Vídeo de la semana

Libro en la maleta: viajamos a Hamburgo con solo una novela en la mano

En ‘Hijas de una nueva era’, la amistad de cuatro mujeres reconstruye la historia del siglo XX. Novela y mapa en mano, su autora nos guía por los barrios de Hamburgo.

Unsplash
Unsplash
«El cielo azul, en el que se hallaban suspendidas nubes blancas con delicadas hilachas; el Alster, donde se veían los primeros veleros; las personas que paseaban por la orilla y arrojaban palos a sus perros: el Hamburgo más invitador, aun cuando el verde de los árboles de la calle Harvestehuder Weg todavía fuese vacilante.
»—Adoro esta ciudad —afirmó Louise.»

 

Hamburgo, situada al noroeste del país, es la segunda ciudad más poblada de Alemania y uno de los centros urbanos más importantes del norte de Europa. Su privilegiada situación a orillas de los ríos Elba y Alster la ha convertido en una de las ciudades alemanas más dinámicas; es el centro económico, turístico y cultural del norte del país, y su puerto es el más importante de Alemania y el segundo más grande de Europa después de Róterdam.

El puerto, a unos cien kilómetros de distancia de la desembocadura del Elba, en el mar del Norte, es el punto central a partir del cual se ha abastecido toda la ciudad. El comercio generado a partir de la entrada de mercancías ha hecho de Hamburgo una ciudad cosmopolita, tolerante y de mente abierta, y con una clara proyección internacional: hoy en día, por ejemplo, hay más de quinientas empresas chinas registradas en la ciudad.

Hamburgo cuenta con una población de casi dos millones de habitantes y una extensión de más de 700 km² que incluye una gran cantidad de parques y zonas verdes que tapizan y esponjan la ciudad. El agua tiene sin duda un papel protagonista y es la ciudad fluvial con más puentes de Europa, superando de largo a Venecia, Londres y Ámsterdam.

Todos estos elementos pueden intuirse en la ciudad que se describe en Hijas de una nueva era, que abarca casi treinta años de historia, desde 1919 hasta 1948, pero que contiene unos tiempos tan intensos que podrían considerarse un siglo entero. Mi novela se sitúa en varias zonas de Hamburgo y sus alrededores.

Marta Botas ilustración
Marta Botas

Uhlenhorst


Este barrio no está elegido al azar: para mí tiene una intensa carga emocional y es el lugar en el que he vivido los últimos cuarenta años, desde 1975. Es el centro neurálgico donde se desarrolla casi toda la novela. Situado al noreste del lago Alster, es un barrio acomodado donde conviven, sin embargo, personajes de todas las clases sociales. Aquí viven por ejemplo Else, Henny, Käthe, Rudi, Anna, Karl, Ida, Lina y Lud, y el lector pasea por sus calles, trabaja y compra en sus negocios como uno más de ellos.

Como muchas otras zonas de Hamburgo, Uhlenhorst fue durante mucho tiempo una zona pantanosa en la que era imposible edificar. Para poder hacerlo hubo que drenar el suelo, y eso se consiguió gracias a los canales Hofweg, Winterhuder y la primera sección del canal Osterbeck.

Hijas de una nueva era está escrito tras una gran labor de investigación, de manera que muchas de las localizaciones de la novela corresponden a lugares reales. Uno de estos escenarios es el lujoso Hofweg-Palais, la mansión donde Ida vive con Friedrich Campmann, el rico banquero con quien su padre la obliga a casarse. Situado en la calle del mismo nombre (Hofweg), Ida pasa allí sus días, aburrida y anestesiada, en la zona de la mansión que su marido ha habilitado para ella.

El palacio es un edificio real, que actualmente se divide en varios apartamentos privados, pero que a lo largo de su historia ha tenido un variopinto abanico de propietarios y habitantes, como el pintor austríaco Carl Otto Czeschka; el comerciante y fabricante de cigarros Carl Adolph Moeller, que vivía entre Hamburgo y La Habana; un médico ilustre, y varios actores.

