De cómo las series han cambiado las reglas de la pareja y el ligoteo

La estadística dice que tener gustos televisivos comunes es fundamental para la salud de una relación, o para tener éxito cuando estás en modo caza.

Girls

Toma 1. Interior, noche. Una pareja joven (hoy en día este concepto es válido hasta la menopausia, aproximadamente) se prepara la cena y decide qué serie va a ver esa noche. Si de una vez van a acabar la tercera temporada de House of Cards, que suspendieron abrumados por tanta maldad; si se abandonan a las aventuras del doctor Thackery (Cilve Owen) en The Knick, tan adictivas como las sustancias que este consume con fruición, o si lo dejan todo y se ponen a recorrer Internet en busca de Vinyl (que se estrena este domingo y de momento no tiene canal o plataforma asignada en España), porque al día siguiente no se va a hablar de otra cosa en la oficina.

Hay una toma alternativa: se han roto las negociaciones y ella se hace una ensalada con extra de aguacate, él un sandwich del que chorrea algo que parece tabasco. Ella reclama el monopolio del sofá para ver Girls, a él le tocará el dormitorio para gozar con el regreso de The Walking Dead en la tablet. Esta noche no hay consenso culinario ni televisivo. Y ya van…

Clive Owen en The Knick

Toma 2. Interior, atardecer. Un bar con profusión de smoothies y una pizarra de enrevesadas tipografías que dibujan palabras como hummus. Una mesa pequeña con dos contendientes. Se han conocido vía Tinder y todavía en la red, después del preceptivo Hey! y Hola, ¿qué tal?, del ¿Y tú a qué te dedicas? y del Me encanta cómo sonríes en esa foto, llegó el inevitable No sé… cuéntame qué estás haciendo.

¿Y qué se hace en la contemporaneidad joven y urbana además de trabajar muchas horas por un sueldo miserable y pasar cromos de posible parejas? Pues ver series. Así que de eso empezaron a hablar. Que si me pillas viendo Orange Is The New Black, que si yo estoy enganchado a El puente (la danesa, por supuesto); que cómo puedes decir que The Wire es cosa de heteruzos, que si lo que hay que ver ahora es Making a Murder, unaseriequerevolucionaelconceptoquetienesdedocumental…

Orange is the new black

Pero, ¿qué dice la estadística de esto de las series y el amor? Pues Netflix, la plataforma que domina el mundo de la televisión a la carta y la reina de los perfiles personalizados de espectadores, no pierde el tiempo y ya está encargando estudios para saber cómo las series están influyendo en nuestras vidas. Y ahora, ya que estamos en "esa época del año", qué papel juegan en las relaciones.

Y hete aquí que nos topamos con algo que sospechábamos. Un 63%, dicen Netflix y sus señores encuestadores, elige las series como uno de los temas de conversación estrella en la primera cita. El 25% de los consultados encuentra a la gente más atractiva según el tipo de contenidos que ve en TV, así que ojo con confesar según qué cosas. Un 27% dice que ser compatibles en gustos televisivos es importante, y un 58% reconoce haber añadido a su perfil series y películas para atraer a posibles pretendientes (ese día que pusiste ahí Los Soprano para hacerte la guay, aunque en realidad en la segunda temporada ya estabas hasta el gorro de las charlas y la tensión sexual no resuelta de Tony con la terapeuta). Vamos, que deberías preocuparte más de lo que opinas sobre las series que del estilismo que luces en ese primer encuentro. Y cuidado con decir que te apasiona The Affair

Transparent

En el mundo de ayer, ese en el que se ligaba en los bares y en el que todavía éramos capaces de concentrarnos en una historia durante más de 50 minutos, dejar el cepillo de dientes en su casa o conocer a sus padres significaba que la cosa iba en serio. Ahora, el Rubicón es compartir la contraseña de Netflix. Si ya has hecho eso, significa que os quedan dos capítulos de Juego de Tronos para que viváis juntos. Y una vez que el pesebrito está montado, llegan los pulsos. Un 65% de encuestados reconoce negociar con su pareja para decidir qué se ve, y un 35% usa un sistema de turnos para elegir programación. Porque lo del acuerdo es una idea preciosa pero, en un mundo de vídeo bajo demanda, aquí nadie está dispuesto a que le impongan Aquí no hay quien viva cuando se puede ver Transparent.   

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