Lorenzo Caprile: 'Vestir bien es que no te den un puñetazo en el ojo'

Las formas y los colores se deberían adaptar al cuerpo, pero qué va a decir él. Estos son tiempos fluidos. Con motivo del estreno de 'Downton Abbey: la película', el diseñador Lorenzo Caprile reflexiona sobre la ropa de los años 20, la moda de masas y qué diantres significa vestir bien.

Rara es la semana, dice Lorenzo Caprile, en la que no entra una novia en su taller y pide un vestido estilo “Downton Abbey”. Lo quiere fluido, ligero, que no encorsete la cintura, que difumine las formas. Si la idea se convierte en boceto, junto al papel habrá encaje y tejidos vaporosos, seda, organza o chifón. Quizá se cubra la cabeza con un velo lamido al pelo.

Al estilo de los años 20 se engancha el vestuario de la película. Las perchas de los vestidos de Lady Mary se ponen al frente. La mayor de las hermanas Crawley luce en Downton Abbey: la película los diseños que, de un vistazo, el ojo menos entrenado puede identificar con la segunda década del pasado siglo. Su melena, de puntas perfiladas, se encaja entre los pómulos y la mandíbula. Sus cinturillas se han difuminado. Se han caído hasta las caderas. Como ya había hecho en las seis temporadas de la serie, cierta androginia gobierna el vestuario de Michelle Dockery. Ella pone un pie fuera de la abadía. Trae el estilo de las flappers, las mujeres que en los 20 usaban falda corta y, sin corsé, salían a bailar, a la pantalla.

Antes, señala Caprile, la ropa era una valla. Delimitaba las clases sociales. La moda era la frontera entre estamentos, una línea continua entre estatus. Hoy, su masificación ha logrado homogeneizarlas. Las clases, vistas desde afuera, con alguna dioptría de miope sin corregir, fingen ser solo una. La falsificación se confunde con la pieza real. Ni siquiera quienes trabajan con ellas logran distinguirlas. Los símbolos se han vaciado. Ahora que fluye, son solo objetos. Tal vez la forma en la que la ropa delimite clases de nuevo, intuye, tenga que ver con su proceso de producción. Serán las firmas que cuiden su sostenibilidad, aquellas que aseguren cuidar del medioambiente y de sus trabajadores, aquellas con el sello de lo eco, las que distingan de nuevo los armarios.

Al borde del 2020, aventura el diseñador, nos vestimos para jugar. Las zapatillas de deporte y las sudaderas pasan con respeto por los despachos. No se sabe si una va al gimnasio, a una entrevista laboral o de regreso de una prueba médica. Queremos, sospecha Caprile, que nos entretengan. Necesitamos estar cómodos. El engalanamiento de un vestuario como el diseñado por Anna Robbins para Downton Abbey: la película no puede adaptarse ni a la rutina de oficina y metro ni a nuestras aspiraciones de sofá y festival.

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