Visto en el Marie Claire México: "Hacia la meta"

Poco a poco, Arabia Saudit ha dado pasos cruciales para garantizar la igualdad de género

Hacia la meta

Una reforma reciente para introducir clases de educación física femenina en las escuelas de gobierno saudíes se encontró con el obstáculo que han tenido que enfrentar la mayoría de los esfuerzos por dar a las mujeres los mismos derechos que los hombres: grupos fundamentalistas protestaron en Riad, la capital del país, contra las medidas de “occidentalización” que podrían dar lugar al adulterio y la prostitución, pecados que no pueden ocurrir en la tierra del profeta Mahoma. Sin embargo, los deportes pronto se han convertido en un hecho para las mujeres del reino. En 2012, dos de ellas participaron en las Olimpiadas por primera vez contra todos los pronósticos y, desde el año 2014, las autoridades han proporcionado licencias para abrir centros deportivos privados para mujeres. Incluso en las calles las niñas ya pueden ser vistas pateando balones de futbol con sus hermanos, mientras sus abayas negras se abren paso entre las nubes de polvo. A ritmo lento, pero seguro, la corriente en Arabia Saudí parece tornarse a favor de la mujer. Cuando el rey Abdalá tomó el poder hace casi una década, la figura femenina comenzó a tener un rol mucho mayor en la vida pública. En 2009, Norah al-Faiz fue nombrada como cabeza del ministerio de educación, el puesto más alto que ha conseguido una mujer en aquel régimen; mientras que un par de años después, 30 funcionarias formaron parte del Consejo Shura, un cuerpo consular de 150 miembros elegidos por el monarca. Por si fuera poco, ahora se ha permitido el voto femeninoen las elecciones municipales. En los últimos meses también se han registrado grandes sucesos que colocan a la mujer en una posición completamente distinta: Somayya Jabarti se convirtió en la primera editora del periódico The Saudi Gazette, fue abierta una firma legal dirigida por mujeres y ya no es sorpresa encontrar a una joven árabe operando cajeros automáticos, usando taxis o comprando en tiendas que van desde IKEA hasta boutiques de lencería. También han levantado la voz en pro de distintas causas: la princesa Reema bint Bandar al-Saud, bisnieta del rey, lideró un equipo de mujeres para acampar en el Monte Everest a beneficio de su fundación contra el cáncer de mama; la novela más aclamada en los últimos años, Girls of Riyadh, fue escrita por una mujer, al igual que el primer largometraje hecho en el país, Wadjda (2012), sobre una niña que sueña con poseer una bicicleta para competir contra su vecino. Donde la mayor parte de la población femenina de la nación parece estar de acuerdo es en que su meta no radica en copiar a las mujeres occidentales. A pesar de las fuertes influencias de la globalización, ellas tienden a ver su identidad inexorablemente ligada a su país de origen, como cuna del Islam. Muchas optan por obedecer al Corán en cuanto a la descripción de su rol, vistiendo modestamente y pidiendo permiso a sus maridos para viajar; aunque los designios del libro sagrado sobre la mujer, al menos en Arabia Saudí, siguen en espera de una reinterpretación apropiada. Mientras eso sucede el cambio continuará, pero sólo gradualmente

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