José Moro: "El vino es el mejor catalizador de relaciones humanas que hay"

José Moro, presidente de Bodegas Emilio Moro, acaba de presentar el libro 'Si lo sabes escuchar, el vino te habla', una verdadera historia de pasión por el vino.

José Moro, presidente de Bodegas Emilio Moro y Bodegas Cepa21, se ha convertido en el primer bodeguero en entrar en la lista de los 100 empresarios líderes en innovación de Forbes España. Recogió el legado de su padre y su abuelo para llevar a la cima a una familia de viticultores con más de 100 años de historia. Acaba de presentar el libro "Si lo sabes escuchar, el vino te habla'.

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'Si lo sabes escuchar, el vino te habla'

Es el primer bodeguero en la lista ‘100 Most Creative People in Business’ de la revista. ¡Enhorabuena! ¿Qué supone este éxito para usted?

Muchas gracias. La verdad es que este éxito supone un gran honor. Es el reconocimiento a muchos años de trabajo y de sacrificio en torno a la innovación. Desde esa innovación que aplicaban nuestros antepasados y que actualmente es nuestra tradición, nosotros hemos tenido una línea de continuidad y no hemos parado de innovar. Siempre hemos seguido innovado y, sin duda, el segundo paso que hicimos fue el hecho de tener nuestras propias levaduras para fermentar nuestros vinos. Porque, al final, las levaduras son las que marcan el ADN de los vinos. Cada preocupación la convertíamos afortunadamente en innovación y fuimos capaces de geolocalizar nuestros viñedos para ganar en productividad. Posteriormente, pudimos ver esos viñedos desde el cielo y descubrir las carencias, las fortalezas y la riqueza que tenía en sí cada viñedo. Todo eso produjo que desarrollaremos un programa como el que ha supuesto el premio de Forbes. El proyecto ha sido titulado “Sensing4Farming”, en el cual estamos aplicando una digitalización total del proceso. Estamos mezclando la tecnología satelital con la sensorial. Así estamos sensorizando todos nuestros viñedos y captando toda la información climatológica, y la estamos correlacionando con las imágenes vía satélite. Ahora vamos a monitorizar toda la bodega y cuando tengamos el mejor vino, el vino auténtico, y eso lo dicen los clientes, lo dice la gente más experta, nosotros podamos hacer un análisis completo de ese vino. Un análisis sensorial, olfativo, gustativo y de parámetros, para volver atrás para ver todos los parámetros que tiene ese vino y de esa manera intentar que las decisiones que tomamos solo por la inteligencia, por la intuición, por la pasión, que sean soportadas por datos.

¿Qué es el vino para Emilio Moro?

El vino es todo. Es la vida. Como dice la frase del libro, “si lo sabes escuchar, te habla”. El vino me ha estado constantemente hablando desde que era niño. Desde que mi madre me daba a merendar pan, vino y azúcar, desde ese momento se me impregnó la pasión por este mundo. Y desde ese momento, me he pasado muchas noches hablando con el vino. Es el que me ha orientado y me ha dicho lo que tenía que hacer en cada momento para gestionar y liderar este proyecto familiar.

¿Cuál es el vino perfecto para todas las ocasiones?

El que hay en ese momento. Imagínate que vas por una carretera y te encuentras solamente un bar y no hay nada más. Tienes hambre, entonces te comes un bocadillo de jamón y hay una botella de vino pequeñita e incluso está caliente, pero en ese momento, ese es el mejor vino del mundo. Es decir, el que estás bebiendo en cada momento es el mejor vino del mundo.

¿Qué novedades tiene Emilio Moro para el año 2020?

Tenemos muchos proyectos que consolidar, sobre todo una nueva bodega para elaborar los vinos de calidad en Emilio Moro, pero también consolidar el proyecto de el Bierzo. Es una tierra con unas características muy singulares y muy particulares, con diferentes altitudes, diferentes orientaciones… Cuando sepamos sacar todo lo mejor de esos viñedos, podremos hacer vinos con mucha complejidad. El Bierzo tiene la magia de tener un clima muy especial y un suelo con una acidez muy definida. Si luego le aplicamos un proceso determinado, en el cual esa acidez la enmascaramos con ternura y melosidad, vamos a conseguir unos vinos de los que se va a hablar mucho en el mundo.

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¿Cómo se digitaliza un negocio tan artesanal?

La tecnología tiene mucho qué decir, sobre todo en cuanto a la obtención de datos. Empezamos a digitalizar las cepas y, para eso, establecemos sensores que miden el estrés hídrico, la capacidad de absorción del agua. Vamos a tener estaciones meteorológicas que van a medir todos los datos referentes a lluvia, humedad, velocidad del viento… Con todo eso, se van a generar unos algoritmos y de esa información se van a generar unos índices, sobre los cuales nosotros vamos a saber cómo actuar. De esa manera, se aplica la digitalización en un campo tan tradicional como es el sector vitivinícola.

