Así es Dolores Redondo, ganadora del premio Planeta por la novela 'Todo esto te daré'

Un crimen desentierra un montón de secretos entre los escarpados viñedos que flanquean los ríos Miño y Sil y, de paso, nos da la excusa para viajar a la Ribeira Sacra y descubrir el enigmático escenario natural en el que se sitúa la historia del libro

Los ríos misteriosos: viajamos con Dolores Redondo al corazón de Galicia
Dolores Redondo, en el mirador de O Boqueiriño. Estas atalayas, al igual que los catamaranes que recorren los cañones del Sil y el Miño, son los medios perfectos para apreciar toda la espectacularidad del paisaje. Foto: Gema López.

En la Ribeira Sacra hay nieblas que se incrustan en los cañones de los ríos y ermitas románicas semiabandonadas. Pazos imponentes que vieron siglos de servidumbre y viñas escarpadas por las que apenas puede trepar una cabra. Los bosques densos de robles y castaños han conseguido resistir al peor asesino en serie de la zona, el fuego.

Desde los montes encrespados de cumbres heladas hasta el espejo que forman las aguas de los ríos Miño y Sil, con sus embalses, un suelo irregular y veteado por mil regatos la convierte en un territorio casi impenetrable, con tiempos y códigos propios. En un imaginario casting de localizaciones para un crimen con escenografía perfecta, de esos que requieren un entorno de belleza y escalofrío, este rincón de Galicia se llevaría el papel con solo mover la hoja de un carballo.

 

Los ríos misteriosos: viajamos con Dolores Redondo al corazón de Galicia
Dolores Redondo, en el laberinto de la Casa Grande de Rosende. La autora es una apasionada de la jardinería y ha situado en el pazo de su novela un espectacular jardín de gardenias. Foto: Gema López.

En Todo esto te daré, la novela que le ha dado a Dolores Redondo el último premio Planeta, un hombre muere en un accidente en esa franja que separa (o que une) las provincias de Lugo y Ourense. Todo indica que un despiste o una cabezada inoportuna lo sacaron de la carretera. Pero la autora teje una trama que, página a página, saca a relucir secretos de familia, negocios turbios y conflictos de clase cocinados a fuego lento durante años. Una novela, dice, "sobre la codicia, la amistad y el amor" que se desarrolla entre viñedos centenarios y a la sombra de un pazo cuyas piedras esconden muchas miserias.

A este enclave mítico de la geografía gallega viaja Manuel. Su vida de escritor de éxito discurre plácida en Madrid hasta que una mañana le comunican que su marido ha muerto en un accidente de tráfico en Galicia la noche anterior, cuando él suponía que estaba en Barcelona por trabajo. Roto y confundido, Manuel se enfrenta a los trámites de rigor al tiempo que intenta entender qué hacía su marido en aquellas tierras.

Descubre que Álvaro pertenecía a una insigne familia de la comarca y que estaba involucrado en el principal negocio de la zona, el vino. A medida que pasan los días, los enigmas y sorpresas se multiplican. Un carpetovetónico guardia civil retirado y un joven cura le ayudarán a ir arrojando luz sobre lo que ha sucedido. 

Los ríos misteriosos: viajamos con Dolores Redondo al corazón de Galicia
Dolores Redondo ante un roble gallego. Foto: Gema López.

Redondo llegó en condiciones más felices a Galicia. Su padre es un coruñés que acabó siendo marino en el puerto de Pasajes y casándose con una vasca. Allí nació y creció la autora antes de trasladarse a Navarra, donde se sitúa la Trilogía del Baztán que la ha convertido en nuestro mayor fenómeno literario reciente. Fue su hermana, instalada en Galicia desde hace unos años, quien le descubrió la Ribeira Sacra.

"Me dijo que tenía que venir a los cañones del Sil, porque ella sabe que me gustan los lugares exigentes. Ese tipo de belleza que no es tan accesible, la rudeza del trabajo. Cuando vine, aluciné. No sabía que cultivaban la uva así, no imaginaba este paisaje, este mar en mitad de Galicia", relata.

"La primera vez que vine era verano. Era precioso el color que tenía el río: verde aquí, azul allí, se veían los fondos. Tenía que contarlo. Es un lugar que invita a una comunicación especial. Como el Baztán: siempre han sido mágicos. Aquí también pasaba algo para que cuando los monjes llegaban haciendo el camino de invierno, decidieran quedarse".   

En una mañana fresca de diciembre, la niebla ha levantado por fin en los cañones del río Sil y la luz acentúa el contraste entre las orillas: la orensana, en  sombra, está llena de vegetación; en la de Lugo, orientada al sur, el sol pega fuerte y domina la roca pelada.

Las viñas se reparten por una y otra, en terrenos tan escarpados que parecen imposibles de trabajar. Alex, guía experto y patrón del pequeño catamarán turístico SilTrip (siltrip.com), explica que una de esas viñas está en lo que fue la morrena de un glaciar. Un matrimonio de ancianos la cultiva todavía.

A veces incluso tienen que utilizar arneses. En la novela, Manuel visita viñedos parecidos que su marido había comprado en secreto. A Redondo le fascina "que la gente haya conservado sus pequeñas parcelas con unas producciones irrisorias, sin dejar de hacer su vino aunque vieran cómo sus hijos se iban… Desde que se creó la denominación de origen se ha vuelto a plantar, pero hubo un tiempo en que subsistía de puro orgullo".

