Carta de la directora: "De brillantes y mujeres o de mujeres brillantes"

Hace 77 años, un visionario llamado Jean Provost lanzó una revista semanal femenina bajo el nombre de Marie-Claire, inventando así la prensa femenina moderna.

De brillantes y mujeres o de mujeres brillantes

Se dice que Jean Provost eligió el titulo Marie-Claire por la novela escrita por Marguerite Audoux y publicada en 1910. Un relato de miseria y abandono contado a través de la mirada inocente y optimista de una niña pequeña, Marie-Claire, capaz de olvidar su dolor y cubrirlo con sus sueños, de la forma más simple. La revista creció, cambió de periodicidad, se hizo mensual, prescribió modas y tendencias, abrió los ojos a muchas generaciones de mujeres y hoy es una marca global, presente en 35 países, pero que mantiene vivo el sueño de su fundador: dibujar certeramente la realidad femenina adornándola con sueños.

Una realidad tan poliédrica como la talla de un brillante, con sus 57 facetas perfectamente alineadas para que funcionen en absoluta armonía. Mesa, corona, pabellón y culata son las principales. Al igual que en los intereses femeninos predominan el amor, la familia, el trabajo y la salud (porque para hablar de hombres y shopping tenemos todo el verano). Pero, afortunadamente, nuestra personalidad es mucho más compleja y contiene tantas e incluso más facetas que las de la talla de un brillante. De ahí que hacer una revista sea lo más parecido a iluminar faceta a faceta cada parcela de interés de una mujer: sueños, deseos, dudas, caprichos, anhelos, ansias, miedos, esperanzas, preocupaciones, entretenimientos, diversiones, filias y fobias.

Los que nos dedicamos a esto empleamos cantidades ingentes de horas y esfuerzo intentando dar respuesta a todas esas inquietudes. Perseguimos –y en el mejor de los casos creamos– tendencias, exploramos hábitos y hábitats, estudiamos psicología, morfología y hasta criptografía para descifrar la actualidad; analizamos, revisamos y juzgamos verdades incontestables y nos perdemos en esas pequeñas cosas que, como decía la escritora india Arundhati Roy, tienen su propio Dios. Todo en una suerte de minería de datos que culmina en la gran piedra preciosa que conforma cada número. Tallar un diamante puede llegar a suponer más de 500 horas de trabajo. A nosotros, cada número nos ha llevado bastantes más.

En Tiffany’s calculan que, a lo largo de su vida, una mujer admirará su anillo de compromiso un millón de veces. En Marie Claire no aspiramos a tanto, pero sí que esperamos que nuestra ilusión os haga volver a nuestras páginas mes tras mes. Y en eso estamos.

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