Visto en Marie Claire México: "Mujeres sobre ruedas", según Leticia Pérez Castellanos

Crear tus propias reglas es el sueño; hacerlo tú misma, el método; patinar y conquistar las calles, el objetivo. Éstas son las patinetas mexicanas en acción

Mujeres sobre ruedas

A sus 22 años, Delia Albarrán trabaja en una constructora. Se graduó con honores en la carrera de arquitectura. Se viste formalmente para acudir a la oficina, pero al salir se transforma. Guarda sus zapatos altos, calza unos tenis, se pinta la boca y se monta en su patineta. Desde hace más de tres años ésta ha sido su mejor guía para conocer cualquier urbe, como lo hizo en Barcelona y, hoy, en la Ciudad de México. Ella, igual que la comunidad que poco a poco ha integrado en distintas pistas de patinaje, sabe que más que un deporte, el skate es un manifiesto. Una apuesta y un reto personal que te juegas en compañía. Aquí no hay competencia, hay comunidad. La entrada en escena de las mujeres al mundo de las patinetas ha sido tan natural como la toma de los surferos, en tablas sobre ruedas, de las calles. Domar curvas, sentir el viento y la adrenalina sobre las olas o en el asfalto no es “de vagos”, como también lo han comprobado Alicia, Laura, Tania y las dos Fridas, quienes son la “antítesis” de esa imagen, que durante décadas ha permeado a la cultura del skate. Aquella mirada conservadora y prejuiciosa de la vida “callejera” de los patinetos tatuados que pierden el tiempo dando vueltas en los bowls, que se caen y se levantan al ritmo de punk –en los ochenta-, de hiphop –en los noventa- y de eclécticos playlists en el siglo XXI, ya no tiene cabida. Esos chicos y chicas con atuendos holgados y gorras hoy son estrellas patrocinadas por marcas de ropa, tenis y tablas, que buscan perpetuar una tradición que saltara del mar al asfalto por allá de la década de los cincuenta. A pesar de las redes sociales y de la difusión de las peripecias de ellos y ellas alrededor del mundo, los patinetos y patinetas siguen perteneciendo a una tribu urbana, que si bien décadas anteriores eran unidos más por un código postal, hoy las diferencias de edades, clases y género se han diluido: lo único que importa es la pasión por la tabla que amarra lazos de compañerismo y, sí, también empresariales, como el proyecto de Alicia Rodríguez, Laura Gazeau y Tania Avilés, quienes a sus, en ciernes, 20 ven en el patinaje una puerta a la libertad, y no sólo la emocional, sino la económica a través del desarrollo de dos proyectos sobre ruedas: Esquites Run-Run y la marca Patina como Niña. Esta actitud emprendedora no es la excepción en el ámbito skato, sino la constante, al igual que la práctica: lograr cualquier suerte requiere dedicación, ensayo y fuerza mental. Si algo saben los que se han subido a una tabla es que, como dijera en una entrevista para sin embargo. com. Jake Phelps, director de la revista Trasher: “La patineta es una maldición, una cicatriz”. El gran reto es intentarlo una y otra vez. Tenacidad es uno de los requisitos para ser patineto, como lo fue la californiana Linda Benson, a quien se considera la primera mujer que surfeó en el asfalto, allá por los años cincuenta. Probablemente no era la única, pero seguramente fue la que más llamó la atención, quizá por su estilo o por su belleza, o tal vez sólo por haber tenido las agallas de subirse en una patineta como el resto de los chicos, estableciendo una equidad y, de paso, llevando un poco de glamour a esta forma de hacer urbanismo sobre ruedas. Aquella atrevida y ágil chica impuso una nueva vertiente que hasta hoy se ha convertido en una forma de vida. Desde entonces, las calles y las pistas de todo el mundo se han llenado de chicas que, orgullosas de su condición femenina, adoptan y crean variantes al skate, no sólo en los trucos, sino en moda, música y en la gestación de una cultura que se habla de tú con las urbes.

 

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