¿Cómo se conduce un coche eléctrico?

Los modelos electrificados llegan para quedarse. El futuro será limpio, con cero emisiones, y silencioso. Y aunque con diferencias sustanciales, éstas no son tan llamativas a la hora de conducir respecto a un coche diésel o gasolina. ¡Te lo contamos!

Ya hay mucha gente que ha tenido acceso a conducir un coche eléctrico, el futuro de la movilidad, ya sea a través de una de las empresas de carsharing disponibles en las grandes ciudades de nuestro país, de un conocido que ya posee uno, o incluso de algún concesionario por curiosidad. Pero para todos los demás que quieren conocer más a cerca de esta ecológica tecnología y todavía no han tenido su oportunidad, este es el momento.

¡Sencillo! Lo habitual, la primera vez, al encender el motor mediante el botón de arranque, es volver a pulsarlo de nuevo pues "el coche no ha arrancado". Ah, ¡que es un eléctrico! Y es que al ponerse en marcha no hay sonido alguno ni vibraciones que nos indiquen, como estamos acostumbrados, que el motor ha tomado vida. Nos fijaremos en la instrumentación, donde la palabra "ready" (listo), en verde, nos indicará que el coche está listo para insertar la velocidad y arrancar.

¿Se conduce igual un coche eléctrico que uno tradicional?

Joven conduciendo un coche
Foto: Opel

Pues sí y no. Un coche eléctrico muestra unos fundamentos diferentes a la hora de entregar su potencia y reacciona al acelerador de una manera inmediata. Es decir, notarás su "alegría" al acelerar gracias a su cambio automático de una sola velocidad. Así que también te podrás olvidar de cambiar de marchas. Por lo tanto, estos detalles no implica dificultad alguna respecto a un motor de gasolina, todo lo contrario; solo acostumbrarnos a una respuesta diferente al acelerar para graduar la entrega de potencia y realizar una conducción más eficiente, suave y uniforme

Es más, esa respuesta inmediata, que al principio te sorprende, es una de las peculiaridades más apreciables en un eléctrico. Disponer de todo el par máximo desde el primer momento le hace imbatible en aceleración en los primeros metros, algo que siempre buscamos a la hora de salir de una rotonda o al adelantar, por ejemplo. Pero enseguida se obtiene el tacto al acelerador y se suaviza la respuesta, dosificándola a nuestro gusto. Una sensación gratificante al volante que también supone un plus en seguridad, pues esa rápida reacción al conducir un coche eléctrico está continuamente presente, incluso en carretera siempre que haya margen hasta alcanzar la velocidad máxima. Eso sí, está limitada en casi todos los eléctricos para gestionar su autonomía máxima, es decir, para priorizar cuánto recorremos y no a qué velocidad.

Funcionamiento silencioso del coche eléctrico

A la hora de conducir un eléctrico, disfrutarás de su silencio y ausencia de vibraciones, lo que se traduce en confort de marcha. Y este silencio interior también se percibe en el exterior. Cuando se acerca un coche eléctrico no se escucha su llegada, una de sus virtudes en la búsqueda de soluciones de sostenibilidad para nuestras ciudades. Pero ello implica a la hora de conducir por entorno urbanos debamos de tenerlo en cuenta. Además de la vista, al movernos, también nos guiamos por los sonidos. Al cruzar una calle, ya antes de mirar, sabemos que se acerca un coche por el sonido que emite el motor, con lo que no cruzaremos; pero un coche eléctrico "no avisa". De hecho, ya algunos eléctricos disponen de un modo seleccionado desde el interior por una tecla, para emitir un pitido intermitente que sirva de aviso de que estamos ahí. Se valora que en el futuro, cuando el número de vehículos eléctricos crezca en nuestras urbes, sea obligatorio incluir este dispositivo.

Frenada regenerativa de los coches eléctricos

Coche eléctrico
Foto: Opel

Otra de las diferencias que encontraremos al conducir un coche eléctrico, está en las características de su frenada. Los modelos eléctricos disponen de freno regenerativo, lo que significa que cuando tocas el pedal del freno, además de parar el coche, también se aprovecha la energía cinética generada para convertirla en energía eléctrica que sirve para recargar la batería. Por ello el tacto es diferente y requiere acostumbrarse a él, incluso porque a veces puede tardar más en frenar de lo que creemos. 

Ahorro y eficiencia

En un vehículo eléctrico, teniendo en cuenta las referencias mencionadas, dinámicamente, aunque con sus peculiaridades consecuencia de las características del motor, no hay grandes diferencias desde detrás del volante. Todo es sencillo en un coche eléctrico: acelerar y frenar, con un comportamiento que no tiene que envidiar al de un coche de combustión equilibrado. El coche eléctrico, a consecuencia de las baterías, tiene un peso superior, pero la rigidez de sus chasis y una puesta a punto específica de las suspensiones, lo filtra con efectividad en la mayoría de coches eléctricos de última generación. 

Además, a la hora de conducir un eléctrico optimizaremos nuestra conducción gracias a la información que muestra en los paneles centrales del coche y el navegador, ya que ayuda a gestionar al máximo la autonomía y controlar los puntos de recarga. Y priorizaremos también el ahorro con el modo ECO, con el que podrás conducir respetando al máximo el consumo. Sabemos lo importante que es cuidar de tu bolsillo.

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