Carmen Montón: "Creo que los niños no se pueden comprar ni vender a través de un contrato"

Es una de las once ministras del gabinete presidencial más feminista hasta ahora. Ferviente defensora de los derechos de las mujeres y de los niños, ha conseguido convertirse en todo un ejemplo: "Las mujeres no somos guardarropas, se nos tiene que evaluar por lo que hacemos".

Carmen Montón

Carmen Montón y su equipo están todavía adaptándose a su nuevo lugar de trabajo: el imponente Ministerio de Sanidad, la antigua Casa Sindical construida a finales de los años 40 enfrente del Museo del Prado. Con la historia franquista que tiene este edificio, es paradójico ver en su luminoso despacho a la que muchos consideran la ministra más roja del gobierno de Pedro Sánchez. Esta valenciana de 42 años es también la más joven del gabinete, aunque lleva muchos años en primera línea política. Todavía sale sin escolta a la calle, y los días que tiene tiempo come en la cafetería ante la sorpresa de los funcionarios.

Lleva un mes frenético preparando la devolución de la tarjeta sanitaria a los inmigrantes sin papeles o negociando con Hacienda cómo retirarles el copago farmacéutico a los pensionistas, medidas que ya tomó como consejera de Sanidad en Valencia. Es una de las once mujeres del gobierno más feminista de la historia y Montón predica con el ejemplo: fue de las primeras mujeres en España que le puso a su hija de 7 años su apellido por delante del de su padre.

 

Gemma Nierga: Ministra, ¿cómo le ha cambiado la vida en el último mes?

Carmen Montón: Bueno, lo importante es que vamos a intentar cambiar la vida de los españoles y las españolas. Mi cambio de vida es cambio de ciudad, cambio de horarios, cambio un poco de todo.

G.N.: Usted estaba trabajando en el despacho de la Consellería en Valencia un miércoles y el viernes ya estaba aquí.

C.M.: Pues sí, la verdad es que ha sido tan repentino que no te da tiempo ni siquiera a reflexionar. Sigues trabajando con otros objetivos más amplios, pero sí, ha sido todo rápido, da un poco de vértigo y quizá eso le da más emoción. Tienes que asimilarlo todo mucho más velozmente. Y yo creo que merece la pena.

Rodolfo Irago: ¿Cómo le proponen a usted ser ministra?

C.M.: Fue el presidente del gobierno quien me llamó y, muy asertivo, me dijo: "Quiero que estés con nosotros en el gobierno". Y cuando alguien te plantea en esos términos formar parte de un equipo, tienes que decir que sí.

G.N.: Y cuando cuelga el teléfono, Carmen Montón, ¿a quién llama para decirle me voy de Ministra a Madrid?

C.M.: Pues tienes que llamar a la familia porque en el cambio de vida implicas a todo tu entorno, a tu marido, a tu hija. Y luego por la noche explicarle a la niña que mamá va a ir a trabajar a Madrid.

G.N.: Esa hija que, al parecer, está muy emocionada porque se llama igual que usted, Carmen Montón, y ve su nombre en las noticias.

C.M.: Sí. Y dice: "mamá, a veces sale mi nombre en el periódico". Y le digo: "mmm, bueno, a veces eres tú, a veces soy yo…". Lo llevamos a la mitad.

G.N.: Su hija lleva como primer apellido el suyo…

C.M.: Sí, para nosotros era importante; somos feministas y el apellido de las mujeres también importa.

G.N.: ¿Su marido también es feminista?

C.M.: Sí, claro. Yo creo que esa es la virtud, que haya cada vez más hombres que sean feministas y que no tengan ese complejo mal entendido. Ser feminista al fin y al cabo es trabajar por la igualdad y querer que todos los seres humanos, independientemente del sexo, tengamos las mismas oportunidades. Mi hija es una niña y mi marido quiere lo mejor también para ella.

R.I.: Este gobierno es el que más mujeres tiene de la historia en España y, ahora mismo, en el mundo. ¿Cómo se nota a la hora de gobernar, de tomar las decisiones?

