¿Qué hay de mito (y de timo) en San Valentin?

Cuando se procura celebrar el amor (o los amores) en mayúsculas, la cosa se complica sobremanera. Pocos logran navegar las procelosas aguas del romanticismo sin naufragar.

SAN VALENTÍN MITO O TIMO GARCÉS
El amor romántico lleva sirviendo de inspiración al arte desde que el mundo es mundo. En la imagen, la obra Venus y Cupido, de Carlo Maratta.

Hay amores de consumo rápido y hay quien se consume rápidamente en amores. Hay amores de vía de sentido único, como también hay amores de vías de doble dirección. Hay amores de un solo carril sin marcha atrás como hay amores de cuatro carriles sin radar ni control de velocidad. Hay amores a primera vista y hay amores con miopía, que exigen graduación permanente. Hay amores de párvula boca y amores de dentadura postiza. Hay amores tan indestructibles como la soberanía nacional española y hay amores plurinacionales, tantos como naciones dicen algunos que hay en este país. Hay amores oficiales y amores oficiosos, amores de hoja perenne y amores de fruto caduco, amores continuos y amores fijos discontinuos, amores de temporada y amores de retirada. Son amores.


A San Valentín venimos, por ser nuestro patrón, con el permiso de San Fermín, cuyo manto protege de los cuernos de los encierros pero no de las cornadas del desamor y de la infidelidad, que, al fin y al cabo, cornamentas son. Cuando en el siglo III en Roma, el sacerdote Valentín desafió la prohibición impuesta por el emperador Claudio II de celebrar matrimonio entre los jóvenes, maridando y esposando a cientos de parejas de enamorados entre sombras de catacumba, no podía pensar que muchos siglos después, se convirtiese en santo patrón de los consumidores del amor formal por un día. Patrón de consumo en los tiempos actuales del poliamor, donde los regalos se multiplican al compás de los amores on line del chatismo 5G.


Hace algunos años, en un viaje a un país del Este de cuyo nombre no quiero acordarme para evitar problemas extemporáneos a alguna pareja reconocible, quien me acompañaba, hombre de dilatada carrera profesional y reconocido prestigio nacional, me pidió que le ayudase a comprar un regalo para el inminente día de San Valentín. Mi despreocupado amigo dio en comprar unos caballos miniaturados de cristal que atentaban contra el más rudimentario pudor estético. Pero como mi ética de la amistad me lleva a mentir despiadadamente le aseguré, con la franqueza del converso, que su mujer iba a disfrutar del regalo. "Nunca le digas a mi mujer que he comprado un regalo. No es para ella". Huelga decir que nunca dije nada y que, como tantos otros, soy depositario de secretos de media pensión y de alcoba foránea, así como soy displicente con ellos porque he tomado la firme decisión de no juzgar a nadie, más que a mí mismo y con conmiseración. Y que nos juzgue el pájaro espino o toda la corte celestial el día del Juicio Final. Solo habrá que esperar que el procedimiento de la curia no dure cinco años como en la justicia terrenal porque el purgatorio no aguanta a esta banda de pendejos y tiralevitas. 

Amor patrio 

Los españoles, que somos entregados en la causa de importar y asimilar los usos anglosajones del consumo de los Tíos Sam y Ford, nos solazamos en el festín de compras, pues son casi cinco millones los españoles que van a hacer un regalo a su pareja en el día del amor, sea lo que sea o quien sea su pareja. Si bien la dinámica de consumo de masas incorporó a la tradición mercantilista el mito de San Valentín durante la Belle Epoque, en la antesala de la Primera Guerra Mundial, y a partir de la producción de tarjetas de amor de la compañía Hallmark, no fue hasta los años 40 en los que la costumbre se introdujo en la España asidua a otras tarjetas, las de racionamiento. Y fue a través de Galerías Preciados con el objetivo entonces de hacer la competencia a El Corte Inglés. Amor preciado en tiempos de inhumaciones y de seriales de radio de amores francos. Los mismos que comenzaron a celebrar las rebajas en los eneros de la Arcadia anterior a la niña Greta, cuando los mamuts inauguraban pantanos y los niños de familia numerosa se bañaban juntos una vez a la semana. 


Seis de cada diez españoles aseguran que harán algún tipo de celebración, ahora que ya no se lleva lo del salto del tigre si es que alguna vez alguien ha practicado tamaña contorsión desde un armario. Un dato demoledor de cómo crece la intensidad económica del amor de ida y vuelta es que el presupuesto de los españoles para 2019 se va a situar en una media de 110 euros, alcanzando ya al club selecto de los países valentinianos por excelencia como Estados Unidos, Reino Unido o Francia. Y al amor por la sinceridad. O no. Porque de acuerdo con una reciente encuesta, una de cada diez parejas ha llegado a discutir en esa fecha por no acertar con los regalos. Y es que a determinados años la lencería fina de ángeles de talla imposible no es receta para cuerpos esculpidos por la gastronomía nacional, del mismo modo que hay colonias que se antojan hedores más que amores porque concilian muy mal con la roña del caballero de insigne higiene pendiente. Y es que, a pesar de que un tercio de la población compradora opta por un regalo con toque sensual, se corre el riesgo de que el bóxer o la braguita brasileña sobrevuelen el espacio aéreo doméstico sin torre de control.

 

Decirlo con flores

Durante el Día de San Valentín, las compras de flores se incrementan un 211 por ciento más que la media diaria del mes bisiesto, y, en aras de la desigualdad, los hombres aumentan su gasto respecto a la media diaria en dicho mes en un 260 por ciento frente a las mujeres, cuyo incremento asciende al 76 por ciento. Cierto es que a flores vencen Todos los Santos, que son una selección de santidades frente al bendito San Valentín, así como también se incrementa en un 60 por ciento la venta de bombones, un 5 por ciento la de fresas y un 20 por ciento la de productos de bodega como vinos o cavas. Y, por supuesto, un viaje a ninguna parte como la carta de amor de Serrat a Lucía. Eso era amor y lo demás, timos de temporada. En época de rebajas y con el freno y la marcha atrás, es lo que tiene el amor. Feliz Día de los Enamorados.                                              

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