Ingrid García-Jonsson: “No me han puesto una mano encima. Bueno, sí. Pero di un hostión y ya está”

Se traga las eses con suavidad y se arranca la risa con ligereza. La actriz suecohispalense, curtida en el 'indie, estrena 'Instinto' en Movistar+ y se despega las etiquetas y los tópicos. Las del físico nórdico y las del 'glamour' del cine. Bofetones, incluidos.

Vestido palabra de honor largo con lazo en la espalda, de The 2nd Skin Co.

A la sombra del bigote de Juan y Medio crecen los andaluces. Entre los pelitos que le cepillan el labio caben estrellas de la televisión infantil tuneadas en la posadolescencia como cantantes de reguetón y actrices de cine independiente y ascendencia sueca. "Eran así, así". Ingrid García-Jonsson, sentada, levanta la mano a la altura de su hombro. "Yo he tenido a los Gemeliers sentados aquí. Y a Abraham Mateo. ¡Les he dado la merienda!".

Ahora le da ahogadillas con la cuchara a la rodaja de limón que intenta flotar en su infusión de jengibre. De cuando fue azafata en Menuda noche han pasado once años. Antes había impartido clases de matemáticas y despachado bolígrafos en una papelería. Luego se matriculó en Arquitectura y dejó los exámenes antes de licenciarse. Lo que ella quería era hacer cine. La única asignatura en la que había sacado un diez en toda la carrera era en la optativa en la que grabó un corto sobre la búsqueda de compañera de piso. Ingrid dio, entonces, el primer paso serio en la carrera de cualquier actriz: comenzó a servir copas. Las películas que han cimentado su currículum tienen carteles limpios, tipografías encogidas y manchitas negras flotando como moscas alrededor del título. Sellos de festival. Cine de autor. Y ahí sigue. Viene y va. Acaba de estrenar Taxi a Gibraltar y La pequeña Suiza ya está en camino, dos comedias de salas grandes y pósteres en las paradas de autobús. Como Instinto, pero esta sin los gags ni las palomitas a la entrada porque es un estreno de sofá. En la serie de Movistar+ interpreta a la terapeuta de José, el hermano –en la ficción y en el ADN–de Mario Casas, que en la serie encarna a un empresario que de noche se transforma en un Christian Grey sin corbata que pasea por escenas de Eyes Wide Shut. "Se la han jugado. Podría haber sido algo que vieras y dijeras 'ay, madre mía, me muero de vergüenza ajena, qué se creen que están haciendo', pero el resultado es elegante. Yo no hago escenas de sexo, pero en la serie se tratan temas inéditos en una serie española: adicciones muy concretas, como a la autodestrucción, o el autismo o el empleo consciente por parte de la mujer, subvirtiendo la cosificación de su cuerpo como manera de avanzar profesionalmente. A mí lo que me importa cuando escojo un proyecto es aprender con el personaje, pero del cine indie no se vive y yo quiero vivir de la interpretación. Quiero dos cosas: ser una gran actriz y vivir tranquila en el campo".

Vestido negro con flor y lazo en el hombro, de Miu Miu.
 
La máscara del chándal

Le queda tiempo. Las cajas que embala estos días la llevan al centro de Madrid. Es la cuarta mudanza desde que se instaló en la capital. La casa nueva ahora parece más pequeña de lo que recordaba, pero tiene cerca zonas verdes. Su perro, "un chusterrier", necesita pasear. Y ella. Madrid no es como Sevilla. Allí escribes a una amiga, bajas a tomarte una cerveza y en hora y media estás en casa. Aquí todo es con antelación. En Sevilla lo social no requiere agenda. Lo que sí se necesita, en la mesa de los García-Jonsson, es un traductor. Donde se sienta su madre se habla en sueco y su padre, en español. Fuera de casa ya se encargaban de señalar la singularidad. "Siempre he llamado la atención por mi imagen: porque soy de Sevilla y rubia y con los ojos azules y siempre he sido un palo. Para bien o para mal, siempre se me ha diferenciado por mi aspecto físico. Era tedioso ser la rara. Yo de pequeña dibujaba mi vestido de flamenca y se lo enseñaba a mis amigas. Me encantaba. Pero me cansé de las bromitas y del tú de dónde eres, de ser siempre 'la sueca'. Que me tomen en serio cuando existe el estereotipo de la sueca, que está aquí de fiesta, que es fría, rubia y tonta, es un sobreesfuerzo. Siempre he tenido un conflicto con mi imagen. Intento no ser bella. Si hubiera una afinidad entre lo que tengo dentro y lo que asumen de mí, quizá no iría siempre en chándal".

