Entrevista

'Buenas noches', de Santi Isla, es la novela con la que llegarás, de un golpe, a la fase 4

El agallegado madrileño se estrena en la literatura. Con 'Buenas noches', el vocalista de Chelsea Boots aterriza, con elegancia, en las librerías.

Santiago Isla, retratado por Pablo Alzaga
Santiago Isla, retratado por Pablo Alzaga

Santi Isla es nombre de remordimiento. Sale de la oficina y se pone a trabajar. En su tiempo libre hay una fábrica. O un taller. Compone canciones, entradas de un blog de ABC o un libro. Buenas noches (ed. Círculo de Tiza) ha sido el primero. Un veinteañero camina por Madrid. Desde Justicia llega al Templo de Debod, escudriña el barrio de Salamanca y toma una cerveza en Chamberí. En Francia comienza su figura, la del flâneur, paseante baudelairiano que "busca suspender su propia conciencia con la ciudad como escaparate", y en Francia su personaje se hace persona. Acaba en París. Quiere rasparse las heridas. El personaje se despega del escritor. No tiene nombre. Anda trastabillando con el recuerdo de Jane. Ella es medida y es fin. Buenas noches es un microscopio sobre Madrid y un filtro sepia. El protagonista se indigesta de pasado, se atiborra de nostalgia. Sedentarismo del alma. ¿Revela cobardía? "Muchísima. Con moderación, es una forma agradable de pasar el rato. Si te pasas, paraliza".

 "La conciencia de uno mismo no es un tema de clase, sino de reflexión y honestidad. Es cierto que, cuando se dan por hecho los privilegios, uno ni se los plantea"

Isla aún no ha cumplido los 26. Nació en Madrid y se crió en Galicia. "Al regresar con 17 años sí que experimenté en cierta manera esa sensación de libertad. Hay algo en Madrid que invita a ello. Creo honestamente en el madrileñismo, no como un costumbrismo rancio, sino como un abrazo sincero a todo aquel que venga de fuera. No es una ciudad perfecta, pero es emocionante y vital".

Pasea el protagonista y pasean, por los párrafos, poetas y escritores. Son vecinos, en página, de Kendall Jenner. "La erudición me aburre. Sus nombres se mencionan una única vez, quizás recordando una impresión". La frivolidad, por su parte, "no tiene fin. En su justa medida, es una forma de reírse un poco del absurdo que rodea la vida. Yo asociaría la frivolidad al sentido del humor, por eso pasarse de frívolo es como pasarse de gracioso". El protagonista se ríe de sí mismo, que es, también, reírse del escritor. En su espejo, un niño bien. "La conciencia de uno mismo no es un tema de clase, sino de reflexión y honestidad. Es cierto que, cuando se dan por hechos los privilegios, uno ni se los plantea". Los hombres enérgicos, escribe, no pueden estar tristes. No tienen tiempo para ello. Él esquiva la tristeza "leyendo, escuchando, viendo". Personaje y escritor buscan la belleza de la gran obra de arte, la que maravilla y puentea los siglos. Buenas noches acaba en el Museo del Prado tras pasar por la Gran Vía, que, por sus luminosos, podría ser hoy cualquier otra avenida capitalina. "La globalización implica homogenización. Pero esas mismas tiendas son distintas: nada más salir de ellas, en Londres huele a humedad, en Nueva York a fritanga y en Madrid a bocata de calamares. Aún no hemos perdido la identidad ni los sabores propios". Resiste la particularidad en las calles. A los micrófonos, el primogénito del CEO de Inditex.

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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