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¿Quién es Anne, la más desconocida de las hermanas Brontë?

La pequeña de las hermanas Brontë escribió dos novelas antes de morir por tuberculosis a los 29 años. Su hermana Charlotte, sin quererlo, casi las mandó al olvido.

ANNE BRONTE CUADRADA CABECERA ESCRITORA
La escritora inglesa Anne Brontë. Foto: elaboración propia.

Creía Virginia Woolf que Anónimo era en realidad una mujer. Las obras sin autoría, decía, las firmaban a menudo ellas. Pero a veces ellas eran ellos. Renunciaban a su nombre y lo disfrazaban de hombre. Lo hizo Amantine Lucile Aurore Dupin, o sea, George Sand. Y lo hizo Mary Ann Evans, es decir, George Eliot, autora de Middlemarch. Casi cedió J. K. Rowling, que adelgazó su nombre por recomendación de un editor. Una mujer, le explicaron, no lograría vender libros de fantasía. Y lo hicieron, por completo, las tres hermanas Brontë.

Charlotte se hizo llamar Currer. Emily se rebautizó como Ellis. Anne optó por Acton. Todas desfiguraron su apellido. Mantuvieron solo la b. En el papel, las hermanas Brontë se apellidaron Bell. 

Anne casi se descolgó de la historia. De su hermana Charlotte fue la responsabilidad. No le convencía la última novela que había escrito. Y solo había firmado dos. La mayor de las Brontë le aseguró al editor de su hermana pequeña, nacida en Yorkshire en 1820, que la novela no era tan buena como pudiera parecer. El personaje no estaba bien escogido. Y la temática, eso de que parte del conflicto se centrara en la dependencia de una mujer con respecto a su alcohólico marido, quizá no encajaba del todo con el gusto de la época. La reimpresión del libro se frenó.

Y le había ido bien. Anne había logrado vender más que su hermana Emily, autora de Cumbres borrascosas. Con Agnes Grey, la pequeña de las Brontë reescribió su vida. Volcó en las páginas sus días como institutriz. Las rellenó entre clases y paseos a niños de familias adineradas. Ella, como el personaje que construyó, trabajó durante su juventud en dos casas. De la primera tuvo que alejarse. Con ellos había convivido durante cinco años. No consiguió controlar a los pequeños. En la segunda casa, la hija de Patrick Brontë y Maria Branwell logró conquistar cariño y modales.

La novela que se adelantó

LAS BRONTE
Para una serie de la BBC, Chloe Pirrie, Finn Atkins y Charlie Murphy encarnaron a las hermanas Brontë. Foto: Getty.

Antes casi había destruido el que sentía por su hermano. Lo invitó a trabajar con ella para su primera familia. Podría instruir al niño de la casa Robinson en materia musical. Acabó enamorándose de la madre. Y ella de él. Tras algo más de un par de años, el affaire acabó el hecatombe laboral.

Y hepática. Branwell Brontë se entregó al alcohol. A su hermana Anne le entregó una novela. La infló de inspiración. Moldeó el personaje principal de La inquilina de Wildfell Hall. Al villano. Branwell sirvió de relleno para Arthur Huntington, un joven caprichoso que retuerce la voluntad de su prometida, Helen, con ligues y burlas. Anne vertebró la novela, dividida en tres partes, sobre el maltrato psicológico. La crítica no celebró en exceso su publicación. El público, no obstante, la supo acoger.  

Anne casi no pudo defenderla. Con Agnes Grey, al menos, pudo enfrentarse a las críticas. Acusaban a la novela de cruel. Eran, decía, demasiado dura. Le había concedido excesiva vivacidad a las escenas más violentas. Para la autora, solo se había tratado de un copia y pega de la realidad. Las escenas que describía, como la de la lapidación de un pájaro a manos de una niña, las había transcrito de su experiencia como institutriz. 

La historia de Helen, protagonista de La inquilina de Wildfell Hall, llegó a las librerías en 1948 y su autora murió en la primavera de 1949. A los 29 años, había contraído tuberculosis.

 

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