Ella, bromea, quería ser temida y respetada. Desde sus apariciones en La Resistencia, el programa de humor de David Broncano tal vez –ríe– haya renunciado a lo primero. Ingrid sigue el ritmo al presentador. Le devuelve la pelota y lo adelanta. Con él se ha hecho viral, ha aplastado prótesis mamarias y ha hablado del dinero de su cuenta corriente."No hablaré de política ni de religión, son temas de los que no sé lo suficiente y no me atrevo a opinar, pero sí sé qué dinero tengo. Con el éxito ves a actores por la tele y es bonito: el glamour es importante, hizo de esta industria algo que permite soñar, pero también es engañoso y nocivo. Hace aspirar a cosas que no existen. Si hubiera tenido más dinero no lo habría dicho, por seguridad y porque creo que hay que ser discretos y vivir la vida sin grandes aspavientos. Pero con aquella cantidad la gente se podía sentir identificada".

Top de organza rosa y pantalón verde botella, de The 2nd Skin Co.
 
Faroles, pullas y pelos

Charlar de dinero no es propio de una actriz. Sí lo es haber recibido algún tipo de acoso sexual. "Han sido más directores extranjeros, y no ha sido continuado. No me han puesto una mano encima. Bueno, sí. Pero solté un hostión de vuelta y ya está". ¿Esa fue tu reacción? "Justo con esto, yo, que soy una cobarde, que soy incapaz de pelearme con alguien, suelto un bofetón. Será el instinto de supervivencia. O en un festival, un director se estaba sobrepasando bastante y le dije 'o te marchas o doy un grito que no vuelves a trabajar en la vida'. Y se fue. Me tiré un farol. Pero nada que haya vivido como actriz es peor que lo que he visto como camarera o asistente de producción".

El desparpajo y la aparente honestidad han rotulado en los periódicos su nombre sobre la etiqueta "musa millennial". "Se están moviendo cosas a mi alrededor que yo no controlo y para las que no he hecho nada. Este año, siendo yo misma y un poco subnormal, he tenido una repercusión un poco injusta. Llevo años currando y se valora más una entrevista. Entiendo que se busca la naturalidad, pero es raro que me digan 'no he visto ninguna de tus películas, pero me encantas en La Resistencia'. ¡Yo quería ser actriz!".

Ingrid pesca las palabras de algún punto de la ventana. Intenta decidir. La mirada se le engancha en el cristal, apoya los codos sobre la mesa y mueve los dedos como si tocara la flauta por primera vez. Ve un desajuste entre la realidad, los medios de comunicación y las redes sociales. La pulla sobre un test de embarazo a Leticia Dolera en los premios Feroz la desbordó. "Me felicitaban por la calle. Yo ni siquiera había escrito la broma, solo la interpretaba. Hubo comentarios para casi todos los asistentes. Y si tuviera un problema con alguien no lo demostraría en público. Me sentí mal. Leticia ha asumido una posición política que la ha puesto en el punto de mira y la intentan desacreditar a la mínima. Tiene un discurso que yo comparto". Aunque a veces no sepa qué opinar. "¿Es feminista maquillarse? ¿Por qué quieres, en el fondo, ponerte guapa? Yo, por ejemplo, no me depilo, pero voy a una sesión de fotos y me depilo. Cuesta menos depilarse en cinco minutos que tener una conversación de hora y media sobre si debes estar depilada o no para estas fotos. No sé si me hace peor feminista. Me hace más vaga".

Pero el tiempo lo aprovecha. Tras rechazar una oferta "tochísima" en 2017, pidió un deseo ("no sé a quién, ¿al universo?") y llegó todo de golpe. Ahora tocan las promociones, dar clases y concretar el corto que quiere dirigir sobre el exceso de preparación laboral. Como Patricia Arquette en Medium. "Me gusta su forma de trabajar. Pasó de David Lynch a esa serie de sobremesa y ahora ha vuelto con Fuga en Dannemora. Piensa en hacerlo lo mejor posible, no en torturarse si no le llega lo que piensa que merece. Como aquí Carmen Maura. O Penélope Cruz, aunque su modelo fue un problema para quienes vinieron después. Todas querían ir a Hollywood. Ser ella es imposible. Ese sitio está cogido". Como su silla. La de Ingrid. Aunque vaya a Sevilla.

 

La entrevista y el reportaje fotográfico completo aparecen publicados en el número de mayo (380) de Marie Claire.
Fotos: Rubén Vega
Realización: Rut Baticón
Maquillaje y peluquería: Ricardo Calero 
Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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