Otro de los escenarios imprescindibles de Uhlenhorst, también un edificio que existió en la realidad, es la Finkenau, la clínica de mujeres donde trabajan varios de los personajes. La novela arranca en 1919, cuando unas jovencísimas Käthe y Henny, amigas desde la infancia, están a punto de empezar su formación como comadronas.

Marta Botas dibujo
Marta Botas
«Henny se situó detrás del fotógrafo y miró más allá del grupo, a la maternidad de enfrente, donde una señora acababa de salir del portal de la Finkenau con un pequeño bulto en brazos. En ese preciso instante Henny supo que ése era su sitio. No quería ser enfermera, sino comadrona. Ansiaba profundamente ver vida nueva, en el hospital militar ya había visto a diario demasiado dolor y sufrimiento.»

El hospital, construido en 1913 por Fritz Schumacher en un estilo de ladrillo visto muy popular en el Hamburgo de la época, contaba originalmente con varias alas, que se fueron ampliando a partir de 1920. La Finkenau fue una de las maternidades más importantes de la ciudad y un referente en cuanto a lo avanzado de sus técnicas. Tuvo sus puertas abiertas como centro de salud hasta el año 2000.

A lo largo de la novela, el lector es testigo de las mejoras y avances que acontecieron en la medicina: desde un preparado de vino tinto con huevo y azúcar para fortalecer a una mujer demasiado débil para soportar un parto en 1919, pasando por el uso del éter en 1926, hasta la introducción de la penicilina en 1948.

«A decir verdad, en la clínica todo seguía como siempre, los mismos procesos, si bien en cuestión de medicamentos había grandes innovaciones, sobre todo la penicilina, con la que por fin parecía poder vencerse de una vez por todas la fiebre puerperal.»

Desde 2010, el edificio forma parte de un proyecto de recuperación y restauración de los espacios históricos y de reagrupación cultural. Acoge entre sus paredes un conglomerado de instituciones académicas centradas en el diseño, el arte y los medios de comunicación, entre las que se encuentran la Hamburg Media School, la Escuela Superior de Bellas Artes y la Facultad de Diseño y Medios de Comunicación.

Marta Botas
Marta Botas

Otro de los emplazamientos históricos que cito en la novela es el restaurante Fährhaus. Situado en el extremo nordeste de Uhlenhorst, junto al Alster, en sus inicios era la base de una empresa de transbordadores. En 1919, cuando arranca la novela, ya se encuentra convertido en un restaurante y un salón de baile, uno de los sitios más concurridos de la ciudad. El Fährhaus tenía varios ambientes: el jardín y las terrazas eran para las clases populares, pero tenía también salones en el piso superior para las clases más selectas. El edificio fue gravemente bombardeado en 1943, y se derribó unos años más tarde, de manera que su encanto y su magia sólo ha podido llegar a nuestros días gracias a las fotografías.

Winterhude


Es un barrio de clase alta, al norte de Uhlenhorst, separado de éste por el canal Osterbeck, que tiene también un papel relevante en la novela. Es el lugar de residencia del matrimonio mixto formado por el médico alemán Theo Unger y Elisabeth Leibreiz, de familia judía, en el que viven una existencia acomodada y tranquila en la Körnerstrasse hasta la llegada de Tercer Reich.

«Theo Unger aparcó delante del garaje de la Körnerstrasse y miró la casa iluminada donde lo esperaba Elisabeth. Leña en la chimenea. Un disco en el gramófono. Les iba bien, a pesar de todo. Ojalá continuara así algún tiempo.»

Uno de los atractivos y de los elementos más emblemáticos de Winterhude es el Stadtpark, el segundo parque más grande de Hamburgo. Cuenta con 148 hectáreas de superficie, y fue diseñado para ser un pulmón verde para la ciudad que contrarrestara los efectos de la industrialización. El Planetarium, una de sus principales atracciones turísticas, está construido sobre lo que originariamente era una torre de agua.

En Winterthude también encontramos el Kampnagel, un teatro centrado en el arte contemporáneo, que programa obras multidisciplinares a caballo entre el teatro, la performance, la música, las artes visuales y la arquitectura. El teatro está ubicado donde antaño estuvo la empresa Nagel und Kaemp, un antiguo fabricante de grúas de puerto en la que trabajaba Lud, el primer marido de Henny.

