beltrán, uno de los fundadores de Paral-lel, el festival de techno hipnótico y experimental que tiene lugar en el municipio barcelonés de Berguedà, a los pies del Pirineo. Sus conciertos se desarrollan mayoritariamente de día y cuenta con una política de sostenibilidad que incluye apostar por materiales reutilizables, crear puestos de reciclaje, trabajar con proveedores locales y realizar una convocatoria de empleo en la comarca para cubrir los puestos que genera el evento.

Wakana Reunion nació de esas mismas inquietudes. El apellido no es baladí: "Pretende ser un encuentro entre amigos, una experiencia alejada del consumismo y más cercana a la creatividad", explica Luis Félix Loaz, fundador y copropietario de esta celebración, fuertemente vinculada con la naturaleza. Más allá de una oferta musical variada que acepta tanto sonidos electrónicos como instrumentales (y, entre estos últimos, desde actuaciones de flamenco hasta conciertos clásicos de piano) el punto diferencial del evento reside, como en los dos anteriores, en su localización: 180.000 hectáreas de naturaleza pura donde se puede ver restos de asentamientos del Neolítico, como pinturas rupestres y dólmenes. Un enclave inigualable para disfrutar del sonido, pero también de otras manifestaciones creativas.

Paral-lel
Paral-lel

 

Del escenario al lienzo

Además de conciertos, Wakana Reunion acoge exposiciones de pequeños artistas de todas las disciplinas. Esa diversidad de programación es otra de las características de estos festivales, que aspiran a convertirse en eventos con una apreciación holística del arte. Sus carteles, además, se alejan del circuito comercial y dan visibilidad a intérpretes y creadores a los que costaría encontrar en eventos multitudinarios. Buena muestra de ello da Observatorio, que apuesta por artistas españoles emergentes, con especial atención a aquellos naturales del entorno geográfico del festival. Para María Dilemas, responsable de programación cultural del evento, la clave está en "reforzar la identidad de estos territorios" creando sinergias artísticas. En la edición de 2019, la música se alternaba con talleres de escritura creativa y paseos por el pueblo con el alcalde, quien ejercía de guía. Este año, si se puede, estrenarán un programa de residencias para que artistas del colectivo portugués DEMO se alojen con habitantes de Balboa.

Las particulares premisas de estos festivales atraen por igual a público y artistas. Mientras en los festivales al uso lo habitual es que los músicos se marchen al acabar su concierto, aquí la normalidad incluye que se queden a pasar el fin de semana. "Agradecen formatos más reposados que les permitan explorar una escena musical distinta a la habitual y ofrecer su arte de una manera más íntima", explican desde Wakana Reunion, donde no hay ni backstage ni zona VIP. En Paral-lel la experiencia es idéntica. Ellos, que ofrecen un género mucho más conocido fuera de nuestras fronteras, aseguran que el boca a boca entre deejays les facilita el proceso de reservas. "Están acostumbrados a tocar en clubes llenos, y estar en el Pirineo pinchando para 1000 personas es muy especial", cuenta. En su cartel también hay espacio para colectivos de Barcelona centrados en la investigación musical que ofrecen talleres prácticos sobre materias como la fabricación de instrumentos o el diseño de softwares de composición.

wakana festi
Wakana Reunion

Música para la crisis

Las reducidas dimensiones de estos eventos y el hecho de que transcurran al aire libre les han colocado en una posición privilegiada frente a los desafíos de la pandemia. Mientras los festivales multitudinarios han quedado cancelados y sumidos en la incertidumbre, estos otros encuentros más íntimos sí parecen factibles.

"Lo que ha pasado con la covid ha sido una montaña rusa", afirman desde Observatorio, que cambió sus fechas iniciales, en junio, al último fin de semana de agosto (28 y 29) manteniendo su cartel íntegro. A comienzos de junio, cuando este reportaje se escribió, veían posible seguir adelante con garantías de seguridad, pero su responsabilidad para con Balboa era un factor de peso. Tras trasladar sus dudas a su público a través de un comunicado oficial, se dispusieron a hablar con los habitantes del municipio para conocer su opinión. Finalmente, han anunciado, no se va a celebrar.

Wakana Reunion también mantiene su convocatoria, de momento, entre el 18 y el 20 de septiembre. Al no celebrarse en un núcleo urbano, lo único que les mantiene alerta es conocer las medidas de seguridad a adoptar y ver cómo se desarrolla la crisis sanitaria.

Paral-lel, por el contrario, se ha aplazado a 2021. Además de su responsabilidad con los vecinos, tienen otra barrera: aproximadamente el 50% de su público proviene de países como Australia, Austria o Japón, por lo que un cierre indefinido de fronteras resultaba fatal. No dejan de sorprenderse ante la falta de atención del gobierno a la industria de la música en vivo, que en 2019 facturó más de 382 millones de euros en nuestro país según la Asociación de Promotores Musicales. 

Más allá de lo que pueda ocurrir con sus calendarios, los equipos de estos tres eventos se muestran optimistas con el futuro de su formato, acorde con los nuevos valores de consumo responsable."Además, si nosotros nos cansamos del otro modelo, seguro que no somos los únicos", razonan desde Wakana Reunion. En Observatorio confían en que el confinamiento contribuya a que se revalorice la cultura. "La manera de consumir va a cambiar, vamos a volver a lo esencial", sostiene Dilemas. Poco parece hoy más esencial que la naturaleza, el arte y la buena compañía.

En corto

Wakana Reunion 

Qué: festival basado en la naturaleza, el arte y la música, principalmente electrónica e instrumental.

Dónde: en el Parque Natural de los Alcornocales, en la provincia de Cádiz, a unos 20 minutos de Gibraltar o Sotogrande.

Precio: las entradas empiezan a 100 euros y llegan hasta los 150 euros. 

Alojamiento: yurtas de Mongolia, tipis indios, bell tents. También tienen acuerdos con varios hoteles en Benalup, el pueblo más cercano.

Restauración: restaurantes pop up de comida italiana con horno de piedra, comida vegana y productos de kilómetro 0

 

Paral-lel

Qué: festival de techno hipnótico y experimental con talleres de creación musical.

Dónde: en Berguedá, a los pies del Pirineo Catalán

Precio: entre 59 euros y 79 euros. 

Alojamiento: tipis indios con camas o zona de acampada.

Restauración: foodtrucks, comida ecológica y de kilómetro 0.

 

 

Observatorio

Qué: festival de música y arte especializado en creadores españoles emergentes.

Dónde: en Balboa, un pueblo de 50 habitantes ubicado en el Bierzo leonés.

Precio: a partir de 25 euros.

Alojamiento: zona de acampada en una pradera rodeada por un río. En los pueblos cercanos hay hoteles y casas rurales.

Restauración: foodtrucks con opciones de comida vegetariana y vegana. En el pueblo hay varios restaurantes de comida casera.

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