Silvia Pérez Cruz, sentido y sensibilidad

Creadora de canciones que destilan belleza y empatía, una de nuestras voces más prestigiosas se aventura como actriz y presenta un nuevo disco... de cine.

Silvia Pérez Cruz

Un caso de locura: solo eso puede explicar que Sílvia Pérez Cruz sea la protagonista de una película. La cantante estrena en mayo Cerca de tu casa, y jamás había interpretado un papel hasta ahora. Tampoco se lo había planteado. Así que el loco, según ella, sería Eduard Cortés, el director que le propuso primero que se encargase de la banda sonora del filme –una especie de musical sobre el doloroso tema de los desahucios– y después que se metiera en la piel de Sonia, la madre treintañera en paro a la que quieren echar de su casa. Cortés le ofreció este papel hace tres años, antes de que la ampurdanesa ganara el Goya a la mejor canción original por un tema de la banda sonora de Blancanieves. "La protagonista tenía que ser cantante, y quería una cantante con personalidad. Acabé entendiendo cómo se justificaba mi presencia, me gustaba el compromiso social que había y la libertad que me daba para abordar la historia desde lenguajes artísticos distintos. Hacer las letras y la música, pero también interpretar, bailar...".

Cerca de tu casa

Esa música se recoge en Domus, a todos los efectos el nuevo –y magnífico– álbum de la artista que en 2012 se metió a público y crítica en el bolsillo con 11 de novembre. El éxito se reeditó dos años después con Granada, concebido con el músico Raül Fernández Miró. Antes, Pérez Cruz ya había transitado por el jazz y se había acercado al flamenco con Las Migas, un grupo formado con compañeras de la Escuela Superior de Música de Barcelona. Con todo ese bagaje transformado en un cóctel de estilos exquisito, en Domus la mayor parte de las canciones se enfrentan a sentimientos universales como la soledad o el fracaso. Pero no faltan los momentos de indignación. El primer corte, No hay tanto pan, hace referencia al "no hay pan para tanto chorizo" que se puede leer en las manifestaciones. Un eslogan de pancarta convertido en canción de aromas lorquianos. Otro se titula Sí se puede. La escena fue uno de los momentos más emotivos del rodaje. "Los extras eran los miembros de la PAH de Girona, y la gente me iba contando sus casos: a mí me desahucian el 6 de mayo, a mí el 20… Se ponían a llorar. Y yo lloraba de verdad mientras interpretaba", recuerda.
Desde hace unos meses, la artista vive con su hija en las montañas cercanas a Barcelona. Desde aquella atalaya, los éxitos tienen una escala relativa para esta mujer empática e hipersensible, que necesita la música de una manera vital, casi fisiológica. "Cantando es cuando mejor me explico. Soy más libre, más sincera –confiesa–. Solo con palabras, me quedo corta".

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