¿Por qué se dice que cada año los judíos raptan a un niño para crucificarlo?

Cada Semana Santa, la historia de un asesinato se refresca en las lenguas y los oídos de los mayores de lugar. Aseguran que los judíos han raptado a un niño. Quieren, dicen, crucificarlo. El escritor Mario Garcés explica la leyenda del Santo Niño de La Guardia.

Suele resurgir en Semana Santa. El Viernes Santo es su día. Se cuenta que los judíos raptaron a un niño. Querían, dicen, crucificarlo como fue crucificado Jesucristo a los 33 años. Se trata de una historia vernácula que aparece registrada en 1255 en el Código de la ley de las partidas, de Alfonso X el Sabio, En la tradición cristiana se ha mantenido la creencia de que la crucifixión de un niño es costumbre heredada entre los judíos. 

En el año 1492, con la expulsión de los judíos no bautizados de España, la razón estuvo en una causa judicial de la que se ocupó Tomás de Torquemada. Provocó revuelo y cuchicheos. Unos años antes, en 1489, tiene lugar en Toledo, como cada año, el día del Corpus Christi. Junto a la Puerta del Perdón de la catedral manchega, aseguraban, un niño desapareció. El Tribunal de la Santa Inquisición se dispuso a investigar el caso. Detuvieron a dos judíos y a seis conversos. Tras los interrogatorios, llegaron a una conclusión: los conversos se habían hecho con el niño con la intención de crucificarlo. Con la mezcla de su sangre depurada y de una hostia consagrada, decidieron los miembros del tribunal, los sospechosos pretendían elaborar un bebedizo que intoxicara las fuentes de las que bebían los oficiales inquisidores. El propósito, por supuesto, era acabar con ellos. Parecía, reflexiona Garcés, un guion. Y probablemente lo fuera.

Tras las torturas, los ocho detenidos, como Yosef Franco, confesaron sus intenciones. Aseguraron que cometieron los actos para cumplir con órdenes de rabinos. Algunos confesaron que el cuerpo del niño desaparecido se elevó, por ser la reencarnación de Jesucristo, a los cielos. No aparecía en las cuevas de La Guardia, donde, dijeron, lo había encerrado. Y allí lo habían dejado, explicaron, por el parecido del paisaje con el de Palestina. Cada uno de los ocho implicados había interpretado un papel correspondiente a los personajes presentes en el momento de la crucifixión. Con Judas y Pilatos en el guion, los detenidos hicieron el teatrillo. Los ocho judíos fueron ejecutados por orden de la Santa Inquisición.

En 1491, dos años después de su inicio, la causa llegó a su fin. Fue el procedimiento que alentó, con sus motivos jurídicos, la expulsión de España de los judíos no bautizados. Y en realidad sus bases eran dos: el sacrilegio del empleo de la hostia consagrada y el asesinato del niño desaparecido. En ese orden.

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