La cocina de Marguerite Yourcenar

Un libro publicado recientemente desvela una faceta poco conocida de Marguerite Yourcenar: su afición a la cocina y sus recetas, cuidadosamente registradas y aderezadas con hierbas y especias cultivadas por ella en el huerto de Petite Plaisance, la casa de Mount Desert Island, en Estados Unidos, que compró y ocupó con su compañera, la traductora Grace Frick, a partir de 1950.

La cocina de Marguerite Yourcenar

La mano de Marguerite Yourcenar. Cocina, escritura y biografía. Cuaderno de Recetas (1950 -1987), de Sonia Montecino y Michèle Sarde, se aproxima al mundo íntimo de la escritora a través de la cocina. Montecino es una antropóloga y escritora chilena; Sarde, francesa, cultiva el ensayo, la biografía y la novela, y es especialista en la obra de Yourcenar, de la que ha sido biógrafa. El libro recorre la vida de Marguerite y reúne el recetario que ella construyó minuciosamente transcribiendo recetas a mano o a máquina y recortando y pegando las que aparecían en diarios y revistas.

Michèle Sarde explica cómo surgió la idea de hacer un libro a partir de las recetas de la autora de Opus Nigrum: “Cuando descubrí los archivos, la escritora acababa de morir. Poco tiempo antes había amontonado sus textos inéditos y todo tipo de documentos en cajas que envió a la biblioteca Houghton, en la Universidad de Harvard. Pude ver esas cajas, tal como habían llegado, aún sin ningún orden. Era una mezcla de calendarios, frases o pasajes de diarios personales, cartas, manuscritos, fotos… ¡y recetas de cocina! Tuve la impresión de que el ídolo admirado a través de sus escritos resucitaba y se transformaba en ser humano, en mujer. Un hallazgo apasionante.”

La cocina de Marguerite Yourcenar

La biógrafa cuenta que Yourcenar había suprimido en su casa el comedor, todo sucedía en la cocina, donde ella preparaba el desayuno para sus amigos, ensaladas y platos vegetarianos con las hierbas que plantaba en su jardín. En palabras de la propia Marguerite Yourcenar: “Amaso el pan, barro el umbral; después de las noches de mucho viento, recojo la madera muerta...” Panes, pizzas, salsas exóticas, postres, muffins y hasta bebidas, pueblan el cuaderno de recetas de la escritora, donde hay una huella clara de su infancia en el norte de Europa.

Conviene recordar que Yourcenar perdió a su madre al nacer, y fue alimentada con leche de vaca. Este animal se convirtió para ella en una suerte de animal sagrado cuya carne nunca podría comer, y cuyos productos lácteos son los elementos esenciales de sus recetas de cocina. En El laberinto del mundo explica cómo, en el parque del castillo francés de Mont Noir donde fue criada, los animales fueron sus compañeros, antes que los seres humanos. En su vida adulta en Estados Unidos, llegó a ser una gran militante de los derechos de los animales. La defensa de los animales y de todas las criaturas vivas, asociada a la defensa de la naturaleza y del planeta, son un componente fundamental de su visión del mundo, de su filosofía y su activismo.

Por eso, continúa Sarde, “en las recetas de Yourcenar puede verse que era muy aficionada a las especias y las hierbas aromáticas, que son las que les dan a un plato su sello distintivo. Por sus páginas desfilan el clavo de olor, la paprika, la canela, el estragón, la albahaca o el jengibre, que protagonizan platos salados y dulces. Su cocina revela la misma exquisitez que su prosa.”

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