Los ríos misteriosos: viajamos con Dolores Redondo al corazón de Galicia


Al otro lado del río, el punto de atraque es el embarcadero que corresponde al monasterio de Santo Estevo de Ribas de Sil. Varios kilómetros de cuestas y curvas lo separan de esta imponente construcción con vistas que, tras años de abandono, fue convertida en Parador Nacional en 2004.

Hoy, la planta románica de su iglesia y las portadas barrocas, los claustros y las gárgolas, conviven con piezas icónicas del diseño del siglo XX. Es solo una de las paradas obligadas que el arte eclesiástico tiene en la orilla orensana de la Ribeira. El primitivo monasterio de San Pedro de Rocas, o el de Santa Cristina, una presencia solitaria en medio de una arboleda infinita, dan una idea del aislamiento que durante siglos vivió la zona. 

La autora recorrió la Ribeira a conciencia cuando preparaba la novela. "La documentación es importante, aunque muchas cosas no han podido aparecer. Quería hablar más del vino, de los maestros cesteiros, de las aldeas que quedaron bajo el agua cuando inundaron para hacer los embalses, lo doloroso que fue dejarlas atrás...

Y más cosas sobre los monjes. Pero creo que, igual que en Baztán, es más importante sentirlo que saber mucho sobre el sitio. Transmitir, por ejemplo, cómo te reciben en las casas. Siempre te ofrecen de comer y siempre te acaban haciendo comer, es imposible marcharse de aquí sin más peso", se lamenta divertida.

Los ríos misteriosos: viajamos con Dolores Redondo al corazón de Galicia
El claustro principal del Parador de Santo Estevo. Foto: Gema López.

La importancia de los escenarios naturales en las novelas de Dolores Redondo viene de atrás. Siendo niña ya devoraba libros de aventuras y viajes. "Me gustaban los de piratas. Quizá porque vivía al lado del mar y mi padre era marino". De hecho, cuando presentó el libro al Planeta, el pseudónimo que utilizó fue Jim Hawkins, el chaval protagonista de La Isla del Tesoro.

Luego vino el crimen. "Agatha Christie, que es lo que me dejaban leer entonces", recuerda. Lo primero que escribió fueron diarios, cosas que pasaban en la familia. "Quizá estaba descubriendo que era escritora. Cuando estoy muy confusa, o cuando algo me duele, tengo que escribirlo. 

Es mi manera de entender el mundo", reconoce. A pesar de la vocación temprana, Redondo no pudo vivir de la literatura hasta que El guardián invisible, primera parte de la Trilogía del Baztán, se convirtió en la comidilla de la feria de Frankfurt de 2011. Todavía era un manuscrito que ni siquiera tenía editor español, pero vendió una decena de traducciones y Peter Nadermann, el productor de Millennium, compró allí mismo los derechos para hacer la película. Se estrena el viernes 3 de marzo, con Marta Etura en el papel de la inspectora Amaia Salazar.  

En su camino hasta ganarse la vida escribiendo, Redondo estudió derecho y gastronomía. Aunque ahora, con una carrera literaria boyante y dos hijos a su cargo, tiene menos tiempo para cocinar, los fogones siguen siendo una de sus pasiones. En la Casa Grande de Rosende, un pazo de fachada cubierta por la hiedra que podría evocar al de  su novela, ante una cena pantagruélica, se anima, cómo no, hablando de más comida.

La autora, siempre metódica, detalla una receta de sopa de pescado que tarda en preparar dos días. A la mañana siguiente demuestra cómo ha perfeccionado también su conocimiento del vino. Ella nos guía hasta la bodega Vía Romana, en la parte de la Ribeira Sacra que ocupa el valle del Miño. Se ubica sobre una antigua calzada latina que hizo de los romanos, se dice, los primeros en plantar vides en la zona.

En la novela la recreó hasta el último detalle y es uno de los principales centros de la trama. De esta historia que latía en ella desde hace años, con cambio radical en el personaje central –ahora escritor, hombre y gay– y con la geografía, de nuevo, como coprotagonista.

Esta vez, eso sí, en formato monodosis: la historia se acaba en sus 700 páginas, y quien quiera reencontrarse con la Dolores literaria tendrá que esperar a su vuelta a Baztán. A la real puede que se la cruce en un claustro silencioso cualquier brumosa mañana gallega.

Tu guía de viaje

Para dormir, busca habitación en...

Casa Grande de Rosende
La decoración clásica de esta típica construcción nobiliaria gallega te hará viajar a otra época. Excelente cocina por encargo. 
Parador Nacional de Santo Estevo
Interiorismo moderno, recogimiento y vistas alucinantes en un antiguo monasterio que es uno de los paradores más espectaculares.

Para comer, reserva en...

Abacería O Batuxo
Cocina tradicional al borde de las aguas del Miño, entre los embarcaderos de Belesar (Lugo) y con vistas a los bancales de los viñedos. 
Casa Elvira: es un sencillo restaurante ubicado en el claustro de un antiguo monasterio. El paraíso de los carnívoros. Plaza de Montederramo, Montederramo (Ourense). Tel. 988 292 019.

Para desconectar, pide cita en...

Balneario Oca Augassantas
Es tres cosas en uno: hotel, balneario y campo de golf. Las aguas sulfuradas de su spa provienen de un manantial que se explota desde el siglo XIX. 

Bodega Vía Romana
Se construyó sobre una bodega del siglo XVI y produce tintos (mencía), blancos (godello), vermuts y hasta ginebras (la famosa Nordés). Tiene un comedor perfecto para celebraciones. 

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