Irene Rizzoli, el legado de una generación conservera

Una cabaña de pescadores, su pequeño sentado en el muelle, el ruido de las gaviotas mezclado con las olas…Así es la vida de Irene Rizzoli, quinta generación de empresarios conserveros, en su nuevo hábitat, el mar.

Irene Rizzoli

Irene Rizzoli pone la mesa en su vieja cabaña de pescadores. Platos, vasos y cubiertos que no casan entre sí, cada uno tiene un pasado y una personalidad propias. "Se trata de cosas recopiladas durante años de compras sin un criterio común, solo el de que fueran objetos bonitos y con personalidad, casi siempre ya un poco vividos, que pudieran contar una historia a la que se añadiese la mía", dice Irene Rizzoli. Desde este rincón del Adriático, casi escondido entre Rímini y Rávena llamado Cesenatico, a Irene le gusta mirar el horizonte, evaluar las señales del mar, como sus padres y sus abuelos hicieron antes. Ella representa la quinta generación de una familia dedicada a las conservas de pescado, los fundadores de Delicius Rizzoli, líder en el sector en Italia.

Desde el interior

En esa mesa que con tanto cuidado y personalidad prepara, no faltan las anchoas, tampoco en sus recetas que acaba de recopilar en un libro, Delicius. "Obviamente, representa nuestro trabajo y nuestra pasión. En la mesa también hay muchas verduras (las que toquen esa temporada), que siguen el transcurrir lento de las estaciones, porque en casa me han enseñado siempre a respetar la naturaleza y sus ritmos". Paradójicamente su familia procede de la llanura: "Los Rizzoli vienen de Turín y se mudaron a Parma a finales del siglo XIX. Pero el mar siempre ha estado en nuestras vidas como un espectador silencioso".

Su vida profesional es inseparable de Cesenatico y sus barcos pesqueros, y, en el caso de Irene, también su vida sentimental. Su marido Umberto Pelizzari, con el que tiene tres hijos, es campeón del mundo de apnea. Viven en Parma, pero se escapan a la costa adriática y Cerdeña con frecuencia, donde se relajan paseando por la playa y recogiendo las conchas que arrastra la marea.

Pura Italia

Irene Rizzoli

Esta cabaña turquesa del siglo XIX es el lugar favorito de Irene para ver llegar a los pescadores, oír a las gaviotas del puerto graznar y reunirse con su ruidosa familia para cocinar. "Recupero los sabores que nos dejaron nuestras abuelas, que seguro que se habrían sorprendido de ver tanto alboroto. Son los platos con los que mi marido y yo hemos crecido, que ahora queremos compartir con nuestros hijos y con el mayor número de personas posible, como si fueran una herencia que transmitir". Familia, tradición, pasión y buena comida, varios clichés italianos se cumplen alrededor de la mesa de los Rizzoli, ¿qué más da? Los estereotipos que acompañan a Italia son tan positivos y deliciosos que no cansan por mucho que se cumplan.

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