Las dos nuevas conexiones (gastro) entre Madrid y Asia

Un japonés de alto nivel con ánimo experimental y un gastrobar de origen chino y aspiraciones panasiáticas son los dos locales más comentados de la nueva escena oriental de la capital.

Caballa ahumada - 47 Ronin

La inauguración de tres nuevas rutas directas entre el Aeropuerto de Barajas y Asia (exactamente Hong Kong, Shangai y, en unos meses, Tokio) acercará más a la capital un continente al que hasta ahora no había más remedio que viajar con escala. Gastronómicamente, sin embargo, Madrid es desde hace ya años un hervidero con todo tipo de propuestas gastronómicas del Lejano Oriente. Izakayas, bares de ramen, take aways de todo tipo, fusiones con Latinomámerica como la chifa y la nikkei, restaurantes con estrella Michelin… pocos palos de las cocinas china o japonesa faltan por tocar aquí. Estas dos incorporaciones a nuestra lista de favoritos asiáticos vuelven a demostrar el poderío de esta ciudad en la materia.

47 Ronin: un japonés de alto nivel con nuevos horizontes

47 Ronin

Frente al ruido visual de tantos locales empeñados en convertirse en showrooms de decoración a mayor gloria de sus interioristas, lo primero que llama la atención de 47 Ronin es el ambiente relajado que inspiran el espectacular arce japonés (falso, claro) que preside la barra y sus paredes limpias y oscuras. Para alternar y lucir palmito hay infinitos restaurantes en Madrid, cada vez más. Aquí se viene a disfrutar con lo que se come y lo que se bebe, que además de bueno es muy original, y cuantas menos cosas distraigan nuestra atención, mejor. La cabeza detrás de 47 Ronin es la de Borja Gracia, el creador de la izakaya Hattori Hanzo y de la pastelería japonesa Panda, dos referencias imprescindibles para todos los amantes de lo nipón en la capital. Colmadas las expectativas con sus anteriores proyectos, Gracia quería dar un salto en su catálogo de propuestas culinarias, y así se ha lanzado a la aventura de crear un restaurante gastronómico donde lo japo no son tanto los platos como los ingredientes que se utilizan para elaborarlos. ¿Un ejemplo? El apetito se abre con la tan europea mantequilla, pero en este caso es verde: está hecha con té matcha. A partir de ahí, lo que va apareciendo por la mesa es lo que dicta su departamento de I+D, con profusión de técnicas como la del soplete o la cocina al vacío, y alguna propuesta se presenta emplatada con una pequeña campana de cristal para conservar el humo del ahumado hasta que llega al comensal. 

Cóctel 47 Ronin

Lo mejor de 47 Ronin es que en realidad agrupa tres propuestas diversas en un mismo local, para acoger todo tipo de planes que pueden ir desde el aperitivo de mediodía hasta la cena. En la planta de abajo, el arce japonés preside The Tree, una barra que ofrece tapeo de nivel y algo prácticamente inédito por aquí: cócteles japoneses. El maestro de los bartenders Diego Cabrera ha elaborado una carta de combinados, con nombres como Geisha's Ruin o Ikemen, donde destilados nipones como el sake o el whisky yamazaki se alternan con vodkas o tequilas para entrar en comunión con el yuzu, el té de jazmín, el alga kombu y otros ingredientes del Extremo Oriente. En la misma planta, pero al otro lado de la escalera, se sitúa el espacio más exclusivo, una barra para doce comensales con un menú de 24 platos y tres horas de duración que es pura vanguardia. Y en el piso superior está la sala del restaurante, con diferentes opciones de menú (empiezan en 45 euros) que se pueden disfrutar con los cócteles de Cabrera o con alguna de las 200 referencias de vinos, champagnes o sakes de su bodega. Que la experiencia Ronin es especial lo dejan claro su vajilla (esos platos con apariencia lunar) o su ritual del café: el comensal lo elige entre diferentes orígenes y se muele delante de sus narices, las mismas que hay que utilizar para "catarlo" antes de tomarlo. Es la demostración última del cuidado de Gracia y su equipo con el producto: hasta el azúcar sobra. Jorge Juan, 38. Tel. 913 485 034.

Las deliciosas locuras de 'Julio' en Lamián

Langostinos crujientes Lamian

Soy Kitchen, el prodigioso restaurante ¿chino? que habitaba un local cutre en una esquina de la destartalada plaza de los Mostenses, ha crecido. El éxito entre modernos y gastrónomos de este secreto a voces ha cosechado tanto éxito que su promotor, esa mente en permanente ebullición y con un punto de locura que es el chef Yong Ping Zhang y al que todo el mundo conoce como Julio, le ha buscado un nuevo destino. Un local más sofisticado y acorde con el nivel de una carta que ya juega en la liga de los grandes restaurantes asiáticos de la capital, y que todavía no ha querido desvelar. Mientras ese proyecto se culmina, el espacio que ocupaba el Soy Kitchen original se ha dado un lavado de cara, desprendiéndose de las tragaperras y recubriéndose de todos los iconos de la contemporaneidad decorativa con acento hipster (el dichoso azulejo, las paredes de color, las sillas finlandesas) y aloja ahora Lamian by Soy Kitchen, o uno de los mejores gastrobares aparecidos en los últimos tiempos al norte de la Gran Vía.

Sala Lamian

El concepto inspirador de esta propuesta es el ramen, o mejor dicho la derivación china de este plato japonés, el lamian, unos tallarines estirados a mano que son los protagonistas de su carta. A su lado se despliega un abanico de platos que recorre todo el Oriente, con recetas de China, Corea, Taiwan, Japón o Tailandia. Delicias como el pato mareado en salsa coreana, los rollitos fritos de atún y ternera con boniato o los langostinos crujientes con cacahuete al aroma de té, pero también platillos con un punto fusionero, como esas patatas con jamón a nuestro estilo que saben a encuentro entre culturas con punto cañí. No faltan los baos, los dimsum o los tatakis, siempre con un punto original. El ambiente de esta taberna teóricamente de street food, pero donde podrías pasarte horas cómodamente sentado probando cosas (no descartes hacerlo, porque aparte de todo lo demás, su precio es razonable, con un ticket medio de 25-30 euros), es animado y divertido (más en su planta baja), con música alta (ojo, no ensordecedora como se estila en algunos locales a la última) y notas de humor hasta en el menú (Jackie Chan no es Bruce Lee es uno de los lamian estrella del local). Al fin y al cabo, estamos a orillas de Malasaña y Conde Duque y aquí la noche, y el día, son siempre jóvenes. Para buscar ambientes sosegados ya están otros barrios menos golfos de la ciudad. Plaza de los Mostenses, 4. Tel. 685 160 165.

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