Carta de la directora: "El efecto Albuquerque y la caja de la nada"

Cada agosto surge el mismo dilema: ¿dónde pasar las vacaciones y con quién?

El efecto Albuquerque y la caja de la nada

¿En familia, con amigos, con los suegros, en hotel, en casa de alquiler? Las opciones son tantas como las propuestas de esta nueva temporada que arranca (afortunadamente) con una fuerza inusitada. Entiendo que puede resultar estresante pensar en el otoño y el cambio de armario cuando una se encuentra cual diamante camaleón, sobre la tumbona, cambiando de color dependiendo de la temperatura corporal. Así que, no os preocupéis: esta temporada yo hago el trabajo de campo. Me dispongo a pasar mi primer agosto en Madrid –bueno, salvo el que nací– y ante tamaño trance busco aliados en las divertidas imágenes de Ashley Gilbertson y sus neoyorquinos al sol, así como en la pluma del enorme Manuel Jabois, que recuerda los suyos, cuando aún se curtía como becario sin haber probado las mieles del éxito.

Pero no sólo de imágenes y recuerdos se nutre una mente inquieta, y desafortunadamente, nosotras mujeres no hemos sido bendecidas con la “caja de la nada”, como tan hilarantemente explica Mark Gungor (uno de los conferenciantes más solicitados de EE UU, gracias a sus teorías sobre las diferencias entre el cerebro masculino y femenino). Según este pastor norteamericano –y un estudio de la universidad de Pensilvania–, los hombres tienen estructurado su cerebro en cajas y una de ellas es la “caja de la nada”, una zona vacía de su cerebro que les confiere la habilidad de pensar en absolutamente nada… ¡y seguir respirando! Así que, como pasatiempo estival urbano, me propongo hacer scouting por todas las tiendas de la capital hasta dar con la más original prenda sesentera, las manchas felinas más favorecedoras, el perfecto traje de chaqueta masculino y los abrigos oversize, capas y pellizas que nos abrigarán cuando los días se acorten y el verano –flirts incluidos– no sea más que una galería de fotos en Facebook.

Hablando de redes sociales, mientras leía nuestro reportaje de Psico de este mes, sobre la dificultad de romper en la era digital, una noticia insólita recorrió el mundo en pocas horas. La de una mujer en Albuquerque, Nuevo México, arrestada por la policía por haber realizado más de 77.000 llamadas, enviado 1.937 correos electrónicos, 41.229 mensajes de texto, dejado 217 mensajes de voz y escrito 647 cartas en una semana a su ex novio, quien la denunció por acoso. La noticia resultó ser falsa pero el mero hecho de que todo el mundo la diera por buena resulta sintomático del "enganche" que tenemos a las redes sociales (y a veces a nuestros ex).

En definitiva, ya sea en la playa o en la ciudad, quien no veranea es porque no quiere. Y si algún día de este agosto encontráis un cuerpo de escándalo (público) expuesto al sol en un parque, una acera o en la Cibeles, por favor, no os acerquéis demasiado. No vaya a ser que sea yo.

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