Carta de la directora: "Recuerdos del paladar"

Creo que no me equivoco si digo que casi todo el mundo es capaz de asociar un sabor concreto a sus mejores recuerdos.

Carta de la directora: "recuerdos del paladar"

¿Algunos de los míos? El de los caramelos de violeta con las visitas a casa de mi abuela (amén de la barra libre en su armario para probarnos sus vestidos de noche); la trufa blanca con aquel viaje por los alrededores de Roma con amigos y unos cochazos; las ensaimadas con los veranos eternos en Cala D'Or cuando al amanecer despedíamos la noche en el horno de ensaimadas... La cocina es sobre todo el arte de crear recuerdos y por eso se ha convertido en algo tan especial. Las personas ya no quieren poseer cosas, sino experiencias y no hay sentidos con más poder evocador que el olfato y el gusto trabajando juntos. De ahí esta renovada pasión por la cocina, que se ha convertido en un hobby de modernos. Por supuesto, la tradición, la materia prima, la cocina de siempre siguen ahí y nunca desaparecerán. Los amantes de la buena gastronomía seguimos fieles a esos principios (y si no que se lo pregunten a nuestro rey emérito que ha decidido inaugurarse en su jubilación con un tour gastronómico que nos tiene a todos muertos de envidia). Solo ha cambiado un poco el marketing. Los cocinillas ahora son foodies; en las redes sociales florece el #foodporn, existe un incipiente turismo gastronómico y conceptos como el sourcing, la cocina de obediencia versus la de tolerancia y la idoneidad de las denominaciones de origen provocan grandes debates de sobremesa. El mundo se ha convertido en un festival culinario gigante. Y Marie Claire no podía faltar.

Foto: @gwynethpaltrow

 

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