¿Qué busca el fiel amante de sus vinos?

Que no le decepcionen nunca. Que le emocionen, que le hagan vibrar, que le llenen de sensaciones. Que sea un vino cálido, que no le haga fruncir el ceño, que sepa divertirse con él. Y, sobre todo, que le sirva de compañía en una gran cena. Al final, el vino es algo cultural, es algo suladable, algo que sirve para unir y para hacer divertirse a las personas. Y, sobre todo, es el mejor catalizador de relaciones humanas que hay. Cuando se empieza una cena o una comida, al principio la gente está más fríos y el vino siempre saca lo mejor de las personas. 

¿Tiene un vino Emilio Moro que ha nacido para ser caro?

No. Yo creo que todos los vinos tienen una muy buena relación calidad-precio. Evidentemente, para hacer un vino con un viñedo de 90 años, es necesario tener un viñedo de 90 años, cuidarlo y ese es el valor añadido. Ese viñedo con esas raíces profundas hace que sea un vino exclusivo, diferente y más caro que un vino más joven y de cepas más jóvenes. Yo creo que el precio está perfectamente ajustado y si miramos la relación calidad-precio de otros vinos de otros países, creo que andamos muy bien situados.

¿Quiénes son las mujeres que le inspiran?

Hay muchas mujeres que me inspiran. La última que he conocido y que me inspira por su fortaleza, por su forma de ver la vida y de pensar es Irene Villa.

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¿Se imagina haberse dedicado a otra cosa?

No. De joven sabía y pensaba que iba a hacer algo importante, no sabía dónde iba a ser. Dios me dio la suerte, mis padres me educaron y me transmitieron esa pasión por el vino desde pequeño. Y cuando nació la Ribera del Duero, aproveché esa posibilidad que tuve para desarrollarme en el mundo del vino con la máxima pasión y con la máxima ilusión.

¿Por qué ha decidido escribir el libro 'Si lo sabes escuchar, el vino te habla'?

Yo creo que una historia tan bonita, de superación, como es el caso de la historia de las bodegas de Emilio Moro, donde una familia que se desarrolla en un pueblo humilde, a base de esfuerzo, trabajo y sacrificio va sacando su empresa adelante y va consiguiendo internacionalizar sus vinos. Una empresa que está creando riqueza en el entorno rural. Es una historia que merece la pena ser contada. Te puede servir de alegría. El que la lea, va a ver que hay muchos problemas que hay que superar, pero que hay que tener una actitud positiva ante la vida. Pero también para los que sueñan con un negocio les servirá de inspiración. Todo es cuestión de creérselo. Con trabajo, constancia y perseverancia se pueden conseguir todas las cosas.

¿Cómo ha sido el proceso creativo?

En los ratos libres, he tenido que recorrer muchos de los parajes que recorrí de niño, jugando, nadando en el río, visitando la bodega a la que iba con mis padres, haciendo memoria de esos grandes momentos que he tenido durante mi vida… Durante estos 30 años han pasado muchísimas cosas, pero, al final, cuando haces un recordatorio, aunque sea solo con imágenes, con periódicos, todo viene a la cabeza. En mis ratos libres, he ido sacando esos datos de mi memoria y la verdad es que después de leerlo, me he quedado muy satisfecho.

¿Cómo ha cambiado el negocio del vino en los últimos años?

Ha cambiado mucho, como todo. Creo que hoy, para tener un gran proyecto, una gran bodega, hay que tener una filosofía como la de Emilio Moro, basada en la tradición, en la innovación y en la responsabilidad social. Todo esto perfectamente alineado con la pasión. Eso es fundamental, pero también hay que tener grandes equipos. 

¿Cómo cree que va a cambiar el negocio del vino en los próximos años?

Tenemos que ir creciendo, tenemos que ser innovadores, tenemos que seguir pensando en torno a esa cultura, a esa innovación, con todo lo que hacemos. Tenemos que estar atentos a lo que nos dice el mercado y el mercado va cambiando muchísimo. Lo único que tenemos claro es lo que no va a faltar nunca es la pasión. Y lo único que tenemos claro es que vamos a seguir creciendo.

Magdalena Fraj

Magdalena Fraj

Periodista de vocación, amante de la moda y 'beauty junkie'. Con 5 años me convertí en la estilista de mi madre y en ese momento descubrí lo que quería hacer con mi vida. Soy de las que todavía siguen viendo 'Sexo en Nueva York' en bucle y que aún suspiran por un libro en papel. En mi tiempo libre me pierdo por las calles de Madrid en la búsqueda de los mejores restaurantes italianos.

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