Viajar en tren: normas de cortesía

Si viajan en tren, en Ave, por ejemplo, pero también en metro, tengan en cuenta estos consejos elegantes para conseguir así, literalmente, un mundo mejor.

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Asesinato en el Orient Express (1974)

1. Ceder y esperar

Cedan el paso sistemáticamente, abolsuta y sistemáticamente. La principal diferencia entre los elegantes y el resto es que los elegantes ceden el paso.

Así mismo, tengan paciencia y esperen. Si están en el pasillo y una persona está colocando su equipaje o se ha perdido y no encuentra su sitio o… Ustedes esperen a una distancia prudencial. Es fundamenal dejar distancia, que corra el aire. No hace falta que les echen su aliento sobre la nuca de nadie. No en el pasillo del Ave, no sin el consentimiento del propietario o propietaria de la nuca.

¡Y no arrollen, carai, no arrollen! Si tiene prisa, que no se le note. No hay nada más deselegante que los que van con prisa.

2. Ruidos y ruiditos

No españoleen y moderen el tono. Una de las cosas de las que más orgullosos estamos es del tono (según nosotros mismos jocoso y alegre y sobre todo altísimo) que tenemos. Pues no hay nada de lo que enorgullcerse, pero nada de nada. El resto de mundo está pasmado con lo mucho que gritamos.

En los trenes, mire usted que bien, se habla flojo (lo ideal seria que cerráramos el pico y reflexionáramos sobre el pasar de la vida o cosas por el estilo). 

Por supuesto no se habla por móvil y el móvil se silencia.

No coman chicle como si no hubiera un mañana.

Si llevan cascos les recordamos que es para que los demás no oigan la música o lo que sean que estén escuchando. Eviten poner el sonido de su aparato a tope. Es irritante.

Si su mujer o marido le ha dicho que ronca, es que ronca (¿por qué nadie se cree que ronca cuando se lo dicen? ¿Qué beneficio podría obtener la persona que te dice “roncas” si no fuera verdad, para qué mentir justo en este particular?)… por lo tanto abstengase de dormir i evítenos una sonata.

3. Las tertúlias y los ejecutivos repipis

Hay grupos de personas (normalmente colegas de trabajo) que sobre todo cuando regresan a sus casa después de un duro día de trabajo y congresos (y todo ese tipo de mierdas que hacen los ejecutivos, que por cierto se creen qe hacen mucho pero no hacen nada, ya te lo digo), montan unas tertúlias a grito pelado en los vagones que deberían estar prohíbidas por la ONU o similar. ¿Ustedes creen realmente que nos interesa todo lo que están diciendo? ¿Ustedes creen que esto es un chiringuito infecto de playa?

Además todos estos ejecutivos gritones van pedos. Llegan al AVE pedos de comer (sobre todo si regresan de Madrid a Barcelona) y siguen bebiendo en el tren (un gin tónic, un vinito, pa l’ante). Los decibelios y su imbecilidad se incrementan proporcionalmente, nunca pasa al revés, que la cosa se transforme en silencio y reflexión inteligente, nunca, la cosa siempre va a peor.

Luego están los ejecutivos repipis que despliegan tabletas y ordenadores y se ponen a trabajar tecleando el ordenador como si fueran cajoneros de flamenco. 

Por no hablar de los que llaman a su secretaria cada tres minutos para darle órdenes, órdenes que todo el mundo en ese vagón conocerá al dedillo porque estos tiburones de las finanzas creen que están sólos en el mundo.

Mi más sincero homenaje a las secretarias y los secretarios de esta panda de ejecutivos que espero que cobren lo que realmente merecen que, desde mi humilde punto de vista, debería ser mucho.

4. Mirar a las auxiliares del tren a los ojos

Parece sencillo, pero no lo debe ser. Cuando una azafata o azafato les digan si quieren o no quieren auriculares, mírenles a la cara y contesten lo que les convenga (si o no). Hay que mirar y sonreir a las personas que nos están proporcionarndo un servicio: camareos, personas en una caja de supermercado o de cafetería, azafatas… Miren ustedes y sonrían de corazón. No hacerlo es de señor feudal. ¿Són ustedes señores feudales, no verdad? Pues miren y sonrían.

(Es el mismo caso de cuando un camareo se acerca a una mesa para pedir la comanda y la gente sigue hablando y hablando)

Los habrá que digan que es que son tímidos. Pues mira, a partir de los 25 años la timidez ya se puede considerar mala educación.

Por cierto, cuando les pregunten si quieren auriculares o algo de bar o yo qué se que les puedan llegar a preguntar, no contesten con un pseudo gruñido gutural, contesten con palabras y en tono cristalino.

5. Recuerde que lo que tiene a su alrededor son humanos

Que por cierto, como usted, porque que sepamos usted no es una deïdad ni un superhéroe.

Por lo tanto, cuando lleguen, saluden a su fortuito compañero de butaca, no hagan como si a su lado no hubiera nada. Al irse, lo mismo, despidanse, con un “hasta luego, que vaya bien”.

No hace falta que hagan como que están tan cansados que no pueden ni decir “hola que tal”. Ya sabemos que usted trabaja mucho. Ya lo sabemos, pero eso no le impide ser un poco educado.

Hay que gente que no saluda a los desconocidos porque están convencidos de que si dince “hola, buenas tardes” el otro les encajará la historia de su vida. Pues mire, tienen ustedes muy pocas posibilidades de que eso pase, nadie les va a contar nada de nada por el simple hecho de que usted haya saludado. No tema, no hay tanto loco suelto, ni tanto pelma suelto como usted se cree y además, no tiene usted una cara tan interesante como para que la gente se vea animada a hablarle de su intimidad. No se preocupe, diga “buenas tardes” y ya verá como la cosa no irá más allá.

Es insoportable esta gente que mira a los demás con una cara de extrañeza y asco, como si fuera la primera vez que ven a un humano. 

Si cree que ha llegado a su sitio y alguien, por error y despiste, lo está ocupando, no hace falta que ponga cara de perro “oiga que este es mi sitio” marcando terreno, modere el tono básicamente porque no passa realmente nada, a usted nadie le ha quitado nada y además el buen tono es una inversión de futuro, creanme, por qué ¿y si el que se está equivocando de sitio es usted?

Si le ha tocado pasillo y la persona que ocupa el asiento de ventana necesita salir (al baño, al bar, a la plataforma) cédale el paso amablemente y no ponga cara de extrañeza.

Ya les digo, delante de un congénere, cara de extrañeza y estupor: no.

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