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Opinión

¿Y si ha acabado ya el mundo y no nos hemos dado cuenta?

¿Soñarán los androides con ovejas eléctricas? ¿Comerán los robots tortilla de patata? Las posibilidades del año que arranca superan con creces los vaticinios de Nostradamus.

blade runner nostradamus
Ana de Armas y Ryan Gosling, en una escena de 'Blade Runner 2049'.

Intuyo que este año, una vez más, se acabará el mundo, porque, a pesar de ciertas percepciones, el planeta ha debido ser devastado varias veces a lo largo de los últimos siglos sin que hayamos tomado conciencia de nuestro tránsito por esta vida. Y ha debido ser así si atendemos a las predicciones de Nostradamus, cuyo legado clarividente ha sido superado ampliamente por Greta Thunberg, la reencarnación en carne y hueso de Pippi Langstrump. Bastaría con que, además de certificar una vez más la implosión planetaria, alguien pudiera augurar la estabilidad de un Gobierno fiable en España. Mientras tanto, y a la espera nuevamente de que el fin del mundo nos pille debidamente preparados y pertinentemente acompañados, debería prestarse atención a aquella chanza, intuyo que no verificada, que tuvo lugar hace una década y que situaba a Ibiza como el último refugio de la humanidad tras el Juicio Final. Desde The Guardian en 2003, hasta una guía turística editada por unas líneas aéreas austriacas, pasando por la revista del Colegio de Notarios de España o el propio Ayuntamiento de Sant Joan, dieron credibilidad a esta supuesta predicción del astrólogo francés que podría consumarse en un año tan patoso como el año 2020. Y patoso en el sentido más numerológico del término, pues es combinación exacta de 2 y 0.

 

Suma y sigue

Para los amantes del significado oculto de los dígitos, imagino que esta secuencia debe encerrar alguna ecuación sobre el devenir de los tiempos, aunque para coincidencias numéricas basta recordar las que se dieron en el atentado del 11 de septiembre de 2011 en Nueva York. 11. Las dos torres conformaban icónicamente un 11, Nueva York es el undécimo Estado en el país, el primer avión que se estrelló contra las Torres pertenecía a la línea aérea número 11, en la que viajaban además 92 pasajeros (9+2=11), pero es que el vuelo 77 que se estrelló posteriormente llevaba consigo 65 pasajeros (6+5=11). El número de víctimas de todos los aviones siniestrados fue de 254, cuya suma también da 11, aquel fatídico día en el que cambió el mundo que coincide con el día 254 del calendario anual y cuya suma interna, como se puede inferir, también es 11. Por otro lado, para los videntes anglosajones, tanto New York City como Afganistán son ciudades con 11 letras, las mismas que el nombre del presidente George W. Bush. Huelga decir, cambiando el factor de las combinaciones y de los ingredientes, los resultados serían radicalmente diferentes, por lo que la capacidad predictiva de los números, al menos en este caso, no deja de ser un suma ocurrente de conjugaciones con números, primos y no primos.

La bola de cristal

Nostradamus, con toda seguridad, se ha quedado corto y eso que predecía a largo plazo. De seguir su siempre refutable doctrina, 2020 será año bisiesto en el que se declarará un conflicto de gran envergadura en Oriente Medio, en el que habrá finalmente un cambio en el trono de Inglaterra o en el que se producirá la reunificación de las dos Coreas. Además, el físico francés anticipó también la crisis económica y sugirió que se recrudecería en 2020, ahondando las diferencias entre los más ricos y los más pobres del planeta. Y, a ciencia cierta y a predicción hecha, parece que no le va a faltar razón por lo que se refiere a esta crisis constante que padecemos. Predijo también importantes cambios tecnológicos, pero hete aquí que el profeta se ha quedado desfasado porque la realidad le ha superado ampliamente.

La inmensa realidad de 'lo virtual' ha enterrado a la vastísima irrealidad de 'lo natural'. La inteligencia artificial habrá vencido a la inteligencia humana, que menguaba de un tiempo a esta parte. E internet nos habrá devorado definitivamente, sin que podamos comprenderlo ni pretendamos aceptarlo. Con bata de nigromante ibérico y zapatillas de felpa de brasero en mesa camilla, propongo que 2020 sea el año en el que los drones repartan pizzas y otras manducas, poniendo fin a la bicicleta de estraperlo del chico del delivery. Y también vaticino que, en el año internacional de los enfermeros y de los cuidadores, un porcentaje muy elevado de ancianos de algún país oriental comenzará a ser atendido por robots, pero no solamente para brindarle apoyo técnico, sino parar proporcionarle afecto intensivo. Yo, robot, aunque en esta vernácula España de jamón y tortilla de patata, faltarán años para que se imponga el abrazo del robot que es frío como este invierno helador.

También el Ministerio de Fomento de algún país hiperdesarrollado habrá acabado con las huelgas de taxis, pues los vehículos en alquiler con conductor volarán a 300 kilómetros por hora a una altura de más de 600 metros. Pero que sepan que lamentablemente para el gremio de los Uber voladores, también los conductores humanos tienen las horas contadas. La tecnología 4G será una antigualla si se la compara con la tecnología 5G que será 250 veces más rápida, y que facilitará que la interacción con robots, drones o automóviles a distancia sea posible. Por supuesto, se extenderá el reconocimiento facial, ahora que ya no nos reconocemos a nosotros mismos cuando nos miramos al espejo por las mañanas, y, que, por el contrario, permitirá reducir exponencialmente el número de personas desaparecidas en países desarrollados. Y hasta es posible que las visitas a emergencias se reduzcan en muchos países, salvo en España, que nos pirra, aunque no tengamos necesidad, pues habrá plataformas de telemedicina para la atención de pacientes con enfermedades crónicas.

 

Mañana es hoy

Pero mucho más que ya está aquí, porque en Arabia Saudí se inaugurará la torre Jeddah, el edificio más alto del mundo con un kilómetro de longitud; en Dubai se abrirá el parque de atracciones más grande del mundo, con más de 280 millones de metros cuadrados; un tren supersónico unirá Buenos Aires con Córdoba en menos de 45 minutos; o en los Juegos Olímpicos de Tokio, robots humanoides auxiliarán a deportistas y a turistas en la Villa Olímpica, mientras las pruebas de gimnasia artística serán analizadas y valoradas con sensores inteligentes a través de láser y otras tecnologías avanzadas.

Lamentablemente, no será el año en el que se descubra el secreto de la vida eterna aunque, con las dificultades económicas incipientes, la vida se puede hacer eterna en muchas ocasiones. Pero 2020 será el año en el que habrá ya más personas en el mundo con dispositivos móviles que con acceso a agua potable o a energía eléctrica. Los chips ya avanzan irremisiblemente hacia nuestro cerebro y los tatuajes ya no serán leyendas en brazos de jugadores de fútbol, sino surcos cutáneos de control tecnológico. Y, bien, asumo que todo esto pueda ser así y que vaya a ser así. Pero solo pido que no nos supere hasta el punto de que no lo controlemos y pasemos a ser controlados. Que sigamos siendo libres e iguales. Que sigamos leyendo estos artículos y que Nostradamus, por fin, duerma el sueño de los profetas que no acertaron.

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