C.M.: Pues como somos más, tomamos más decisiones las mujeres. Yo lo vivo con mucha alegría. He estado en tantas reuniones en las que era la única mujer y además la persona más joven… Eso te hace jugar en inferioridad de condiciones. Ahora es todo más horizontal.

G.N.: ¿Somos distintas a la hora de tomar decisiones?

C.M.: ¿Distintas? No sé si es tanto por la diferencia entre hombre o mujer o porque te consideres feminista y quieras hacer las cosas de otra manera. Lo que está claro es que hay un rasgo de identidad que tenemos común en este gobierno, y es la búsqueda del diálogo e intentar negociar, buscar soluciones conjuntas. Si eso es atribuible a que somos más mujeres, o atribuible a que somos feministas, o a que somos socialdemócratas… Cada uno que le dé la parte que considere, pero creo que el diálogo es la nueva forma de hacer política.

Carmen Montón

G.N.: Lo del diálogo ¿es atribuible también a que son minoría?

C.M.: Bueno, también, también.

R.I.: La recuperación de la sanidad universal, la devolución de la tarjeta sanitaria a la gente en situación irregular ha sido su primera decisión. La medida ha sido muy bien acogida pero aún hay gente que cree que se van a colapsar los centros de salud, ¿qué les puede decir la ministra de Sanidad?

C.M.: Que es todo lo contrario, porque hasta ahora las personas en situación irregular tenían acceso al sistema sanitario, pero por la puerta de urgencias. Y esto sí que colapsa, es más gravoso y peor para la salud porque se llega en una situación más grave. Lo que estamos haciendo es volver al origen, que es la atención primaria, a que tu médico de cabecera pueda supervisar, pueda estar sobre la salud de las personas que están en situación vulnerable. Es bueno para la salud individual de esa persona, pero es bueno también para la salud colectiva.

R.I.: La siguiente medida que está sobre la mesa es el copago farmacéutico. Esto afecta a mucha gente, como los pensionistas que han tenido que pagar por las medicinas en los últimos años… Pero esto tiene un coste y supone una negociación con las Comunidades Autónomas, ¿se va a poder hacer a corto plazo?

C.M.: Es un recorrido largo, pero es posible. Además, no se nos olvida que entre los pensionistas hay un grupo de población vulnerable que tiene una renta muy baja, en el que el copago empeora y pone en riesgo la salud, y es al final lo que también hay que tener en cuenta.

G.N.: Usted es partidaria de financiar los tratamientos de fertilidad para mujeres solas o lesbianas, pero se muestra muy contraria a la gestación subrogada, ¿por qué?

C.M.: Porque si soy defensora de algo, es de los derechos de los niños. Y creo que estos no se pueden comprar ni vender a través de un contrato. Hay que agilizar los procesos de adopción, que son muy garantistas pero muy lentos y muy farragosos, y ya hay niños nacidos que están en instituciones y que tienen derecho a tener una familia, una protección.

G.N.: ¿Qué le dice a una pareja gay que tenga ese deseo reproductivo?

C.M.: Yo también he tenido el deseo de ser madre y lo comprendo.

G.N.: Usted ha podido ser madre, pero una mujer que lo desee y no pueda…

C.M.: A veces puedes y a veces no puedes. Es complejo, mi historia personal también tiene varios hitos.

G.N.: ¿Por qué?

C.M.: Bueno, esto ya te lo cuento en el café… Yo, por suerte, he podido ser una vez madre, y hay que facilitar esa situación a través de la adopción, y a las mujeres lesbianas, que ahora se les niega en la pública, abriéndoles también el sistema sanitario, porque creo que es una discriminación muy burda que por tu orientación sexual te quedes excluida del sistema sanitario para optar a una reproducción asistida.

Carmen Montón

G.N.: Veo que sabe de lo que habla. ¿A usted le costó ser madre?

