PJ Harvey, la reina rebelde

La artista británica desembarca esta semana en el Primavera Sound con un nuevo disco muy político bajo el brazo y blandiendo el cetro de gran soberana del rock.

PJ Harvey

No deja de ser paradójico que sea una mujer menuda y con alergia a la proyección pública una de las presencias más imponentes que uno se puede encontrar en los escenarios de la música actual. Polly Jean Harvey (Bridport, Reino Unido, 1969) lleva tres décadas cultivando, con o sin proponérselo, una imagen de artista aguerrida y comprometida, y facturando una música áspera y oscura que, como le pasa a su amigo y exnovio Nick Cave, no le ha dado mucha cancha en las radiofórmulas, pero que le ha brindado una legión de fieles seguidores y una posición de respeto en la profesión con la que muchos compañeros no pueden ni soñar. Hasta la mismísima reina se lo ha reconocido designándola Miembro de la Orden del Imperio Británico. Así se explica que Harvey, PJ desde siempre, se haya colocado esta temporada en la cabeza del cartel de los dos festivales más importantes del continente, Primavera Sound y Glastonbury, y que su nuevo álbum, que se publica estos días, sea uno de los más esperados del año.

The Hope Six Demolition Project

En 2011, Harvey publicó Let England Shake, un álbum muy político en el que arremetía contra el conflicto en Afganistán y las guerras en general, que fue saludado como uno de los discos del año. Fue entonces cuando arrancó un nuevo proyecto que debía seguir la misma senda, pero no sin haber visto antes con sus propios ojos una serie de territorios asolados por la violencia y el sufrimiento. En compañía del fotógrafo Seamus Murphy, un reportero curtido en zonas de conflicto, Harvey viajó a Kosovo, a Afganistán y a uno de los barrios más peligrosos de Washington DC. “Cuando estoy componiendo una canción, visualizo toda la escena. (…) Quería oler el ambiente, sentir el suelo y conocer a personas de los países con los que estaba fascinada”, ha dicho de su proceso creativo. De todas aquellas experiencias la artista sacó un libro de poemas y la materia prima de su nuevo álbum, que tampoco grabó de manera convencional. Se trataba de convertir el proceso en una obra de arte en sí misma. Así que convocó a una banda compuesta por fieles colaboradores y liderada por John Parish, compañero de fatigas desde sus inicios como una punk casi adolescente en el Bristol de los 80, y se encerró en una sala con espejos espía (los de las comisarías) construida para la ocasión en Somerset House, un importante centro de arte londinense. Los músicos grababan dentro y el público podía verlos desde fuera, sin que ellos supieran exactamente cuándo eran observados. De aquella instalación o performance artística, que se extendió durante casi un mes a principios de 2015, ha acabado saliendo este The Hope Six Demolition Project. Un álbum a la vez dolorido y combativo, en el que los himnos evidentes conviven con piezas marciales y sonidos extraídos de sus viajes. Un puñetazo en la mesa que ve la luz con puntualidad británica, cuando Europa y un mundo patas arriba se enfrentan a consecuencias tan terribles de la guerra como el drama de los refugiados.

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