Vanesa Lorenzo, Prix 2013 Mejor Diseñadora Novel

Hace dos décadas encarnó mejor que ninguna el sueño de la top model española. Reconvertida hoy en sólida diseñadora, sus creaciones nos hablan de una mujer -que podría ser la propia Vanesa- en lucha contra los estereotipos en su carrera hacia sí misma.

Vanesa Lorenzo

La historia de Vanesa no es la de la supermodelo que consigue celebridad por estar relacionada con un futbolista famoso, sino la de una mujer singular, dueña de una personalidad múltiple, que se resiste a interpretar el papel más convencional que quisieran algunos para ella.

La que rechazaba sesiones de fotos porque estaba estudiando diseño de moda, aunque pocos la comprendieran; la que lleva veinte años en la industria pero detesta la frivolidad; la que elige una y otra vez los caminos que no son fáciles. Desde hace tres años comanda su propia marca de moda, también llamada Vanesa Lorenzo (www.vanesalorenzo.com), una firma basada en el concepto de «lujo silencioso» y que ahora le ha hecho merecedora del Prix de la Moda Marie Claire a la mejor diseñadora novel del año.

Esto la coloca cara a cara con otro cliché, después del de modelo-novia-de-futbolista, el de modelo-que-diseña. ¿No temía que confundieran lo suyo con otro capricho pasajero o con una treta promocional? «Claro, ahora muchas marcas cuentan con una celebrity que hace una colección. Es una forma de marketing como otra cualquiera, que me parece bien, pero no es lo mío. Al principio sí que pensé que me meterían en el mismo saco, pero por suerte los medios no lo han hecho y los clientes tampoco.»

Hace poco, una de esas clientas le alegró el día. «Se me acercó en el lavabo de un restaurante y me dijo: “Tú eres la diseñadora”. Me hizo una ilusión enorme. Y después empezó a preguntarme que si podía lavar una de mis blusas en la lavadora.»

La ropa que hace Vanesa (y que sí, se puede lavar, pero mejor a mano) es ponible, pero también es fruto de la influencia de diseñadores tan cerebrales como Jil Sander y Dries van Noten.

¿De shooting? No puedo, tengo examen.

Después de más de una década trabajando en el nivel más alto de la moda y con casas en Barcelona y Nueva York, Vanesa decidió hace seis que cogía la carpeta y volvía a estudiar. Se matriculó en el IED de Madrid y se puso en serio a aprender patronaje, historia de la moda… No todo el mundo lo entendió. «Algunas agencias no me apoyaron. Me ofrecían trabajos y yo les contestaba: “Es que tengo examen”. Pensaban que estaba loca, pero yo sabía que tenía que hacerlo, me lo pedía el cuerpo.» Se le pasó por la cabeza que, con los treinta años que tenía entonces, quizá aquello podría ser el final de su carrera como modelo, pero nada más lejos. Ahora tiene la agenda repleta, en parte gracias a marcas con las que trabaja desde hace años y que ya están esperando a que vuelva tras su embarazo.

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