Todos los días son el día del chocolate: la ruta (exprés) más dulce de Madrid

Dicen que el chocolate estimula la memoria, que rebaja el estrés y contribuye a la salud cardiovascular. Con esta ruta por Madrid, solo buscamos una cosa: endorfinas. Un día es un día. Aunque aquí haya para todos los días. El lunes, cuestión de salud, descanso palatal.

ruta del chocolate palmera duquesita
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Dicen que el chocolate estimula la memoria, que rebaja el estrés y contribuye a la salud cardiovascular, que anima al corazón. Los polifenoles, explican, son los responsables. Lo más probable es que en esta ruta te cruces con pocos polifenoles. El chocolate de repostería, a menos que lo especifique, contiene más manteca que cacao. Quien busque un chocolate sin mácula deberá acudir a Cacao Sampaka, en la calle Orellana, o a la bombonería Santa, en Serrano, o a los últimos estantes de Lindt, en la calle Fuencarral. Quien quiera cuidar su salud cardiovascular, a El Retiro a pasear. De esta lista solo se saldrá con endorfinas.

La palmera de chocolate de La Duquesita

Su capa de chocolate tiene el grosor de una placa tectónica. Lo es. De la felicidad. El chocolate aquí apenas roza el hojaldre, agrietado y listo para partirse como hebras. Una película de caramelo, finísima, los separa. A las dos capas y a la definición de una palmera. Por su generosidad, esta, obra de Oriol Balaguer, se disfraza en ocasiones de tableta de chocolate crujiente.

Las napolitanas de chocolate de La Duquesita

No hace falta salir del número 2 de la calle Fernando VI. Solo hay que cambiar de mostrador. Estas napolitanas hidratan los labios. La mantequilla se encarga de hacerlo. En el exterior, el hojaldre es crujiente, como un cristal comestible. En el interior se refresca. Es tierno. No pesa. Puede combinarse con una palmera. En la misma merienda.

La tarta de chocolate intenso de Carbón negro

Al nombre de Carbón negro, en el número 37 de la calle Juan Bravo, le cuelgan tres especialidades: brasas, bloody mary y tarta de queso. Están a punto de colgarle cuatro. Su tarta de chocolate negro ya da golpecitos en la puerta. Sabe que es complicado que en Madrid otra logre la sencillez y excelencia de su receta. No la acompañan helados presuntuosos con ingredientes fletados desde los trópicos. De la cocina llega a la mesa solo una tarta, desnuda y completa. Si un coulant suave tuviera cuerpo, alargado y compacto, sería el de esta tarta.

El sorbete vegano de chocolate negro de Popota

El cruasán debería barnizar de grasa los labios. El helado, nunca. La grasa, para que el helado sea un gran helado, debe ser mínima. La crema debe poder deshacerse contra el paladar, debe hacerse casi líquida. En Popota, en la calle Carranza, 9, el sorbete vegano de chocolate desaparece casi al tocar la lengua. Es denso y ligero e intenso. Hace funambulismo entre el placer y la conciencia limpia. Llega con sobresaliente a la otra punta de la cuerda.

La tarta de chocolate sin harina y con frambuesas de Las tartas de Zarina

El bizcocho, cuando se redondea, echa a correr. A correr riesgos. El primero, el de secarse. María Parejo, cerebro y manos de Las tartas de Zarina, lo esquiva. En su tarta de chocolate sin harina de trigo y con frambuesas, el interior se mantiene tierno y húmedo. Esto no lo vas a poder comprobar en un restaurante ni en una cafetería. Sus tartas solo se sirven a domicilio. Necesitas avisar con 24 horas de antelación para tenerla en tu mesa.

La tarta ¡Feliz cumpleaños! de Larrumba

La tarta del antojo y el arrebato. El camino del regreso a la infancia está enladrillado con galletas mojadas en leche recubiertas de chocolate. Los botones son el extra, un AVE sin paradas a los siete años. ¿Lo mejor? Que está presente en la carta de todos los restaurante del grupo Larrumba. O sea, que te vas a topar con una porción, ya cortadita, nada más girar la esquina. Cualquier esquina.

Charo Lagares

Charo Lagares

Iba para registradora y le dio por pensar que el dinero no daba la felicidad. Ahora quiere ser como Dorothy Parker. Solo ha conseguido sus ojeras.

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