'Jackie & Camelot': así es el libro de fotografías más bonito sobre Jackie Kennedy

En la primavera de 2020, Jackie Kennedy llegará, en forma de exposición, a Madrid. Pero el terreno hay que prepararlo. En 'Jackie & Camelot', Frédéric Lecomte-Dieu reúne porciones de intimidad de la primera dama en forma de fotografía.

Jackie Kennedy con su hijo John Jr. Foto: John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston.

Hace 21 años, Frédéric Lecomte-Dieu inauguró en la sede de la Unesco, en París, su primera exposición sobre los Kennedy. Robert, sobrino del matrimonio presidencial, la apadrinó. En la primavera de 2020, el biógrafo trae su trabajo a Madrid. Jackie Kennedy llegará, en forma de exposición, a la capital.

Pero el terreno hay que prepararlo. Él lo hace con papelEn el álbum Jackie & Camelot (45 euros), Lecomte reúne porciones de intimidad de la primera dama en forma de fotografía. 

Ensandwichadas entre tapas rígidas, los más de diez años durante los que se extendió la historia de Jacqueline Bouvier y John F. Kennedy se comprimen.

Jackie y John F. Kennedy, el día de su boda. Foto: Tom Frissell/ John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston.

Los presentó un amigo. John era congresista y Jackie acababa de licenciarse en Literatura francesa. Tras conocer Europa con su hermana Lee, el Washington Times la contrató como fotógrafa callejera. Recorría la ciudad de Nueva York en busca de viandantes que pudiera convertir en personajes. Les hacía un par de preguntas y una foto. Una Humans of New York con permanente.

 La mañana del 12 de septiembre de 1953, Jackie y John contrajeron matrimonio en una iglesia católica a las afueras de Newport, en la costa Este de Estados Unidos. El convite se trasladó a la granja Hammersmith, propiedad del marido de su madre, Hugh D. Auchincloss, el abogado de Standard and Oil con el que se casó tras divorciarse de John Bouvier. Más de un millar de invitados se sentó aquel día a su mesa. El fotógrafo de moda Toni Frissell se encargó de convertir los instantes en instantáneas. Jean, hermana de John, e Ethel Kennedy, esposa de Robert F., ejercieron de damas de honor y la neoyorquina Ann Lowe diseñó el vestido de la novia.

Foto: Cecil Stoughton/ John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston.

Jackie, contaban, disfrutaba la soledad. Su madre la montó por primera vez en un caballo cuando aún no había cumplido los dos años y el silencio de la equitación era lo que a menudo buscaba, ya de adulta, la primera dama. La imagen con la que se presentaba frente a las revistas era un diseño. Jackie, apunta Lecomte, solo se mostraba reservada en público. No le faltaba, escribe el biógrafo, ni sentido del humor ni ingenio.

Foto: White House Photographs/ John F. Kennedy Presidential Library and Museum, Boston.

Tampoco le faltaba poliglotía. La primera dama de Estados Unidos, inglés al margen, hablaba español, francés e italiano, recuerda Lecomte. Donde sí se quedaba corta era en las uñas. Jackie se las mordía. Ella aseguraba que nunca había intentado ser "un símbolo de elegancia", como tantos la habían bautizado. Ella, decía, solo era una mujer independiente

Dentro de la Casa Blanca, también lo era a la hora de dormir. La tradición mandaba que los esposos presidenciales ocuparan dormitorios diferenciados. Entre el de ella y el de él, los Kennedy escuchaban con frecuencia las canciones de Camelot, el musical que da nombre al libro de Lecomte. Un verso en especial se ha asociado al matrimonio a través de películas y referencias en los medios de comunicación: “Don’t let it be forgot, that once there was a spot, for one brief shining moment that was known as Camelot!” (No dejes que se olvide que una vez hubo un lugar, durante un instante breve y resplandeciente, llamado Camelot).

A partir de septiembre, Jackie & Camelot (45 euros), el álbum de fotos inéditas recopilado por Frédéric Lecomte-Dieu, sale a la venta. Solo se podrá adquirir por correo electrónico, mandando un email a blancple@yahoo.fr, o a través de la web de Ecrinart durante 1007 días, los mismos que duró la presidencia de J. F. K.

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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