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Todo está escrito: series basadas en novelas

Es una comparación querida. De las pocas que se buscan. Se espera. No es necesario excavar hasta ella. A mí me gustó más la novela. Le sienta bien el corte en episodios. ¿Pero voy a tener que leerme antes el libro? Subirá a la superficie en forma de tuit, hashtag, titular y comentario en la cola de la cafetería.

Todos lo conocen. Casi todos. Quien no lo ha leído ha viajado en metro con la portada vigilándole desde el asiento de enfrente. El libro que se convierte en serie tiende a haber sido best-seller. O uno de ventas notables. Las suficientes para contar con un colchón de lectores. Es uno de los requisitos para sacar un libro de la biblioteca, llevarlo a Hollywood y regresar con un contrato en la mano. Establece la presunción de audiencia. Garantiza espectadores y polémica. Facilita el marketing. Adaptar una novela supone, a simple vista, un riesgo controlado. No debería salir algo malo.

Las series adaptadas de novelas nacieron, por supuesto, en la tele. Benito Pérez Galdós saltó a TVE en 1980 con Fortunata y Jacinta. En Estados Unidos, Homicide: A Year on the Killing Street, basada en un libro de David Simon, allanó en 1993 el camino para The Walking Dead y Juego de Tronos. Pero el hábitat natural de la serie adaptada es, hoy en día, el on demand. Por sus antecedentes, logra destacar en el intergaláctico catálogo de los servicios de streaming.

La trama está cocinada. Apenas falta trasplantar el alma de los personajes a un cuerpo. Pero la carne es débil. La esencia corre el riesgo de aguarse. Y la televisión de arco, como bautizó Adam Kirsch al estándar de complejidad definido por Los Soprano, no tolera deslices. Se recurre a nombres conocidos que eclipsen cualquier patinazo. El de Selena Gomez nubló la promoción de Por 13 razones, la novela de Jay Asher convertida en serie de Netflix. Ella era la productora. Como lo será Meryl Streep de la adaptación de The Nix, de Nathan Hill. También la interpretará. Amy Adams se pondrá frente a la cámara en Heridas abiertas, la novela de Gillian Flynn. Autores y actores consagrados se alían. Daniel Craig protagonizará Pureza, la novela de Jonathan Franzen. Elisabeth Moss ha encarnado a Offred, la heroína de El cuento de la criada, de Margaret Atwood, en la adaptación de Hulu y HBO. La mayoría se están estrenando, o regresan, en 2017. Y no es un boom. Aquel estalla y se disipa. Este, salvo catástrofe o spin-off, durará lo que duren los libros. Es un sarpullido.

El ya institucional Netflix rescata Una serie de catastróficas desdichas (escrita por Danie Handler tras el seudónimo Lemony Snicket) y rehace Ana de las Tejas Verdes (novela redactada por la canadiense Lucy Maud). En HBO, sigue con la penúltima temporada de Juego de tronos y la final de The Leftovers, vecinas de Big Little Lies (Pequeñas mentiras). Hasta que la BBC estrene Luces del norte y El canto del cuco, los domingos son para American Gods.