La razón por la que Ramón y Cajal apretaba el puño en las fotos

Mario Garcés, político, jurista y escritor aragonés, pesca las anécdotas de la vida del Nobel de Medicina y las pone a la vista.

 

Con 21 años, Santiago Ramón y Cajal ya era médico. En la universidad de Zaragoza, el navarro, nacido en Petilla de Aragón, había completado su formación académica. Casi no le dio tiempo a ejercer. Con la Primera República aún de fondo, fue llamado al servicio militar. Era obligatorio y él, apto. Salió bien: en unos meses, las oposiciones al Cuerpo de Sanidad Militar lo convirtió en teniente. Duró poco en España. La guerra de la independencia lo mandó al otro lado del océano. En La Habana se le secaron los músculos. Las condiciones climatológicas lo debilitaron. Volvió a casa escuchimizado, desnutrido y enfermo. La malaria lo había anulado.

 Y eso que llegaría a convertirse en un protoculturista. Todo por un pulso mal perdido. Lo cuenta Mario Garcés. El político, jurista y escritor aragonés pesca las anécdotas de la vida del Nobel de Medicina y las pone a la vista. Ya tiene el ex Secretario de Igualdad práctica en la excavación biográfica. En 2015 ya había calentado la muñeca con Episodios extraordinarios de la Historia de España y, tres años más tarde, ahondó en la crónica histórica con Historias de España que nadie te había contado. En el segundo, selecciona personajes del olimpo historiográfico español y los aliña con las anécdotas que los humanizan. Garcés los baja del podio para que caminen por la calle.

Las buenas historias, lo saben los buenos escritores, se definen en los detalles. La narración se sujeta por las chinchetas de los gestos. Los personajes se revelan en las anécdotas. Como, recuerda Garcés, la del puño siempre cerrado de Ramón y Cajal. En la mayoría de sus fotografías, señala, el científico aparece con la mano encogida. La aprieta sobre las piernas. Pero no está frustrado. Tampoco impaciente ni conteniendo las ganas de incrustar un revés en la mejilla del fotógrafo. El fotógrafo es él. En la mano que aprieta, el navarro sostiene el dispositivo que activa la cámara fotográfica. 

A Ramón y Cajal, cartógrafo del sistema nervioso, le fascinaba la fotografía. Antes de la treintena, tras toparse con una comitiva que capturaba la luz en la Capilla de Santa Teresa, en Huesca, el Nobel ideó un sistema de placas con el que consiguió reducir el tiempo de impresión. El resto de sus anécdotas, y del papel de burbuja de tus cenas de verano, bajo el botón de play.

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