 

«Lud contempló el canal Osterbeck, cuyas aguas atrapaban los últimos rayos del sol vespertino. Por fin la primavera se respiraba en el aire. Al otro lado del canal se erguía la fábrica de Nagel und Kaemp, en la que una vez más había vuelto a desperdiciar un día de su vida. Quizá Lina tuviese razón y el comercio no fuera lo suyo.»

 

La empresa, fundada en 1865, cambió su actividad (como tantas otras) durante la Segunda Guerra Mundial, y en vez de grúas dedicó su actividad a la producción de armamento para el Reich.

St. Pauli
 

St. Pauli, uno de los lugares más típicos de la ciudad, debe su nombre a una antigua iglesia quemada y posteriormente reconstruida. Un barrio que en su día quedaba a las afueras y donde se instaló buena parte de la nueva inmigración que llegó a Hamburgo a finales del siglo XIX y a lo largo del primer cuarto del siglo XX. Es el lugar donde encontramos a Tian, un joven chino que vive con sus padres y su hermana Ling en la Schmuckstrasse y del que Ida se enamorará perdidamente.

Los padres de Tian tienen una casa de comidas en St. Pauli. Inmigrantes de primera generación, no acaban de adaptarse a la vida y cultura alemanas y crean, junto a otros, una pequeña comunidad al margen. Será necesario que llegue la generación de los hijos para que los lazos entre oriente y occidente empiecen a estrecharse.

St. Pauli, de marcado acento proletario, fue escenario de protestas populares durante los años veinte, como la que tuvo lugar en verano de 1923, a menudo asociados con los intentos revolucionarios liderados por el KPR, el partido comunista alemán, con fuerte presencia en Hamburgo. También fue el lugar preferente donde se ubicaron los numerosos locales de ocio nocturno de la ciudad, que llenó el barrio de cabarets, music hall, jazz, swing, tabernas, marineros y drogas: un espiral de novedades propias de los llamados felices años veinte. De ese periodo arranca la fama de la Reeperbahn, el llamado barrio rojo de la ciudad. Hoy en día funciona como una zona turística de ocio y prostitución, similar a la de Ámsterdam, que poco tiene que ver con la que describo en la novela o la que, a principios de los años sesenta, albergó a los Beatles, que residieron en la ciudad durante sus inicios y tocaron en varios locales del barrio. Hoy en día, una escultura en la Beatles-Platz homenajea al grupo inglés y recuerda su paso por la ciudad, que les dejó una honda impronta tal y como se desprende de la frase de John Lennon: «Tal vez nací en Liverpool, pero maduré en Hamburgo».

En la novela, St. Pauli es retratado como un espacio de libertad. Ida, una joven rica y mimada, encuentra allí una vía de escape que la sacará de una existencia aburrida. La muchacha sorprende a una criada robando comida, y en vez de despedirla, consigue que la lleve en secreto a zonas de la ciudad que desconoce y que la novela recrea en algunos pasajes.

 

Duvenstedt
 

Situado en las afueras de la ciudad, en una zona idílica y rural, Duvenstedt es una especie de refugio vital. Como si las últimas esperanzas antes de que todo quede derruido bajo los escombros de las bombas se encontraran entre las cosas más sencillas: un huerto, gallinas, un manzano, una bicicleta. Unos detalles que en época de guerra pueden suponer la gran diferencia entre la vida y la muerte.

La familia de Theo Unger vive en Duvenstedt, y cuando los bombardeos sobre la ciudad se intensifican, Elizabeth, la mujer de Theo, marchará allí en busca de seguridad.

 

«Käthe llevó a Henny cuatro tomates grandes y maduros.
»—Theo te manda recuerdos —transmitió—. Ha estado hoy en Duvenstedt. También te he traído frambuesas.»

 

Y es que, en medio de la guerra, las cosas que damos por sentadas pueden ser un verdadero milagro, como la paz.

Continúa leyendo