Carta de la directora: "¡Devuélvannos la ilusión!"

A punto de cerrar este editorial, recibo los resultados del Barómetro de la Ilusión de Cofidis y no puedo sino sufrir una doble dosis de decepción.

Carta de la directora: ¡Devuélvannos la ilusión!

Resulta que, por segundo año consecutivo, la ilusión cae entre los españoles, que ahora se reconocen como "más pragmáticos". Y lo que es más grave, nuestra ilusión más grande consiste en realizar un viaje, seguida de hacer más deporte y cuidar la alimentación. ¿En serio? A ver, que nadie me malinterprete, que todas esas cosas están muy bien, pero ¿qué fue del euromillón, ligar con una estrella de cine, ir a las Olimpiadas, descubrir la vacuna del sida, dar con el negocio del siglo o convertirse en estrella del pop? ¿Por qué nos hemos resignado a tener sueños tan pequeños? ¿Tan tocados hemos salido de la cansina crisis que ya cualquier cosa nos hace ilusión? Quizá sea yo que tengo en mucha más alta estima el concepto de ilusión. Pero lo cierto es que me niego a resignarme. Si no fuera por los que antes de nosotros se atrevieron a soñar a lo grande y a ilusionarse con proyectos difíciles, hoy no tendrías entre tus manos esta revista (que nació para dar voz a las mujeres que hasta entonces habían permanecido calladas); o no hubiéramos podido disfrutar del enorme talento de los ganadores de nuestros Prix de la Moda, que visitaron Madrid el pasado 19 de noviembre para dar forma a una fiesta épica (y ya van 13); o admirar la transformación de un cristal tosco y embarrado que apenas se diferencia de cualquier otra piedra, convertido en un maravilloso diamante como los que brillan en nuestro Especial Joyas; o la moda no habría tomado las calles de la Ciudad Condal
en la Barcelona Shopping Night, con la que hemos colaborado.
Rebelémonos contra el conformismo, el pragmatismo y la indolencia. Aspiremos a lo máximo, a lo inalcanzable, a la utopía. Si no somos capaces de ilusionarnos, ¿cómo vamos a convencer a los que vienen detrás ? ¿Qué legado vamos a ser capaces de dejarles? Quizá la indolencia sea el mal de nuestro tiempo. Esa que nos paraliza y nos impide posicionarnos contra el terrorismo islámico, contra la violencia machista, contra las injusticias... Pensemos a lo grande y cambiaremos el mundo.

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