Carta de la directora: "Tiempo muerto"

Adoro el AVE. Especialmente en su tramo Madrid-Barcelona...

Carta de la directora: "Tiempo muerto"

Con tiempo suficiente para leer, contestar esos emails que corren riesgo severo de convertirse en olvidados por no ser ni tan urgentes ni tan fáciles y, sobre todo, con tiempo para pensar. Pensar sin interrupciones, durante 20 minutos seguidos (tampoco hay que saturar las neuronas, que andan desentrenadas), pensar en una sola cosa. Sin sufrir los constantes latigazos de información a los que la perfecta cobertura nos condena. Pobreza infantil, Pedro y Pablo, Carmona y Carmena, pactos, Bruce/Caitlyn Jenner –o lo que la cirugía y el amor catódico filial mal entendido pueden hacer con un hombre/mujer–, el ISIS/IE o la sinrazón/el miedo, que para el caso es lo mismo. Y el aquí estoy y esto es lo que como y tengo pies y bebo té y hago fotos artísticas de mi cotidianidad. Y a cada segundo un aviso, una alarma, una vibración. Y tanta información y tan intrusiva que ya no recuerdas qué te hizo mirar la pantalla del móvil en primera instancia. Por eso cada vez somos más los que sentimos la necesidad de escapar de tanto ruido y pedir tiempo muerto. Algunos lo encuentran haciendo pan, cultivando un huerto, pintando cuadros (o a falta de talento, coloreando). Hay quien llega hora y media antes al trabajo para poder pensar en soledad. Hay quien se esconde. Como Laura Ponte, enorme modelo y gran creativa, hoy convertida en pintora, que en este número nos confiesa que expondría sus obras si nadie supiera quién es y no tuviera que enfrentarse a los prejuicios. Y hay quien directamente huye. Como Rachael McAdams, nuestra mujer de portada, quien decidió quitarse de en medio y establecerse en Canadá para dedicarse a la agricultura ecológica cuando se encontró en una sesión de fotos para una revista americana en la que su agente había olvidado comentarle que tenía que posar desnuda. Afortunadamente volvió a Hollywood dos años después y no para de trabajar. Eso sí, sólo en los proyectos que le gustan. Como éste para Marie Claire. Por eso me gustan las revistas. Porque cuentan cosas interesantes pero no lo hacen de manera intrusiva, ni pitan, ni vibran, ni hablan (por ahora) y las puedes cerrar cuando quieras. Porque a ver quién se atreve a cerrar su móvil.

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