La serie de la semana: si solo puedes ver una, que sea 'The Act'

En 'The Act', de Starzplay, Patricia Arquette encarna a Dee Dee Blanchard, una estadounidense que enferma su hija, Gypsy Rose, para poder cuidarla. El terror tiene un extra: la historia está basada en hechos reales.

Patricia Arquette y Joey King en 'The Act', que en España emite Starzplay.

En 2008, Gypsy Rose tenía 15 años. Padecía asma, leucemia y distrofia muscular. Se desplazaba en silla de ruedas. Tenía la capacidad intelectual de una niña de siete años y era alérgica al azúcar. Que la cantidad de gramos que llegara a su estómago alcanzara la decena se convertía en una visita a Urgencias. Los médicos le habían extraído las glándulas salivares. Se ahogaba cuando tragaba. Ya hacía tiempo que había dejado de empeñarse en masticar. El ochenta por ciento de los alimentos que ingería pasaban antes por la trituradora. Su madre batía, con leche, la pizza y la hacía viajar hasta su estómago a través de una sonda. A Dee Dee Blanchard no le importaba hacer de cualquier plato un puré para su hija. Lo necesitaba. Le tranquilizaba. Quería cuidar de Gypsy Rose. Pero su hija no lo necesitaba. No padecía ni asma ni leucemia ni distrofia muscular. No le hacía falta una silla de ruedas para moverse. Gypsy Rose no tenía la capacidad intelectual de una niña de siete años. Tampoco era alérgica al azúcar. Su saliva no pugnaba por asesinarla. Ni siquiera tenía 15 años. Era ya mayor de edad. Gypsy Rose estaba bien. Su madre la había convencido de que estaba enferma. Nada de lo que aparecía en su historial médico era real.

Los psicólogos que estudiaron el caso creen que Dee Dee padecía el síndrome de Münchausen por poderes. El trastorno hacía que la madre indujera enfermedades en la hija. La sentó en una silla de ruedas, le preparaba las dosis de medicación diaria, le provocaba operaciones de oído, le rapaba con frecuencia la cabeza. La debilitaba para poder cuidarla. Por la dependencia aseguraba la relación. Intentaba provocar el amor. Pero los médicos solo lo creen, lo estiman. No han podido comprobar sus hipótesis. El novio de Gypsy, mientras ella escuchaba en la habitación contigua, la asesinó.

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Sucedió en una zona residencial de Springfield, en el condado de Greene, Misuri, Estados Unidos. En su desembarco en la localidad arranca The Act, la miniserie de Starzplay que compacta la historia de las Blanchard. Salta al pasado tras insinuar el final de Dee Dee. The Act entremezcla los tiempos y solo a veces avisa. En ocho episodios de unos 50 minutos, la plataforma, disponible en Vodafone y Orange TV, Patricia Arquette cede su cuerpo a la perturbadora Dee Dee y Joey King, a la invalidada Gypsy Rose. Madre e hija visten, como la decoración de la casa a la que se acaban de mudar, de colores empolvados y suaves que solo saturan el horror que ocultan. La suya es la primera edición de un formato que refrescará su argumento, siempre enlazado al crimen real, cada temporada.

 

Esta es una feria de pelucas y un festival de los dientes falsos. Los de Gypsy, roídos por la malnutrición y la sobredosis de medicamentos, se caen. Parecen, dice un personaje, “queso suizo”. Ella cree que sus excursiones nocturnas a la nevera son las que le ahoyan las encías. Acaba de descubrir que su alergia es falsa y quiere recuperar, atracón mediante, el azúcar restringido. También las lecciones de maquillaje que perdió con el grupo de amigas que nunca tuvo y el beso que nunca ha dado. Los tutoriales de YouTube son su escalera a la vida adolescente. Pero hasta ahí, al principio, llega su rebeldía. No pretende alterar a su madre. A ella quiere obedecerla. Quererla. La sublevación es secreta.

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Mientras Joey King despierta y su voz, estirada como la de Marilyn Monroe en Los caballeros las prefieren rubias, agrava las palabras, Dee Dee conquista a su nuevo vecindario. Logra atraer a Mel, una Chloë Sevigny amoldada a su papel de madre de suburbio estadounidense, y a su hija Lacey, interpretada por AnnaSophia Robb. De niña, su cara había sido la de Violet Beauregarde, la mascadora de chicle dela adaptación de Charlie y la fábrica de chocolate protagonizada por Johnny Depp. De adulta, la cara de Robb había pasado por España a través de Blackwood, la película de terror juvenil de Rodrigo Cortés. Y repite en el género. Porque The Act, con sus hechos reales filtrados por la ficción que se le filtra a cualquier guion, hurga en el terror del amor mal entendido y la salud mental abandonada. Expande frente a la cámara la intimidad y el revés de una de las más altas traiciones: que un padre, la grúa de los niños al mundo, sea la mano que daña.

Del síndrome de Münchausen las víctimas suelen ser las madres. Ellas lo sufren y lo reflejan, por norma, en sus hijos. En Heridad abiertas, Gillian Flynn y HBO trastearon con la verosimilitud de la ficción. En The Act, se juega con la verdad. El material es más frágil. Lo narrado no cuenta con la aprobación de Gypsy Rose, ahora, y hasta 2023, en un correccional para mujeres por un asesinato en segundo grado. Hay detalles que se pliegan y disfrazan, como la identidad del doctor que sospechó por primera vez de la falsa salud de Gypsy. En la serie, una especialista en el sistema digestivo es quien comienza a investigar. En la realidad fue el neurólogo infantil Bernardo Flasterstein.

Pero en Heridas abiertas y en The Act, como en ¿Qué fue de Baby Jane?, la mujer, como personaje, se escribe en un todo. Reconocen y permiten su maldad. Las humanizan. (Y dan una pista elemental para la supervivencia holgada: una no debe fiarse demasiado de quien lleva una camiseta bajo un vestido de tirantes).

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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