¿Por qué es esta novela la favorita de tantas 'celebs'?

La novela de un Nobel de Literatura parece ocupar las mesitas de noche de famosas nacionales y 'celebrities' internacionales. Y sabemos cuál es.

Podría leer manuales de espiritualidad oriental o, como algunos años atrás Hailey Bieber aseguraba hacer, picotear pasajes de la obra Sigmund Freud. Pero entre desfiles de la semana de la alta costura, Kaia Gerber paseó con la novela de un Nobel de Literatura. La modelo, con gafas de sol, melena con efecto mojado y chaqueta gris marengo, cambió de backstage con Mario Vargas Llosa debajo del brazo. No era la última de sus novelas, Tiempos recios, ni la que llevó su nombre a los manuales de literatura, La ciudad y los perros. Gerber cargaba con una novela de amor. La hija de Cindy Crawford parecía estar leyendo entre carruseles de moda Travesuras de la niña mala. En inglés, The Bad Girl.

La actriz Sara Sálamo, protagonista de Brigada Costa del Sol, ya había dicho que la de Mario Vargas Llosa era una de sus novelas preferidas. Llegó a vestirse de ella. Blazer negra, la novela en el interior. El diseño era de Tamara Falcó. La ganadora de MasterChef la puso a la venta en la segunda temporada de su línea de ropa, TFP. Camiseta blanca con un rectángulo rojo. Título arriba, nombre del autor abajo. El día de la presentación a la prensa, ella también la combinó con una chaqueta. Fue una de las pocas que lo pudo hacer. Tras solo unos días disponible en la web de la socialite, la camiseta se agotó. La versión sartorial de la novela del premio Nobel, novio de su madre, Isabel Preysler, consiguió que todas las existencias abandonaran el almacén.

Pero ¿de qué va?

La premisa, desnuda, ya se ha contado. Chico conoce a chica y, destinados, se encuentran y persiguen por todo el globo terráqueo.

Ricardo encuentra a Lily en Perú. En el barrio de Miraflores, el niño se enamora “como un becerro” de una niña que bailaba “sabroso” y tenía acento chileno.

Y así se quedó en su memoria. En su pasaporte, si lo tenía entonces, figuraba solo Perú. Ni su acento ni su nacionalidad eran de Chile. Lily había conseguido engañar a todo el barrio de Miraflores. 

Él y ella lo dejan atrás. Ricardo parte a Francia y se instala en París. Quería ir Chez Allard, en la calle de Saint André des Arts, para sentarse a la mesa a la que una vez vio sentado a Pablo Neruda. Antes pasa las noches frente a la puerta de un restaurante mexicano, esperando a que su amigo Paúl le saque, a escondidas, los restos de la cena.

Ed. Alfaguara llosa
Ed. Alfaguara

Una noche le saca guarnición extra. Ahora él necesita su ayuda. Los jóvenes a los que Paúl ayuda a llegar a Cuba para unirse a la revolución precisan de guía por la capital francesa. Ricardo se debe ocupar de tres chicas: las camaradas Ana, Eufrasia y Arlette. Y a la tercera, está convencido el peruano, ya la ha visto antes.

La novela arranca y La chilenita vuelve a desaparecer. Ella nunca tiene nombre. En cada aparición, su identidad muda. Lo hace en París, lo hace en Londres, lo hace en Tokio y en Madrid. Recorren el globo y Vargas Llosa, con facilidad abrumadora, repasa la historia del siglo XX. Ella, para Ricardo, establecido en París, ocupado con trabajos de traducción e interpretación, es la niña mala.

La idea del amor romántico, la de la mujer que espera a que el hombre la libere del tedio vital, no se da aquí la vuelta. Enseña otra cara. La protagonista de Travesuras de la niña mala no espera. No tiene paciencia ni ganas. En la novela de Vargas Llosa, al amor romántico se llega por la imaginación. La de la mujer idealizada, inasible, casi etérea. Le quita el polvo y saca brillo al mito de Apolo y Dafne. En vez de convertirse en un árbol del laurel, la niña mala entrega una felicidad maldita, un éxtasis caducado.

¿Cuál es el momento para leerlo?

Si tienes más de 24 años, ya. Por su estructura, es un libro de fin de semana y de metro, pero, por su estilo, se disfruta mejor sin advertencias de voces automatizadas desde los altavoces. 

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