C.M.: A mí me ha pasado lo que le ha pasado a muchas españolas, que cuando tu cuerpo te lo permite, no te lo permite tu trayectoria profesional, y cuando ya das el zapatazo y dices ¡hasta aquí!, ¡ahora!, pues tienes más dificultades porque ya tienes 35, 40 años. Bueno, porque vamos contracorriente. Por eso yo creo que es tan importante que cuando hablamos de maternidad, hablemos de condiciones laborales, hablemos de corresponsabilidad, hablemos de permisos de paternidad iguales, intransferibles y obligatorios.

R.I.: Le quería plantear otro asunto que usted ha puesto sobre la mesa: la homeopatía, porque mucha gente cree en los beneficios de estos productos, pero usted es partidaria de que esto quede fuera de las farmacias, de regularlo más, ¿no?

C.M.: En principio soy partidaria de ofrecer información veraz, objetiva y rigurosa a la población. Muchas personas, de manera errónea, creen que esto sirve para algo. La homeopatía no ha demostrado evidencia científica a lo largo de los siglos y por tanto, no cura. Y comprar algo que no cura no solo te produce un perjuicio económico, sino que, fruto de la confusión, te puede producir un perjuicio para la salud.

R.I.: ¿Deben desaparecer de las farmacias los productos homeopáticos?

C.M.: La ley del medicamento lo califica como medicamento y, por tanto, para que salgan de las farmacias hay que cambiar la ley, y la ley la escribe el Parlamento. Así que, también tendremos que hablar con los grupos parlamentarios para conocer su opinión.

G.N.: La suya, ¿cuál es? ¿Le gustaría cambiar la ley?

C.M.: A mí lo que me gustaría es que la ciudadanía no se confundiera y que no tuviéramos casos como en la Comunidad Valenciana, donde durante mi mandato hubo dos o tres, de fallecimientos incluso, por acudir a un tratamiento que no es tal, que no cura.

G.N.: A los pocos días de llegar al gobierno ya comprobamos cómo siguen existiendo tics machistas en nuestra sociedad. Me refiero a un artículo en prensa que analizaba el guardarropa de las ministras, no de los ministros. ¿Lo leyó?

C.M.: No lo he leído; me lo comentaron, pero en todo caso yo creo que eso es de otra época. Analizar guardarropas yo creo que está fuera de lugar. Ojalá lleguemos al momento en el que a las mujeres se nos empiece a evaluar por lo que decimos y por lo que hacemos. Somos lo que hacemos. Ojalá se nos empiece a ver como un ser humano y no como un guardarropa.

G.N.: ¿Cree que la ropa es también un tipo de lenguaje? ¿Qué importancia le da?

C.M.: Creo que el aspecto físico tiene más que ver con los hábitos de higiene personal que con las marcas o la moda que lleves. Hay que ir cómoda, que la ropa no te impida hacer tu labor de jornadas maratonianas. E ir cómoda es a veces también sentirte guapa, sentirte con energía y ponerte un color que te da buen rollo. Pero bueno, es algo muy personal, una manifestación del estado de humor.

G.N.: En la fotografía del primer Consejo de Ministros dominaba el color rojo. ¿Se pusieron de acuerdo?

C.M.: No, pero yo creo que es el Pantone del Gobierno. El color rojo del Gobierno socialista. El rojo es un color de energía y también empezábamos, así que quizá el subconsciente te hace ese día ponerte de rojo.

G.N.: Además de ministra y de política en primera línea, Carmen Montón es más cosas: por ejemplo, médico. Por cierto, ¿dice médico o médica?

C.M.: Yo digo médica. Tengo una anécdota con mi sobrina. Cuando tenía cinco años, me dijo: "¿qué estudias?" Médico. Y me dice: "¿médico? Si eso es chico". Entonces, claro, cuando te miran con esos ojos, con la sencillez de una niña de cinco años que tenía razón... ¿por qué tengo que invisibilizar que soy mujer?

G.N.: Es madre de una hija de siete años a la que le dio una bienvenida civil, un bautizo civil. ¿Cree que son importantes este tipo de ceremonias?

