'The Girlfriend Experience': sexo, poder y un MBA en prostitución de lujo

La nueva serie de Steven Soderbergh convierte a una brillante abogada en ciernes en una exclusiva scort.

The Girlfriend Experience

En The Girlfriend Experience, la nueva serie producida por Steven Soderbergh y basada en la película dirigida por él mismo en 2009, una joven guapa y con una brillante carrera como abogada por delante decide convertirse en una prostituta de alto standing. O mejor dicho, en una pareja por horas, brindando a sus clientes esa "experiencia de novia" del título. Porque, además del cuerpo y de los servicios sexuales, es fundamental que las scorts como ella ofrezcan inteligencia, conversación y sobre todo una paciente capacidad de escuchar a sus clientes, a veces la parte más dura (o la que más desgasta, a nivel emocional) de su trabajo. Soderbergh ha dejado claro que lo que pretendía con esta historia era presentar a una chica con el mejor de los futuros a su alcance que elije vender su cuerpo en total libertad, sin coherciones y sin verse abocada a ello por una situación de necesidad o un origen complicado.

The Girlfriend Experience

Así, en el primer episodio de la serie, que emite Movistar, vemos cómo Christine Reade (interpretada por Riley Keough) es una joven que empeña muchas horas del día en estudiar su carrera de derecho en Chicago, fría en sus relaciones pero capaz de llegar a un bar y decirle a un tipo, sin mediar otra palabra, que se quiere acostar con él. En su carrera profesional, que da sus primeros pasos cuando entra como becaria en un importante despacho de abogados, es tan asertiva como en el sexo. En todo momento sabe que va a ser capaz de superar los retos que se le presentan, porque tiene muy claras las metas que quiere alcanzar. Así que su inmersión, a través de una amiga que ya lo hace, en el negocio del sexo, se convierte en una carrera en paralelo a la otra, bajo unas premisas parecidas: parte de un impulso de deseo o de morbo, de una ambición innata, de la necesidad de demostrarse a sí misma que es capaz de hacerlo y, con ello, triunfar. Porque al final el objetivo es el mismo que el de su otro yo: el poder y el dinero en forma de suites en hoteles, de botellas de vino de 800 dólares o de hombres de la élite que sucumben a su deseo por ella.

The Girlfriend Experience

¿Hay sexo? Sí, lo hay. La cosa no es pacata, como en otras latitudes televisivas: aquí hay cuerpos desnudos y escenas no explícitas pero sí bastante evidentes. Riley Keough ha declarado que cuando ve la serie con su familia prefiere pasar rápido las partes de sexo. Claro que, cuando dice familia, hay que tener en cuenta que Keough es nieta de Elvis Presley e hija de Lisa Marie, y que ha tenido padrastros tan únicos como Michael Jackson y Nicholas Cage (¿cómo sería una comida de domingo con alguno de los dos?). No es la más modélica de las familias, pero normal que no te apetezca que te vean desnuda y gimiendo por las esquinas. De perfilar y dirigir los episodios de la serie se han encargado Amy Seimetz y Lodge Kerrigan, cineastas apreciados en el entorno indie y con experiencia en series como The Killing o Family Tree. Ambos le han dado a The Girlfriend Experience un tono tan frío como su protagonista, con una fotografía en la que escasea el color y la banda sonora a base de electrónica gélida. Una ambientación que recuerda a la de House of Cards. Soderbergh, que nos ha tenido enganchados a la tele en los últimos años con The Knick, parece que simplemente mueve las cuerdas desde un segundo plano. Llaman la atención los 30 minutos que dura cada capítulo, algo habitual en las comedias, pero que se estila menos en dramas como este. Tampoco es un problema: los compulsivos pueden hacer binge-watching cuando quieran, porque la serie está disponible entera desde su estreno. Y que el ritmo no pare. 

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