La apuesta más arriesgada de Julia Navarro

La escritora superventas cambia de tercio con una novela descarnada, muy actual y de tintes cinematográficos sobre el mundo de la publicidad y la política.

En Nueva york

Acostumbrada a deambular en sus novelas por diferentes momentos históricos ("aunque no escribo novela histórica", precisa siempre), Julia Navarro firma ahora, con Historia de un canalla, su libro más estrictamente contemporáneo. Se desarrolla en el mundo de la publicidad, en los ambientes más sofisticados del Londres y el Nueva York de los últimos 30 años, con alguna escapada a España: es la era de los yuppies, y después la de la burbuja inmobiliaria y la posterior crisis. Su protagonista, el 'canalla' Thomas Spencer, es un publicista y asesor de imagen sin escrúpulos, un manipulador que engaña por igual a la opinión pública, a su familia o a las mujeres en función de sus intereses, sus deseos y sus miedos. Sobre todo uno: el de la soledad a la que no puede escapar ni siquiera un triunfador como él. "Es la novela más psicológica de las que he escrito", reconoce la autora, que después de dos años y medio de trabajo y de casi 900 páginas en las que algunos ven parecidos con El lobo de Wall Street o American Psycho, ha llegado a detestar a su protagonista. "Thomas es un personaje completamente odioso. He querido dejarlo en los huesos, descarnado, sin las falsas virtudes con las que las personas nos adornamos para relacionarnos con el resto del mundo".  

Cubierta

La veterana periodista parlamentaria que es Navarro, autora de La hermandad de la Sábana Santa o La sangre de los inocentes, se ha adentrado en un mundo que conoce bien, como es el de la comunicación y la manipulación política, para realizar este retrato "de la ambición y del poder: un viaje al fondo de la condición humana". Un cambio de registro con el que la escritora superventas asume otro reto: el de conquistar por fin el mercado anglosajón.

¿Por qué esta novela? El protagonista reflexiona constantemente sobre las cosas que ha hecho y cómo habrían sido si hubiese actuado de otra manera, aunque nunca se arrepiente. La idea germinal era esa: quería escribir sobre el hecho de que ninguno tenemos una segunda oportunidad para deshacer el pasado, aunque el tiempo te dé la perspectiva para ver cómo te has equivocado.

El egoísmo, la ambición o la falta de empatía son temas eternos y universales, pero ¿se han acentuado en nuestra época?  Sí, vivimos en una sociedad muy individualista y el individualismo siempre es egoísta. Impera el sálvese quien pueda. Aunque al mismo tiempo, y es curioso, nunca ha habido tanta gente, sobre todo joven, volcada en la ayuda solidaria.  
El protagonista es un tipo despreciable, pero tiene sentimientos, al menos hacia Esther, su amor durante toda la novela. Todos somos fruto de nuestras circunstancias. El protagonista no ha superado el resentimiento con las mujeres que nace de los problemas que tuvo con su madre. La única persona a la que llega a querer –aunque es más bien miedo a la soledad– es a Esther, su mujer. Pero todos mis personajes son muy ambiguos. Esther también paga precios por obtener algo que le hubiera costado más tener. Aún sabiendo que ese matrimonio no es lo que ella desearía, necesita subir un peldaño. No me gustan los héroes y heroínas, los personajes sin matices.

La apuesta más arriesgada de Julia Navarro

En la novela hay otros personajes femeninos que se prostituyen, o se acuestan con sus jefes, para conseguir algo o medrar profesionalmente. El cuerpo femenino, el sexo, son a la vez herramientas de emancipación y de sumisión... A la sociedad le puede escandalizar que las mujeres utilicen su cuerpo para medrar, sin embargo no le escandaliza que los hombres usen otras herramientas como ser unos auténticos pelotas con sus jefes, o llegar a situaciones abyectas de sumisión absoluta. El sexo enciende todas las alarmas. Pero no sé qué me parece peor. En la novela, de todas formas, no hay un juicio moral.

Por sus páginas también aparecen temas ecológicos como el fracking. ¿Tienes una especial sensibilidad? Sí. Me importan. Estamos destrozando la Tierra porque se anteponen los intereses económicos a corto plazo. Siempre que alguna ONG ecologista me pide apoyo, igual que las de defensa de los animales, hago lo posible por ayudar.

¿Por eso eres vegetariana? Sí, por convicción. Desde hace muchos años, unos 30. No quiero comerme a nadie (risas). Pero nunca he ido dando la brasa a la gente. Siempre hay alternativas: no hace falta ir a un restaurante vegetariano para comer ensalada o pasta.

¿Qué lugar ocupa ahora la política en tu vida? Siempre pensé que podría compatibilizar el periodismo con la escritura. Y de hecho lo intenté un tiempo. Pero suponía un quebranto para mi salud. Me levantaba a las cuatro de la mañana para escribir. Tuve suerte porque me fue bien desde el primer libro, pero me costó mucho dejarlo. Pensé que si no estaba en primera línea contando lo que pasaba, me estaba perdiendo algo.

La apuesta más arriesgada de Julia Navarro

¿En tu carrera como periodista política te encontraste con muchos Roy Parker [un político de la novela, corrupto y que no duda en utilizar a su familia en su carrera)? (Risas) ¿Con gente ambiciosa y capaz de todo? Claro que hay. Aunque quizá no con un perfil tan brutal, la gente no se va mostrando como es.  

¿A estas alturas de la vida,votas con ilusión?  (Parece dudar). Sí. Porque viniendo de una sociedad donde no se votaba, votar siempre me produce emoción. Nunca he dejado de hacerlo, aunque luego me enfade.

¿Cómo trabajas, a nivel práctico, en una novela como esta, con tantos personajes y donde la psicología es tan importante? Tengo una libretita, que es un caos. Voy apuntando cosas que se me ocurren. Pero lo primero siempre es qué quiero contar. Y en este caso era: "Si pudiera volver atrás...".

Si tú pudieras volver atrás, ¿cambiarías algo? Muchas cosas. Lo más contable: no sería periodista. Me habría dedicado al ballet. Y habría tenido una vida totalmente distinta, claro. Aún sin saber si me iría bien, lo cambiaría.

Etiquetas: cultura

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