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13 lecciones que aprendimos (o recordamos) con Mujeres Desesperadas

Como una oda a los tacones de Louboutin y a los sprays limpiadores, Mujeres Desesperadas revolucionó la pequeña pantalla en 2004. El soap opera estadounidense, que nos recordaba con un sabor agridulce a Sexo en Nueva York, enamoró a todo el planeta a lo largo de sus ocho temporadas por su misterio, su glamour y su gran sentido del humor.

Cuatro heroínas, distintas pero muy unidas, respondían en principio al arquetipo de la perfecta ama de casa, plenamente dedicada a su esposo y sus hijos, reflejando en permanencia una imagen exageradamente estereotipada. ¿Qué nos demostró la serie? Que estas mujeres (que no solo conocemos en el ámbito de la ficción) tienen una vida que no les agrada tanto como parece. Cada una de nosotras se pudo identificar con Susan, Lynette, Bree y Gabrielle en algún momento precisamente por la normalidad que emana de ellas. Son las anti-heroínas por excelencia, mujeres “desesperadas”, como reza el propio título de la serie, que tienen sueños y esperanzas que van más allá de su césped perfectamente cuidado. Sus vidas podrían ser en cierta medida las nuestras, y es una de las razones de su triunfo. Entendemos cómo se siente cada una de ellas. 

Alimentada por una trama pasmosa en cada temporada, la serie nos sorprendió también por sus inesperados giros, nebulosos misterios y una buena dosis de ironía picante que siempre nos extirpaba alguna sonrisa. Ayudada por actores de primer nivel (mención especial a James Danton, que muere con mucha dignidad en uno de los últimos capítulos de la serie y a Teri Hatcher, por su increíble reconversión de  Lois Lane a Susan Mayer), Mujeres Desesperadas dio un paso más en el cambio de percepción de la mujer y de su papel en la sociedad. 

Aunque algunas series nos volvieron a conmover desde entonces (Devious Maids del propio creador de la serie, Marc Cherry, tenía una receta parecida, cuatro mujeres y mucha picardía), es sin duda alguna una de las tragicomedias televisuales que más echamos de menos. Repasamos con emoción y mucho cariño lo que nos aportaron o recordaron Susan, Lynette, Bree, Gabrielle y todos sus allegados.