Abu Dabi, metrópoli de contradicciones

Con una mezcla perfecta de mezquitas y rascacielos, mar y desierto, la capital emiratí se debate entre la tradición y la modernidad, pero que ya no vive a la sombra de Dubái. Descubrimos por qué merece la pena visitarla.

Destino: Abu Dabi, metrópoli de contradicciones

Como su hermano mayor, Dubái, el origen del crecimiento de Abu Dabi está en el petróleo. Pero la ciudad ya no quiere vivir solo de un recurso limitado. Los Emiratos Árabes Unidos fueron unificados en 1971 por iniciativa de este emirato y su jeque Zayed, respetado padre de la patria con 5 esposas, 19 hijos y 14 hijas. Su moneda, el dirham, nació dos años después, y desde entonces se mantiene fuerte y fijo el cambio. En teoría no se devalúa, lo que estimula las inversiones extranjeras. Además de rascacielos, buenos hoteles y centros comerciales, la ciudad tiene un perfil más cultural y abierto que sus vecinos. Fátima, la mujer favorita del jeque, tiene buena parte de culpa por su interés en la política, la educación (la ciudad es sede de varias universidades internacionales, de la Sorbona a la New York University) o la sanidad (Cleveland Clinic tiene sucursal aquí, y el gobierno proporciona gratuitamente controles para el cáncer de mama). En 2015, se celebraron por primera vez elecciones en cuya campaña había fotos de mujeres. La participación fue baja y solo una fue elegida: las cosas de palacio van despacio.

Normalmente, las mujeres se suelen vestir con abaya (que las cubre enteras) o con shayla (pañuelo). El negro es uno de los colores elegidos porque tapa más y porque el tinte es más barato. En la universidad existe un grado de diseño de abayas, y hasta Versace lanza colecciones de estas prendas. Es palpable una discriminación positiva con las mujeres bastante paternalista. Por ejemplo, con las multas de tráfico (son más permisivos con ellas) o para priorizar en las colas de, pongamos, el banco. Existen taxis para mujeres conducidos por mujeres, y playas con zona femenina. Como es sabido, ellas se arreglan más para estar en casa (en el país no falta ninguna gran marca internacional). Pero ellos no se quedan cortos. Se cambian tres veces al día y no pueden vivir sin pedicura ni tratamientos faciales. Las barberías abren hasta la una de la madrugada para que uno se pueda acostar arreglado. 

Innovación y cultura

Destino: Abu Dabi, metrópoli de contradicciones

Las marcas tienen un papel crucial en los avances en materia de innovación, educación o cultura y entretenimiento que el emirato está experimentando. Etihad, la aerolínea de bandera de Abu Dabi, es aquí motivo de orgullo nacional, una especie de marca-país. Se implica en la vida cultural, deportiva y social de la ciudad. En su Innovation Center se forman las tripulaciones y se prueban los nuevos asientos y clases que marcarán la pauta para buena parte de la industria aérea. Sorprende The Residence, una categoría sin parangón en el mundo aéreo comercial y que casi parece un showroom del mejor interiorismo. Una habitación dentro del avión con sala de estar-comedor (cristalerías de Vera Wang y vajillas de porcelana china de la francesa Bernardaud), baño con ducha (amenities de la neoyorquina Le Labo) y dormitorio (las sábanas son de la italiana Pratesi). Todo con servicio de mayordomos entrenados por el hotel Savoy de Londres. Es como tocar los cielos abrazada al lujo extremo. Las carreras de Fórmula 1, su circuito y el parque de ocio Ferrari World son otros de los orgullos patrios. Pero el monumento más visitado es la Gran Mezquita. Un sueño propio de Las mil y una noches con la alfombra sin costuras (una única gran pieza) más grande del mundo o una lámpara con cristales de Swarovski, de nueve toneladas, que cuenta con escaleras internas para poder limpiarla. El edificio está construido principalmente en mármol, que no se calienta tanto y evita que se quemen las rodillas al rezar (durante el Ramadán lo normal son temperaturas de 45 grados centígrados). Otros materiales que no faltan son el zafiro, los rubíes y el oro.

La construcción aquí no cesa. Norman Foster está rematando la ciudad sostenible de Masdar, hecha con materiales reciclados como restos de ladrillos triturados o palmeras de dátiles. Alberga el Instituto de Tecnología y Medio Ambiente, y cuenta con un supermercado orgánico. Este gran barrio, a un paso del aeropuerto, es un ir y venir de estudiantes de medio mundo. Una especie de ciudad de Google o Apple en medio del desierto. Pero la joya de la corona cultural es el Saadiyat Cultural District, con una serie de edificios icónicos de grandes estrellas de la arquitectura que transformarán Abu Dabi. Jean Nouvel será el primero con su sucursal local del Louvre. Reunirá desde restos arqueológicos y estatuas griegas, egipcias, árabes o asiáticas hasta obras de Picasso o Warhol, pasando por el Renacimiento (la estrella será Leonardo da Vinci) o el impresionismo (Matisse, Gauguin, Monet…) .

¿Playa o desierto?

Destino: Abu Dabi, metrópoli de contradicciones

Lo clásico en los Emiratos es mezclar las vacaciones urbanitas con unos días en el desierto (una buena opción es el resort Qasar Al Sarab), pero en esta ocasión quisimos descubrir que aquí también hay playa (vaya, vaya). En un cómodo viaje de apenas tres horas desde el centro, y tras escasos 15 minutos de ferry en el golfo Pérsico, nos instalamos en la isla de Sir Bani Yas, donde el jeque tiene su residencia de verano. Cuenta con dos lujosos resorts, uno muy cerca del otro, y ambos del superexclusivo grupo Anantara: Al Sahel y Al Yamm. En el primero, los típicos oryx del desierto y las gacelas pastan junto a la piscina, en una escena que nos transporta a lo más profundo de África. Compensa ver la puesta de sol desde el mirador central de la isla. Mejor si es con el típico café aromatizado con cardamomo y agua de azahar. Los dátiles, señal de bienvenida y hospitalidad, no pueden faltar. En Al Yamm nos encontramos con un resort de estilo playero y marinero muy Hamptons, aunque inspirado en las antiguas villas marineras del golfo. La perfecta despedida es un baño en sus tranquilas y cálidas aguas. Emprendemos regreso con un compañero en el asiento-cama de al lado que también vuela y no es un pasajero frecuente del programa Etihad Guest, sino un halcón, tapado con su caperuza de cuero que le hace permanecer inmóvil. La cetrería en Emiratos es como para nosotros el fútbol. La escena, con el lujo circundante, parecería sacada del segundo largometraje de Sex in the City. Una mezcla de glamour y exotismo que resume a la perfección lo vivido en el viaje.

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