En este hotel de Almagro, la carta es una obra de teatro

En el Parador de Almagro, el recetario de sor Juana Inés de la Cruz se convierte, durante el mes que dura el Festival Internacional de Teatro Clásico, en la carta estrella de Ciudad Real.

Patio del agua en el Parador de Almagro

A Ciudad de México se llega desde Almagro, en Ciudad Real, sin necesidad de escalas. La conexión es directa. Los requisitos comprenden solo dos elementos: fechas y sentidos. Para el viaje se deberá acudir a la localidad castellana desde el 4 al 28 de julio y tener un sistema digestivo en correcto funcionamiento. El viajero atravesará kilómetros y años. En el Parador de Almagro, la carta conduce al siglo XVII. El medio de transporte son las palabras. Las que Sor Juana Inés de la Cruz dejó escritas en el recetario en el que sintetizó la cocina de su convento. Lo tuvo que hacer cuando sus superiores descubrieron sus otros escritos, desde poesía a autos sacramentales y comedias de enredos. A la religiosa le pidieron que se dedicara a tareas más relajadas. No hacía falta que extenuara así su cerebro. Con que recopilara las recetas que de forma tradicional se elaboraban en su convento, el de los Jerónimos, debía darse por satisfecha. El Parador y el Festival de Teatro Clásico Internacional de Almagro las han resucitado. Para celebrar la 42ª edición del festival, las recetas de sor Juana Inés de la Cruz han vuelto al plato.

El patio de las higueras del Parador de Almagro.

Durante el primer mes del verano, el teatro infusiona a Almagro y, esta vez, cala hasta la mesa. En el restaurante del Parador, en el Convento de Santa Catalina, hasta la carta toma piezas de las obras de teatro del Siglo de Oro. El apetito se despierta con la loa, una composición ligera y breve que antecedía al primer acto de las comedias y que en su traducción gastro se convierte en dos cócteles: salobreña de Almagro y agua fresca de Jamaica.

El aperitivo juega con su sinónimo el entremés, tentempié y obra de un acto que se interpretaba entre las dos etapas de una comedia. Entonces, en la mesa los nopales, o sea, el cactus mexicano, el mojete, la ensalada manchega de tomate, aceitunas y clara de huevo, se cruzan con un guacamole cremosísimo y unos llanos, en el sentido más estricto, pues son planos, buñuelos de queso manchego extraídos del recetario de sor Juana Inés. En la Jornada primera, esto es, el primer plato, los langostinos se bañan en mango y en la segunda, las perdices se cubren de chocolate. En el postre, la Jornada tercera, la jericaya, una crema de vainilla y canela, se combina con sorbete de piña asada. En el café, México se materializa en forma de bizcocho y Almagro, como pastas artesanales. Su nombre, Sarao de las cuatro naciones, homenajea la obra de sor Juana Inés de la Cruz.

El menú ha nacido del puño de la religiosa y de las manos del equipo gastronómico de Paradores. A la filosofía de la gastronomía de kilómetro cero del grupo le ha salido un puente sobre el Atlántico para aliarse con el arte. En la organización del Festival Internacional de Teatro Clásico de Almagro querían que la mujer se subiera al escenario y a la mesa. En torno a la figura de sor Juana Inés de la Cruz (y a la de Juan Ruíz de Alarcón) gira esta edición. Por los seis escenarios del festival pasarán las palabras de Lope de Vega, Cervantes, Calderón de la Barca y, por el Corral de Comedias, la vida de la monja mexicana en forma de ficción sonora. Comer, dormir (los muros de piedra del Parador, instalado en el antiguo Convento franciscano de santa Catalina, vigilan el sueño) y sentarse en la butaca del teatro. Los tres mandamientos del verano de secano.

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