C.M.: Es que en casa somos muy familiares, muy de grupo, muy de querernos mucho, de vacaciones juntos, de cenas de Nochebuena multitudinarias. Y sentíamos la necesidad de celebrar la primera nieta que llegó a la familia. Nos pareció una buena idea hacer esta ceremonia civil y juntar en el Ayuntamiento a toda la familia para darle la bienvenida a Carmen, que había sido una niña tan deseada. Imagínate. No solamente tenía abuelos, también bisabuelos. Fue muy bonito.

G.N.: Carmen 4. La llaman así porque es ya la cuarta Carmen de la saga.

C.M.: Sí. Es una broma, una anécdota de mis hermanas, que dijeron: "os vamos a numerar porque ya sois muchas". Nos llamaban y no sabíamos cuál contestar.

R.I.: Su hija también tuvo influencia en el voto telemático en España, ¿no? Tuvo que aprobarse, entre otros
casos, por el suyo.

C.M.: Yo creo que ella votó de alguna manera, porque estaba en la tripa cuando lo defendíamos. Nos parecía que no era normal que ante ciertas situaciones fuera forzoso estar allí presencialmente. No solamente en los casos de embarazo, también hemos vivido casos de enfermedades oncológicas importantes, y eso es un verdadero suplicio. Y creo que en una sociedad tan moderna, tan avanzada que se puede establecer un voto telemático, pues había que cambiar el reglamento. Si que es verdad que nos costó tanto, tanto que muchas ya fuimos madres.

Carmen Montón

G.N.: Usted era diputada en el Congreso. ¿Pudo darle de mamar?

C.M.: Hasta los seis o siete meses estuve dando de mamar. A los 19 días ya estaba incorporada, porque los diputados no tienen permiso de maternidad ni de paternidad. En esos momentos te das cuenta de lo que haces por amor, como ir con un sacaleches en el bolso durante siete meses.

G.N.: Cuando vaciaron su despacho de Valencia, se repartieron varios dibujos suyos, ¿sigue dibujando?

C.M.: Sí, sí. Bueno, te entretienes, liberas tensión y a lo mejor, pues le das vueltas a la cabeza mientras estás haciendo cosas de colorines, que eso siempre está bien.

R.I.: Pero cuantos más disgustos, más dibujos.

C.M.: No necesariamente va con los disgustos, pero si tienes alguna inquietud, la sacas fuera con colores. Hay gente que canta, otros que bailan, otros que dan portazos, otros golpes sobre la mesa yo dibujo y me parece una manera más amable y entretenida de pensar y de hacer. Y buena parte del equipo se ha sumado y también dibuja.

R.I.: Hay otro detalle personal que es el de llevar una melena más corta, por una decisión que me gustaría que nos contara. ¿Desde cuándo y por qué?

C.M.: Bueno, yo siempre o casi siempre he llevado el pelo largo, pero llega un momento en el que piensas que lo puedes donar para que otra persona le dé un valor simbólico al pelo, alguien que esté siguiendo un tratamiento oncológico, pueda tener una peluca. Así que lo corté y estoy contenta de haberlo hecho. Y cuando me vuelva a crecer, lo volveré a hacer.

G.N.: ¿Cuál sería el eslogan de su vida?

C.M.: Lo que hacemos explica lo que somos. No tanto lo que dices o cómo lo expresas, que puedes tener más o menos facilidad o emotividad para trasladarlo, sino que al final tienes que hacer aquello que piensas y lo que haces realmente explica cómo eres como ser humano, como política, como madre, como amiga. Así que eso es lo que intento, hacer las cosas lo mejor posible y ponerme en la piel del otro. ¿Qué necesita? Porque normalmente no se escucha mucho y nadie se para a pensar qué necesita el de enfrente. Cuando yo me he encontrado a alguien en mi vida que ha hecho ese ejercicio, esos minutos de reflexión pensando cómo te encuentras y qué necesitas, se agradece. Y ese es un aprendizaje que hice y que intento poner en práctica.

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