Paradise Hills es la película que querrías haber visto con 16 años

Su nombre real es Irene. Su origen, Bilbao. Su edad, 29. Su formación como directora de Paradise Hills, la aprendida como ayudante en 'sets' de rodaje. Su futuro, claro como el agua.

Emma Roberts y Eiza González, en una escena de 'Paradise Hills'.

Con las uñas de Alice Waddington se puede diseccionar una rana. Son puntiaguadas, transparentes y brillantes, rosaliescas. En diez dedos se levanta una valla. "Es un mensaje de que te tienen que hacer las cosas en vez de hacerlas tú. Son una expresión corporal artística y una barrera social. Las mujeres latinas y negras las han utilizado para expresarse desde hace tiempo y ahora ha habido una apropiación internacional reciente, más allá de contar sus historias". En Paradise Hills, a la estética se le encomienda unificar. El vestuario puentea los corsés eduardianos, la mirada gamer de Final Fantasy y las hombreras de Grace Jones. “Ninguna influencia estaba prohibida. Pensamos en Picnic en Hanging Rock o en el El abominable Doctor Phibes. El cine de terror de los años sesenta y en el de los setenta, como con La fuga de Logan. Pero también hemos incluido detalles del brutalismo arquitectónico o The Love Witch, la película de 2016 de Anna Biller”. Los acantilados de la costa Brava, el jardín botánico de Blanes, en Girona, y las playas y cuevas de Gran Canaria se vistieron, en la primavera de 2018, de escenario.

Frente a los espejos del interior, el rosa tiñe el pelo, pinta la pared, cubre los ojos, empolva las flores. En la isla a la que llega Uma (Emma Roberts), las niñas, adolescentes y jóvenes, visten como soldados futuristas de la Reina de Corazones. Han sido internadas en un centro de bienestar. Milla Jovovich es su cabeza. Ante ella se confiesan. Están ahí para cambiar. La chica con sobrepeso deberá perderlo y la tímida deberá caminar hacia la extroversión. Uma tendrá que aceptar la propuesta de matrimonio de un hombre con dinero. Es el deseo de sus padres. A su regreso se celebrará su boda. Si sale ella con vida, primero, de la isla.

La directora vasca Alice Waddington, en Cereal's Hunters Café, en Madrid, retratada por Gema López.

Después de que Disco Inferno, su primer corto, pasara por más de sesenta festivales, Waddington expuso el planteamiento de Paradise Hills en el Fantastic Fest. Mascaba la idea desde hacía tiempo. Por una parte, en los libros que leyó en el colegio no encontró una pandilla de héroes que se pareciera a la de sus amigas. Por otra, quería responder al comportamiento que veía en sus primos pequeños frente a Instagram.

El tono se amarra al momento. Pero, recalca, “no es fruto exclusivo de él, del zeitgeist. Esto debería estar siempre de actualidad”. Su adolescencia fue “complicada”. Atravesó una experiencia de bullying de la que se refugió en la literatura fantástica, el cómic, el manga. “Me ayudó mucho tener padres comprensivos y cariñosos. Sentía que sí tenía un grupo de amigas, pero en las ficciones que leía no estaban representadas como los chicos en El señor de los anillos o La historia interminable. Y al mismo tiempo, veía ahora a mis primos y primas vivir la adolescencia a través de las redes sociales. Tienen en la mano un mundo en el que el mensaje es que nunca son suficientemente guapos ni perfectos. Los adultos les hacen un flaco favor facilitando un sistema que favorece la exclusión social en el cole. Con Paradise Hills les quería decir que no tenía que cambiar por persona, sino rodearse de quienes los quieran como son”.

La idea llamó la atención del Guillermo del Toro. Su manager y su productor encendieron la red de contactos. Las actrices aceptaron. Todos los días no se encuentra una con una distopía retrofuturista y  feminista de aventuras y acción.

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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