Sexo, arte y adicciones, mermorias de una provocadora

La artista Tracey Emin publica 'Strangeland', su autobiografía.

Strangeland

¿Qué intimidades le pueden quedar por contar a una persona que ha exhibido ante miles de personas su cama rodeada de botellas de vodka vacías, condones usados y sábanas sucias? Pues le quedan. La artista Tracey Emin, miembro de ese exclusivo club generacional llamado Young British Artists  en el que también están los Chapman, Sarah Lucas o Damien Hirst, acaba de publicar su biografía: Strangeland (Alpha Decay).

Tracey Emin es célebre por la instalación artística Mi cama, que expone al público una suerte de retrato de las poco saludables costumbres de la artista a través de su cama manchada y de un caos de botellas, ropa sucia y papeles. 

Aunque haya hecho de sus traumas y su vida sexual el tema de sus instalaciones artísticas, el libro revela detalles de su vida por descubrir. Cuenta, por ejemplo, los momentos de calma y sencillez que vivió cuando fue a buscar a su padre a Turquía. También profundiza en los rincones más oscuros: la violación sufrida de adolescente, su aborto, los años de alcoholismo y malos hábitos, el "suicidio emocional" que supuso destruir todas sus pinturas de juventud y empezar de cero. En las luces y en las sombras, es una vida (y una obra) que merece la pena conocer. 

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