Gatas en patines: el triunfo del roller derby

El roller derby empieza a generalizarse en nuestro país. Es un deporte que no se parece a ningún otro: es femenino, autogestionado, de comunidad y sus jugadoras salen a la pista con patines, apodos intimidantes y pinturas de guerra.

Las Gatas en uno de sus partidos
Las gatas en uno de sus partidos

Estamos en un partido de exhibición antes de las pruebas de reclutamiento para fichar a nuevas jugadoras. El equipo de Las Gatas se ha dividido en dos grupos enfrentados para jugar. Una de ellas, de apodo Launática, trastabilla sobre sus patines al intentar adelantar al resto de jugadoras para puntuar. Sus protecciones y miembros resuenan contra el suelo tras sufrir una aparatosa caída que haría llorar a Cristiano Ronaldo como a un lactante. Se levanta y sigue patinando. Aquí no ha pasado nada, así es el roller derby. Este deporte sobre patines que parece de contacto, pero es de estrategia, es femenino y se está empezando a poner de moda en España. En este momento, hay 27 equipos repartidos por varias ciudades.

Contacto inteligente

No solo tiene de excepcional que, tanto en Europa como en Estados Unidos donde nació, todos los equipos, ya sean o no importantes, son femeninos, sino que es un deporte autogestionado, en el que hay un equilibrio perfecto (impensable en otros deportes) entre competitividad y colaboración. “Somos como una familia”, cuenta Kathia Rieser, de apodo Lethal Kath. Ella es una de las jugadoras más antiguas de Las Gatas, el equipo madrileño que nació en 2012 y jugó su primer partido en 2013. Hace falta ver unos cuantos partidos para comprender las reglas al detalle, pero básicamente consisten en que una jugadora de cada equipo, la jammer, debe adelantar a todas las demás para puntuar y el resto tratan de bloquearla. “Es un deporte de contacto inteligente. Dentro de ese baile caótico que se da en la pista hay mucha estrategia y mucho control”, cuenta Kath, que fue seleccionada para formar parte del equipo español presente en los mundiales por primera vez el año pasado. Se lesionó y no pudo jugar, pero fue de espectadora a Dallas. “Esto renació en Texas a principios de 2000, aquí se empezó a jugar en Tenerife. En Estados Unidos forma parte de la cultura. Ir allí a verlo fue la mejor decisión de mi vida”.

Pinturas de guerra

La media de edad de Las Gatas supera los 30 años, Jessica tiene 26, pero tiene compañeras de 40. Se ajusta el casco y el protector dental antes de salir a la pista, lleva los ojos perfilados con dos líneas de eyeliner, una negra y otra plateada. Su apodo es Madame Psychosis, poniéndose un nombre que hace referencia al libro La broma infinita quizá trata de amedrentar a sus rivales haciéndoles saber que, si es capaz de digerir las 1.200 páginas de la novela de Foster Wallace, es capaz de todo en esta vida. Entre sus compañeras están Furia poligonera, Adelita terrores o Launática. El maquillaje y los apodos, el componente teatral como de lucha libre mexicana, es la característica diferenciadora más llamativa del roller derby. “Se está perdiendo ir con medias de rejilla, por ejemplo. Cuando empezó era más lúdico, pero va ganando nivel deportivo y la vestimenta ha evolucionado hacia la comodidad. A mí me gustaría que se mantuviese así, que siguiera sin parecerse a ningún deporte”. Jessica no solo se juega las articulaciones en la pista, sino que forma parte del comité de comunicación del equipo. Aquí todo el mundo contribuye con su trabajo. “Vendemos merchandising en partidos y organizamos fiestas y mercadillos para financiarnos. La autogestión es difícil, pero te da libertad para hacer lo que quieras”.

Trabajo en comunidad

En Las Gatas hay 39 miembros, solo cinco a la vez en la pista al mismo tiempo, las mininas son las principiantes que todavía están verdes para jugar. Miriam, alias La justicia, es diseñadora gráfica y una minina de pelo azul eléctrico. En el partido de exhibición se mantiene en el banquillo, pero no se relaja ni un segundo, tiene que estar atenta de las posiciones para avisar a la jammer de cuándo debe parar la jugada. “La primera vez que fui a un partido, quería saltar a la pista allí mismo”, dice.

En los partidos la rivalidad es feroz, pero fuera prima el espíritu de comunidad. “Cuando vienen equipos de fuera incluso se alojan en nuestras casas y cuando viajamos a sus ciudades, nos ofrecen las suyas. El tercer tiempo, o sea, la fiesta de después del partido, se celebra con las rivales”, explica Miriam. Para subir el nivel general, las amantes del roller derby se lo ponen difícil a sí mismas.“Es muy frecuente que cuando vas a otra ciudad de visita te pongas en contacto con el equipo local para entrenar con ellas. Incluso te enseñan jugadas y estrategias e igual tienen un partido contra tu equipo el mes siguiente”. Definitivamente, la de estas mujeres es una manera diferente, refrescante y bella de entender el deporte.

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