Cholitas: el nuevo glamour boliviano

Las cholas paceñas y el mundo millonario que las rodea encarnan una nueva clase media que quiere dejar atrás años de marginación social.

Cholitas: el nuevo glamour boliviano

Jeaneth, Mineyva y Liceth siempre llegan con al menos media hora de retraso al curso que Doña Rosario Aguilar imparte todos los sábados por la tarde en el Hotel Torino, en el centro de La Paz. No saludan, se ríen, chismean y se encierran otro buen rato en el cuarto de baño para arreglarse: el chal de alpaca, el precioso broche para mantenerlo cerrado, las trenzas largas hasta la cintura y el sombrero inclinado en perfecto equilibrio. Solo entonces están listas para ir a la clase donde el profesor Ramírez, a veces con paciencia y otras irritado, pero siempre sin esperarse grandes resultados, les muestra cómo desfilar orgullosas en las pasarelas guiñando un ojo a las cámaras, hacer piruetas en las puntas de sus bailarinas y coquetear con el público mostrando el auténtico tesoro que llevan encima, ya que un traje de chola completo con falda, camisa, blusa y joyas puede superar fácilmente los mil dólares. Las chicas lo saben y lo cuentan felices, actuando como típicas adolescentes ricas y mimadas y confesando sus deseos de ser modelos y trabajar en la televisión. Pero lo que no dicen, ni ellas ni la mayoría de sus compañeras, es que ese vestido no lo llevan simplemente porque es parte de su cultura y tradiciones, sino porque hoy, en Bolivia, ser aymara y una chola paceña, significa formar parte de una clase media en ascenso.

El evento del año
También Claudia Villegas, 25 años, estudió modelaje para cholitas y gracias a su determinación hoy es la cara de una conocida marca de zapatos. "Empecé a vestirme de chola en 2012 porque me hace sentir más bella y elegante". El padre de Claudia es ingeniero y su familia no pertenece a la población aymara, pero a instancias de su hija empezaron a tomar parte de El Gran Poder, el evento religioso más importante de La Paz, que se celebra cada año entre finales de mayo y principios de junio y cuyo principal objetivo es mostrarse abiertamente a la sociedad paceña. Cuenta con la participación de 65 grupos folclóricos, 26.456 bailarines y 5.480 músicos.

Cholitas: el nuevo glamour boliviano

 

“Hay familias que se endeudan con el fin de participar", admite preocupada Elizabeth, la madre, que tiene otra hija, Michelle, amante también de las danzas folclóricas. "Para cada desfile se requiere un vestido diferente –explican las chicas– y se puede llegar a gastar hasta 3.000 dólares". Y entre sastres, bandas y cerveza, protagonista inagotable, tras un estudio realizado durante 2011 y 2012 se determinó que la festividad de El Gran Poder genera un movimiento económico superior a los 53 millones de dólares. Sin embargo, en este hoyo infernal, gracias a la creatividad del arquitecto Freddy Mamani Silvestre, han venido surgiendo edificios de Las mil y una noches con salas de fiesta pomposas y colores brillantes que, al igual que las polleras (faldas) de las cholas, son la demostración de un orgullo recuperado y responden al deseo de mostrarse con cierta ostentación.

Alianzas familiares
"Los aymaras no persiguen una acumulación piramidal de dinero –explica Jorge Viaña, del Centro de Investigaciones Sociales de la Vicepresidencia de Bolivia–, ellos están más relacionados con las redes familiares, las alianzas. Gran parte de su comercio siempre ha sido informal: ropa, frutas y verduras, refrigeradores o automóviles. Es raro que paguen impuestos y ese dinero casi nunca termina en los bancos". Y esta manera de enriquecerse sin respetar las leyes, nunca sancionada o regulada, es uno de los aspectos de la nueva burguesía aymara que más molesta a la vieja clase dominante. “Una chola se fue a la casa de una amiga mía en la zona sur y le ofreció un millón para comprar su casa porque la había visto en los mapas de Google y estaba cerca del colegio de su hijo. Ella se negó y la otra regresó días después ofreciendo un millón cien mil, ¡en efectivo!”, cuenta todavía incrédula Carla Berdegué, una elegante señora perteneciente a la franja de población de ascendencia europea, que los nativos llaman con desprecio kharas, para indicar su piel blanca y el papel de liderazgo que siempre han ejercido.

Continúa leyendo...

COMENTARIOS