Las Hinds toman Malasaña

Recorremos el barrio más vivo y noctámbulo de Madrid con esta banda de rock

Las Hinds

Son veinteañeras (una de ellas, ni eso), hacen un rock "garajero, lo-fi, cervecil, bailongo y animoso", en palabras de Ade, la bajista, ni son unas virtuosas musicales ni lo pretenden, pero llenan salas de conciertos en Londres, y son las únicas españolas en unos cuantos macrofestivales a lo largo y ancho de este mundo. Son las Hinds. Su música y su amistad a prueba de bomba han nacido y se han fortalecido en las barras de las tascas, las calles estrechas y las plazas soleadas del madrileño barrio de Malasaña. Aquí es donde se sienten a gusto, pero no es fácil encontrarlas en su ecosistema favorito. Han estado seis meses de gira por Estados Unidos, después París, unos días en casa y la semana que viene viajarán a China. Aún pueden pasear con tranquilidad por las calles de Madrid. Aquí su éxito no ha sido tan repentino y abrumador como en Estados Unidos o Inglaterra, donde tienen miles de fans.

Su banda tiene apenas un año de edad, pero ya han tocado en el festival de Glastonbury y en el South by Southwest de Austin (Texas), han estado de gira por Tailandia o Australia y han sido teloneras de The Libertines en París y Bruselas. Todo esto antes de publicar su primer disco que ve la luz en enero. "Todo muy loco" son las tres palabras que más repiten para sintetizar la situación. Ellas son Ana Perrote, Carlotta Cosials, Amber Grimbergen y Ade Martín, y pertenecen a esa tribu de mujeres jóvenes y creativas que campan por el barrio como si fuera su casa, y que están tan cómodas en las sillas de diseño del último restaurante de comida ecológica como en un corrillo de la plaza del 2 de Mayo, con una lata de cerveza en la mano. Entre ellas hay incluso una aborigen auténtica de Malasaña, cosa rara. Es Ade, nacida, educada y criada en el barrio. Vivió la Malasaña más salvaje en la que la plaza de San Ildefonso era "la plaza de los yonquis", y ha crecido en paralelo a la transformación del barrio. "A veces me parece un poco parque temático, pero lo cierto es que las opciones de ocio se han multiplicado. Hace unos años tenía la vida nocturna y conservaba la vida de barrio de día, eso en parte se ha perdido".

Con carácter
Sus compañeras Ana y Carlotta rompen una lanza en favor de la identidad del barrio. Uno de sus locales favoritos es el bar Sidi en la plaza de San Ildefonso, una tasca madrileña sin artificios, alimentos ecológicos, iluminación pensada o platos cuadrados. Un bar de toda la vida que para ellas representa lo auténtico de Malasaña. "Nuestro ultrafavorito", dicen al unísono. "No creemos que el barrio esté perdiendo autenticidad, el Sidi sigue siendo el Sidi, y el Palentino (Pez, 8), el Palentino. Hay muchos sitios que no han cambiado". Dicen que cuanto más viajan, más aprecian el carácter de Malasaña que todavía no ha sucumbido a la uniformización de las cadenas que en otras partes del mundo son omnipresentes. "Cuando traemos gente de fuera, les encanta que esté todo tan cerca y que siga habiendo sitios con sabor. Nosotras estamos por el pequeño establecimiento de barrio. Es importante apoyarlo porque está desapareciendo".

Las hinds

Dia de ruta
"No vivimos físicamente aquí porque no vivimos en ningún lado, pero cuando estamos en Madrid pasamos todas las horas que podemos en el barrio. Todas tenemos ese ‘mal de la tarde’ a eso de las 7, tenemos que salir de casa". Esa es la hora del café en el Naif (San Joaquín, 16). Una de sus tiendas favoritas del barrio es The The Storage (Velarde,1). "Tienen ropa vintage, que puede proceder de un stock de Berlín de los 90. Nos encanta y además un amigo se la acaba de traspasar a otra amiga. Tiene todo lo chulo de las tiendas de segunda mano sin tener que revolver en montones que a veces da mucha pereza y a nosotras nos falta el tiempo", cuenta Carlotta. La cena por el barrio, suele ser en El Restaurante Vegetariano (Marqués de Santa Ana, 34) de la plaza de Juan Pujol. "Cada vez que tenemos reuniones con el booking agent o el sello los llevamos allí religiosamente y luego los traemos a la plaza del 2 de Mayo para que vean lo que es Madrid". Las buenas noches empiezan en el bar Casa Camacho (San Andrés, 4), conocido como 'Los Yayos' por una bebida de fórmula secreta a base de vermut, que les encanta. "¡Aquí tienes otro ejemplo de sitio de toda la vida!", recalcan. Sus noches acaban indefectiblemente en La Vía Láctea, con toda seguridad el bar más mítico del barrio y probablemente de todo Madrid. "Mi madre iba en sus tiempos y se muere de la risa cuando le digo que venimos a La Vía Láctea. Me encanta, aún más cuando me imagino a mi madre ahí", dice Carlotta.

Éxito repentino
Vayan donde vayan, el requisito imprescindible es que la acústica sea apta para hablar como cotorras. Son una piña. Carlotta y Ana son el germen del grupo, que empezó en un viaje a Denia. "Teníamos espacio en la furgo y nos llevamos dos guitarras. Como no había 3G, por puro aburrimiento, nos sacamos una canción de Bob Dylan", cuentan. Se prometieron dar un concierto de versiones y así formaron las Deers (ciervos) que, por un problema de derechos acabó llamándose las Hinds (ciervas). Empezaron a componer en el invierno de 2013 y cuando la cosa se puso seria reclutaron a una de sus fans, Amber, porque salía tocando la batería en su foto de perfil de Facebook. Ade era amiga y tocaba la guitarra, le propusieron el bajo y, como no estaba muy convencida, en una maniobra poco sutil pero efectiva, le regalaron uno por su cumpleaños.  
Acaban de grabar su primer disco en el estudio de Paco Loco en El Puerto de Santa María. Antes de esto ya habían vivido las situaciones más inverosímiles imaginables para un grupo tan joven. "Hemos tocado con muchos ídolos, como los Blacklips o Los Libertines, a quienes teloneamos en París delante de 6.000 personas. ¡Era nuestro concierto número 20!". Un buen día Bobby Gillespie, cantante de Primal Scream, tocó a la puerta de su camerino para conocerlas. No se lo podían creer. Pero la verdadera sacudida fue su actuación en el mastodóntico festival de Glastonbury. "La noche antes la pasamos inmóviles, sin hablar, comiendo techo. Pasamos un estrés de vomitar, no sabíamos con qué compararlo y lo equiparábamos a hacer la selectividad", cuenta Ana.

"No somos virtuosas, lo que hacemos suena a baterías cambiando de tempo y estructura y voces que se comen la una a la otra, todo muy raro pero pegadizo, y a la gente le gusta y lo baila", dice Ade. "Hacemos un poco lo que nos sale de las narices, es más o menos lo que decimos cuando la gente nos pregunta por nuestro estilo". Ade cuenta esto mientras hablamos de su papel de embajadoras para Anaïs Anaïs Premier Delice de Cacharel. Se ha creado una identidad alrededor de la fragancia que apela a las mujeres jóvenes, de carácter romántico, pero creativo e independiente. "Nos sigue gente muy joven e intentamos animar a esas chicas a que emprendan aquello que les gusta, no solo la música, todo lo que sea creativo y las haga crecer", cuenta Ade. Ellas y sus seguidoras representan a la nueva generación que mantiene vivas las calles de Malasaña. Larga vida.  

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